Edición Nº 1685

 

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    ARTICULO

    29 de agosto de 2001

    Los Consejeros
    Reivindicando al asesor, se limpia nombre de quienes orientan a los gobernantes en el oído.

    Consejo Real en mano de Guaman Poma. La nobleza asesoraba al Inca para asegurar el buen gobierno. Derecha: Pedro Peralta, asesor de tres virreyes y rector de la UNMSM, fue apodado "Doctor Océano" por la amplitud de sus conocimientos.

    NO se trata de satanizar el cargo, sino de rastrear la génesis que permite entender su devenir. La figura del asesor, tan venida a menos últimamente, no es un producto de nuestra época, su presencia es constante en nuestras páginas republicanas, coloniales y prehispánicas. Por lo mismo, la referencia a los incas no puede ser forzada. Estos, debido a algunas características de su cultura (ágrafa, su cosmovisión no permitía que el inca fuera opacado por otros personajes), no nos han legado nombres que tengan la importancia de los que nuestra infortunada historia registra en Virreinato y República. Aun así, refulgen entre andenes y panacas las figuras de orejones y amautas. Estos últimos tenían una función educativa. Los otros, señala el historiador Teodoro Hampe, eran lo que en occidente conoceríamos como nobles; y los más cercanos formaban un consejo íntimo que asesoraba al inca en todas las cuestiones posibles (no existía división de poderes). Hampe afirma que las referencias más concretas que tenemos de ellos son producto del contacto con los españoles, Rumi Ñawi y Quis Quis, los generales de Atahualpa, serían algunos de ellos.

    El mundo hispánico, además de religión e idioma, trae como pilar fundamental de su forma de gobierno la figura del asesor. El cargo era esta vez público, y estaba signado tanto por la especificidad del puesto, como por la ignorancia del virrey, noble de capa y espada pero desprovisto del arsenal técnico como para afrontar escenarios legales. En este contexto, afirma Hampe, aparece el "asesor letrado", quien "sí tiene formación jurídica, es abogado, ha estudiado en la universidad, y ayuda decididamente a formar la opinión del virrey", en quien estaban concentrados los poderes. "Este asesor técnico", sin embargo, "se desenvolvía exclusivamente en el campo jurídico, ya que en el caso militar no se contaba con una milicia profesional, y en el ámbito financiero se tenía a un tipo especial de funcionario que contaba con una formación especial en números".

     

    El historiador Hampe señala que institucionalizar la asesoría permitiría regularla. Al lado; G. Pizarro, conquistador mal asesorado.

    La Colonia deja un caso muy especial sobre esta figura. Gonzalo Pizarro, hermano del conquistador, se rodeó de un grupo de asesores que urdieron algunas de las justificaciones legales más asombrosas para abolir la dependencia de las nuevas tierras con la metrópoli. Los licenciados Cepeda, Carvajal y De La Gama, apelando a la bula papal que le cede los territorios a la Corona Española con el fin de difundir la fe verdadera, decidieron "puentearse" al rey aludiendo su mal gobierno, y mandaron una comisión al Papa para gestionar el enfeudamiento de Perú a Roma (?). Obviamente la comitiva falló en su propósito.

    Si damos un salto histórico, encontramos al argentino Bernardo Monteagudo, ministro de Gobierno y Guerra con San Martín y hombre de confianza del libertador, quien se ganó el odio de los limeños instaurando una política de extorsiones y censuras a los enemigos políticos del protectorado. Aunque defenestrado en julio de 1922, fue llamado por Bolívar nuevamente en 1924. En la plaza San Juan de Dios (actual plaza San Martín) un negro lo acuchilló.

    Más adelante, Esparza Zañartu, director de Gobierno de Odría, prefigurará lo que vendría a ser la caricatura in extremis de este cargo en el Perú de fin de siglo. Es famosa la escena en la que, siendo jerárquicamente inferior al ministro del Interior de entonces, Zenón Noriega, entró a su oficina y lo despidió. Además mantenía una red de soplones en todo Lima (incluyendo universidades), contrataba matones y aplicaba malamente las peores artes de la real politik más viciosa. Vargas Llosa lo imortalizaría en Conversación en la Catedral. Hampe no duda en afirmar que Vladimiro Montesinos es heredero de este molde, aunque, por supuesto, en una escala exagerada. Sin embargo la conclusión es clara: "cuando el poder en la sombra crece, este sobredimensionamiento rompe la estructura diseñada para el buen gobierno. Se debe institucionalizar la consejería para que a la vez ésta pueda ser regulada". Bien harían los que ahora gobiernan en escuchar la historia. Y aprenderla. (JP)

     


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