Edición Nº 1685

 

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    ARTICULO

    29 de agosto de 2001

    Carpetazo Por La Justicia
    Ex Presidente Fujimori fue acusado constitucionalmente por los crímenes de La Cantuta y Barrios Altos. Nadie votó en contra ni se abstuvo. Los indicios de su responsabilidad crecen.

    Pasadas las 10 de la noche del lunes 27 de agosto, por 75 votos contra ninguno y sin que nadie se abstenga, el Congreso de la República aprobó una acusación constitucional que pone a Alberto Fujimori Fujimori en la antesala de la extradición. Se encontró que hay razones para procesar al ex Presidente por crímenes de lesa humanidad, debido a su presunta responsabilidad por las actividades del siniestro Grupo Colina y serán ahora la Fiscalía de la Nación y el Poder Judicial los que determinen su culpabilidad o inocencia. Aunque, hasta ahora, no hay pruebas contundentes contra el ex mandatario, sí hay indicios que dan fe de su, por lo menos, anuencia frente a un comando que perpetró actos de una crueldad inaudita, que mancharon a la Nación, al Estado, a las Fuerzas Armadas.

    Lunes 27, 9 y 30 de la noche. Desde una de las galerías del Congreso, la señora Raida Cóndor, madre de una de las víctimas del caso La Cantuta, aplaude la decisión del Parlamento de acusar a Alberto Fujimori (derecha) por delitos de lesa humanidad. ¿Se aproxima la justicia?

    CERCA de las seis de la tarde del lunes 27, ante 100 congresistas y varios invitados en las galerías -entre ellos los deudos del caso La Cantuta- el congresista Daniel Estrada sentenció: "Por tanto, la Subcomisión cumple con acusar formalmente al ex Presidente de la República Alberto Fujimori por los delitos de homicidio calificado, desaparición forzada y lesiones graves..."

    Estrada, como parte de su exposición, hizo uso de las imágenes de un "vladivideo" en el cual Montesinos aparece al lado del general Juan Briones, ex ministro del Interior, y de la también ex ministra, de Promoción de la Mujer y el Desarrollo Humano, Luisa María Cuculiza. En una escena, fugaz pero inolvidable, el "Doc", mirando un sillón vacío, dice en "Todo sale de acá".

    Antes, el ex hombre fuerte del SIN ha hablado de "La Cantuta, Barrios Altos, la Leonor La Rosa, la Zanatta", hasta que Fujimori entra en el encuadre y se sienta en la silla señalada. La imagen fue repetida varias veces, acaso para impresionar a la teleaudiencia, pero no era el único argumento.

    La Subcomisión entrevistó a varios militares, de la otrora cúpula dorada y del grupo que fue marginado. Sin dudas ni murmuraciones: Fujimori tuvo que saber algo. El general Nicolás Hermoza Ríos, por ejemplo, dijo que siendo los hechos de La Cantuta y Barrios Altos tan importantes y graves, el ex Presidente debía "haber tenido conocimiento de inmediato".

    El general Rodolfo Robles, persistente denunciante del Grupo Colina, insistió en su versión de que el ex mandatario no sólo sabía de la existencia de este comando sino que "autorizaba sus operaciones y actividades". Fue, sin embargo, el general José Cacho Vargas, ex Comandante General del Ejército, quien dio un argumento que recorre casi todos los rincones del caso.

    "El Presidente Fujimori -dijo Cacho- eligió un asesor y lo hizo responsable de todo el Sistema de Inteligencia".Tal como lo ha mostrado el Procurador José Ugaz, Montesinos había montado toda una organización, a la que Fujimori no era en absoluto ajeno. Tan es así que tenía prácticamente una suite, para él y para toda su familia, en las propias entrañas del SIN.

    Yo acuso ...y yo huyo. Congresista Daniel Estrada sustentando la acusación. Derecha: Martha Chávez sale del Parlamento en el momento de la votación.

    Es más, parte de la acusación de Estrada se basa en el testimonio del ex agente del SIE José Luis Bazán Adrianzén, quien señaló que Montesinos se reunía con Fujimori en su mini-departamento del SIN, antes de acudir a otro minidepartamento que Santiago Martin Rivas, el presunto jefe del Grupo Colina, también tenía en el SIN. Allí se juntaban los muchachos.

    CARETAS, por su parte, tuvo acceso a la declaración que Clemente Alayo, otro presunto miembro del Grupo Colina, hizo el 6 de febrero de este año ante la Fiscal Flor de María Alba López. Según él, tras los sucesos de Barrios Altos, Fujimori condecoró en el propio SIN a los autores de la masacre, poniéndoles una insignia en el pecho y dándoles cierta cantidad de dólares.

    También existe la versión de una solicitud que el ex mandatario formulara al Ministerio de Defensa el 30 de julio de 1991, poco después de la supuesta creación de Colina, para que a sus miembros se les reconozca "por haber participado en exitosas operaciones especiales de inteligencia". Antes, en junio del mismo año,habría habido una recomendación de ascenso.

    Además, CARETAS accedió a una declaración hecha por Marcos Flores Alván, también presunto miembro del comando, el 26 de febrero de este año en la DINCOTE. "También quiero agregar -sostiene Flores- que en una oportunidad escuché a Martin Rivas que decía que tenía que pedirle el apoyo económico, para la formación de `Colina' a Santiago Fujimori Fujimori".

    Es cierto: aún no hay pruebas contundentes para acusar al ex Presidente. Pero el derecho, afortunadamente, ha evolucionado y ha previsto situaciones en las cuales quienes nunca apretaron el gatillo, pero sí dieron órdenes feroces, no gocen de una impunidad que dure por los siglos de los siglos. Fujimori podría entrar a esa categoría.

    Como ya lo había señalado el Procurador para los casos de derechos humanos, Ronald Gamarra, existe la tesis del "dominio de la voluntad en virtud de estructuras o maquinarias de poder organizadas". Su autor fue el jurista alemán Claus Roxin y es una figura aceptada por la jurisprudencia que ha permitido juzgar a algunos famosos tiranos del orbe.

    Vladimiro Montesinos en una ceremonia militar. Junto con Fujimori montó toda una organización, que habría incluido al Grupo Colina. Derecha; Los miembros del Grupo Colina ante el Consejo Supremo de Justicia Militar, en febrero de 1994. Entonces fueron sentenciados a 20 años. El 16 de junio de 1995 salieron amnistiados.

    La idea es que, aunque no se participe directamente en el crimen, cuando se controla un poder organizado, creado para cometer estos actos, se cae en la figura de la "autoría mediata". Bajo esta fórmula se ha procesado a algunos criminales de guerra yugoslavos, así como a los comandantes de las juntas militares argentinas (Videla, Galtieri, Agosti y otros).

    Por añadidura, los actos del Grupo Colina muestran una secuencialidad que, muy difícilmente, podría haberse dado de no contarse con una protección de muy alto nivel. El comando perpetra lo de Barrios Altos el 3 de noviembre de ese año, habría cometido otros actos criminales en los meses siguientes, e incursiona en la Universidad La Cantuta el 18 de julio de 1992.

    Las masacres de Barrios Altos y La Cantuta, por último, parecen guardar soterrados mensajes. La primera, ocurre al día siguiente de una visita de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos; la segunda, casi 24 horas después del monstruoso atentado de la calle Tarata de Miraflores. ¿Se pretendía, acaso, mostrar cuál era la filosofía antiterrorista del régimen?

    La congresista Chávez, en su pálida argumentación, sotuvo que, finalmente, los acusados eran personas que arriesgaron su vida por la Patria. Es, más o menos, lo que dijo el mayor (r) Carlos Pichilingue, otro ex miembro de Colina, a CARETAS hace unos meses: "Yo me he dado íntegro por el país. Nadie sabe el sacrificio que hemos realizado con mis compañeros de armas".

    Lo ocurrido en La Cantuta y Barrios Altos, empero, no parece muy enaltecedor y más bien evidencia un estilo brutal, por lo demás recurrente en el fujimorismo. Basta recordar lo ocurrido en el penal de Canto Grande en mayo de 1992, cuando más de 60 presos senderistas amotinados fueron masacrados a pesar de su rendición (ver CARETAS 1672).

    Otra perla de este currículum fue la trivial manera como nos retiramos de la compentencia contenciosa de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. O incluso el rescate de los rehenes de la residencia del embajador japonés, que si bien se dio en una situación límite, fue perversamente coronada con el macabro paseo de Fujimori sobre unos cadáveres.

    Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi: arrebatos nacionalistas y exaltación de la guerra. Al lado, Dos secuencias de la horrorosa masacre de Nanking, perpetrada por los japoneses en China, en 1937. Hubo 340,000 muertos y 84,000 violaciones. ¿Se aprendió la lección?

    La moraleja siempre era la misma: mano dura, mortal, contra la subversión. Hasta fue ésa una de las justificaciones del autogolpe del 5 de abril de 1992 y es la letanía que aún cantan los últimos fujimoristas. Es una trayectoria, digamos, coherente, pero hay derecho no sólo a dudar de su eficacia sino, además, de sus presuntos fines altruistas.

    Ahora vuelve a escena la posibilidad de la extradición, sólo que, mientras Japón no logre exorcizar sus propios fantasmas, el camino se presenta espinoso. El probable pedido de captura de Fujimori ocurre cuando el Imperio del Sol Naciente revisa su pasado guerrero, por medio de un debate que atraviesa los medios, los colegios, la política.

    Junichiro Koizumi, el nuevo Primer Ministro del Partido Liberal Demócrata (está en el cargo desde abril) es un nacionalista que intenta reivindicar viejas hazañas bélicas. Ha aprobado un texto escolar de historia que "rescata" esos episodios y el 13 de agosto pasado visitó el templo Yasukuni de Tokio, donde yacen enterrados algunos criminales de guerra.

    Ese día, varios surcoreanos se cortaron el dedo meñique en Seúl, en protesta por la ofensa (Japón ocupó Corea desde 1910 hasta 1945 y durante la Segunda Guerra Mundial esclavizó, sexualmente, a mujeres coreanas), y hasta en Tokio hubo muestras de rechazo. El perfil de las actuales autoridades niponas entonces lanza un mal augurio para la extradición.

    A pesar de ello, Japón también puede beber de su pasado la experiencia de sancionar crímenes de lesa humanidad. El 19 de enero de 1946, tras la rendición ante las tropas aliadas, un tribunal internacional en Tokio juzgó y condenó a varios personajes, entre ellos al Primer Ministro Hideki Tojo, quien fue ahorcado junto con otros 6 acusados.

    Nadie pide que se llegue a la llamada pena capital, pero entre los arrebatos nacionalistas de Koizumi y la alucinante protección de la que goza Fujimori debe haber un espacio para la razón y la justicia. Si el ex mandatario es declarado culpable y se le sigue protegiendo, entonces Japón estará identificándose con esos retazos más feroces de su historia.

    Un episodio ocurrido en 1937 en la ciudad de Nanking, durante la ocupación japonesa de China, es aterrador. Las tropas niponas masacraron a cerca de 340 mil personas y violaron a no menos de 84 mil mujeres. Muchos japoneses de hoy no se sienten orgullosos de eso; no habría motivo entonces para proteger a alguien que, cuando menos, es sospechoso de tolerar una masacre en una quinta limeña (Ramiro Escobar).

     


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