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Edición Nº 1684 |
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Un adiós a Emilio Adolfo
Escribe ESTE viaje inacabable que Emilio Adolfo Westphalen ha emprendido hacia `ínsulas extrañas' permite, por singular paradoja, que por fin nos pertenezca en su totalidad, vivo, real, luminoso, empecinadamente nuestro. No escribo estas líneas como profesor ni como filósofo, ni siquiera como antiguo amigo de Emilio Adolfo. Siento que debo escribirlas como homo humanus, tocado por la gracia de su palabra poética, enaltecido por esa demorada cordialidad que supo prodigar a quienes fuimos sus amigos, agradecido por habernos confirmado que el hombre era un creador nato de lenguaje y que el poeta era, como alguna vez él mismo alcanzó a vaticinarlo, "súbdito orgulloso" de la imaginación. ¿Qué le debemos a este hombre talentoso, hecho de silencios
elocuentes y cuya honda inquietud estética fue para muchos de nosotros
estela segura de buen gusto, brújula del buen decir, campana de
alerta contra la improvisación y la mentira, y que nos enseñó,
con la actitud y la palabra, a meditar sobre la responsabilidad del intelectual
en países como el nuestro? Ahora podemos confesar que lo que respetamos
en Westphalen, lo que en estos momentos de incredulidad y asombro lo convierte
en prototipo de humanista, es esa buena disposición que mostró
siempre para tolerar y respetar creencias, esa franca inclinación
espontánea para acoger cuanto hubiera de válido en las otras
culturas. ¡Cómo aprendimos de Emilio Adolfo a ser humanos,
hombres de inteligencia y espíritu y corazón alertas! En
las revistas que creó y dirigió aprendimos que el arte no
era una mera distracción, "sino vida más plena, no embeleco
para ocultar al hombre sino único instrumento para que el hombre
llegue a serlo".
Por supuesto que su obra es breve, y eso puede resultar escandaloso
para los aficionados al número y a las formas abigarradas. Y es
verdad que sus silencios han ocupado más espacio que lo aparentemente
trabajado, y eso puede desconcertar a los devotos de clarines y tambores
y trompetas. Es que el poeta necesita ambiente propicio para que pueda
la pespicuitas escuchar las voces interiores, que son las que convocan
y conmueven. El silencio hacia fuera permite vernos y auscultarnos por
adentro. Y es verdad (triste verdad) que el silencio rodeó a Emilio
Adolfo estos últimos largos meses. Cuando, semanas atrás,
lo visitamos con ocasión de sus noventa años, quienes ahí
estuvimos supimos reconocer, en la perplejidad de ese silencio de hospital,
el valor auténtico de esos antiguos textos suyos: "Si alguien prendiera
fuego al silencio -lo hiciera crepitar en múltiples pequeñísimos
inaudibles silencios- lo desbaratara en tierna agonía inacabable".
Mi querido Emilio Adolfo: ahora que de verdad eres silencio realizado,
y eres más real y más nuestro, te damos gracias por tu vida,
por tu ejemplar amistad, por habernos revelado que tu verdad fue tu mejor
quehacer: la poesía. Primera Crítica
"Se ha dicho que El Bien Esquivo de Augusto Tamayo podría ser una obra irrepetible del cine peruano. El crítico de cine Isaac León ha sostenido que Tamayo ha logrado una película sorprendente en el cine peruano y latinoamericano", así inicia su artículo publicado en la República, el lunes 20 de agosto, Eliane Karp junto a Linda Lema. Favorable comentario para una película que ha causado polémica entre quienes la catalogan como un largometraje fallido -como los Godard y Alberto Servat- y los que la consideran -como León Frías y Ricardo Bedoya- un filme que agrega y no que desagrega a la filmografía nacional. "Cuando indiqué que podía ser una obra irrepetible, no sólo aludía implícitamente a que la película le ha tomado 10 años al director, sino que se trata de una propuesta estética muy difícilmente repetible", responde Isaac León, crítico de CARETAS, a las palabras de Eliane. La Primera Dama da razones históricas y una mirada social de una obra ficcional -que denota un especial interés por el cine, una faceta hasta ahora desconocida de la esposa de Alejandro Toledo-. "Han transcurrido 500 años, los indígenas y mestizos de este país no han olvidado. Esperan una gran nación integrada por muchas naciones, como lo fuera la nación del Tawantinsuyo. Esta es la modernidad. El Bien Esquivo termina presentando a los altos nevados de los Andes, los Apus que tienen la última palabra, ellos se elevan cubriendo el horizonte. Advierten que ha llegado el tiempo del cambio. Rogamos a Augusto Tamayo lleve a efecto la segunda parte de El Bien Esquivo", es el fin del artículo. El pedido hecho al director es evidente. La fascinación lo es más. "Su interpretación es más antropológica que cinematográfica, pero me gusta en vista que esa óptica había pasado desapercibida. Cada quien lo puede leer de manera distinta y ella lo hace desde la perspectiva de su profesión -dice Tamayo-. Sabía de su interés. No es que ello haya sido pensado o vaya a darse. Para que exista un Bien Esquivo 2 tendría que resucitar a los personajes. Su pedido es más figurativo que real", agrega el cineasta. "Creo que si ha expresado este interés por esta película debe ser para el cine en general. Debe ser canalizado. Pero no quiero inmiscuirme en el tema político", dice Tamayo. En el otro ámbito, Eliane comete un grave error en su texto. Cuenta el final. Delito entre cinéfilos (Martín Mucha). Flema Peruana
GUARDIAMARINA, explorador, descubridor, geógrafo, aventurero
y finalmente cronista de sus viajes y estudios Clements R. Markham renunció
a la Marina inglesa y literalmente hundió sus botas en el suelo
peruano. Aprendió el quechua, cuya gramática publica (al
inglés) en 1864; investiga la rebelión de José Gabriel
Condorcanqui y forma parte de las organizaciones de los primeros Congresos
de Americanistas. Pero tal vez su logro más grande es el haber
transplantado exitosamente la quina peruana a la india, colonia inglesa
asolada por el paludismo. Marinos ingleses ya habían llevado el
brote de quina peruana anteriormente a la India aunque sin éxito.
Entonces Markham recorre el Perú en busca de la especie más
fuerte y la encuentra en la zona de Carabaya. Aunque esto no impidió
que asistiera en Lima a algún ocasional baile ofrecido por el general
Echenique en la mansión Torre Tagle y admirara las incrustaciones
de madreperla y plata en los tallados de madera con el mismo énfasis
que admirara los ojos negros de las limeñas y asumiera la causa
del Perú en la guerra del Pacífico. Definitivamente Clemens
R. Markham fue un espíritu de la época: él mismo
tomaba apuntes a mano alzada de iglesias, puentes y fortalezas para entregarlos
a los grabadores ingleses Vincent Brooks Lith, quienes ilustraron su obra
"Cuzco and Lima" en 1856 bajo la editorial "Picadilly" de la calle Chapman
and Hall Nº 193 en Londres. Hoy a casi 150 años de su publicación
"Cuzco and Lima" se publica con una impecable traducción al español
de Edgardo Rivera Martínez y el prólogo del crítico
y escritor Estuardo Núñez. Si bien "Cuzco and Lima" fue
concebida para que la población inglesa admire cuestiones como
el perfecto ensamblado de las piedras en las ruinas cusqueñas -donde
un alfiler no entra entre piedra y piedra- es curioso encontrar este tipo
de frases en su versión y contexto original, como también
los interesantes cuadros estadísticos -donde diferencia protector,
presidente, supremo delegado, dictador, mariscal, sedición, jefe
supremo y director para los gobernantes del Perú- y los aparentemente
inocentes aunque agudos comentarios del viajero inglés.
Dos para Praxis
ESTE jueves 23 de agosto la galería Praxis inaugura dos muestras individuales simultáneas. Para el caso de Jaime Higa puede decirse que se completa un círculo, pues el ecléctico artista formó desde los '80 parte del grupo Nazca de historieta. Por entonces trabajaba también haciendo gráficas para fancines underground y revistas de rock. Hoy el comic underground se ha vuelto una suerte de nuevo clásico y es así como imágenes tomadas de Richard Sala, Charles Burns o Gary Panter comparten la muestra con el manga japonés de Tamaki (Candy), "Los Caballeros del Zodiaco" o "Evangelion". Y por qué no, como esta muestra significa para Higa una recuperación y retorno a la infancia, ha incluido a la Warner y Walt Disney. Asterix y el perro tonto, Olivia, Rei Ayanami, Piolín y el inspector Ardilla forman todos parte de este imaginario. El artista Ricardo de La Flor, quien comparte taller con Jaime, empieza para esta muestra un proceso de concreción donde inquietantes imágenes clínicas aludan a una no menos inquietante forma de erotismo. Inaugura el 23 de agosto en la galería Praxis (San Martín 689, Barranco).
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