Edición Nº 1685

 

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    ARTICULO

    29 de agosto de 2001

    El Reino de La Gran Ballena
    Punto de vista de un viaje por las islas Chincha y la Reserva de Paracas que se inició para ver ballenas y terminó con un espectacular recorrido por la orilla iqueña.

    Altamar. 16 horas. A quince millas de la orilla, el velero de dos mastiles B.A.P. Marte lidia con el oceano.

    Escribe MARTIN MUCHA
    Fotos ALEJANDRO BALAGUER

    El objetivo era ver ballenas. La meta era llegar a las 150 millas o más. Quizás alcanzar aguas internacionales. Un velero, el B.A.P. Marte, con una historia propia, era el encargado de todo el entuerto. El punto de partida era la Bahía de Paracas. El pequeño muelle tenía las lanchas amarradas. La ruta que pretendía ser sólo una travesía por mar, por problemas mecánicos causados por el temporal surgido en el primer día, terminó siendo un recorrido por las añejas sendas de los tiempos del guano, y la fauna que desaparece lentamente.

    Día I. Una Tormenta de viento, conocida por las antiguas culturas de las costas de Ica como Paraca o "lluvia de arena" movía y ensuciaba el Barco Armada Peruana Marte. El Tte. Primero Kurt Bottger, al mando, izó velas. La avioneta T-41 sobrevolaba en círculos sobre la nave. El mar desintegra los ímpetus. Comienza una noche agitada. El mar demuestra su poder. Rumbo 290 grados. Temperatura del agua de 14.3 grados. Cabalgando sobre el inicio del océano Pacífico, el velero cabecea violentamente. El mareo. El barco tiene su propia historia que es necesario contar. En los ochentas fue el barco de un narcotraficante. Uno de estos tantos que era parte de la antigua elite del Huallaga. La siguiente década sería -según fuertes rumores- el encargado de pasear a Hiro Fujimori y a sus amigachos. También se comenta que Kenji, Sashi y Keiko pasaron por popa. Los Fujimori reemplazaron al narco y se apoderarían del Marte. Algo va mal. Avería en el casco que obliga a regresar. Parte de la tripulación trabaja para expulsar el agua que se apodera de la sentina de la embarcación. Las olas de tres metros no asustan, pero sí agitan. Ya a varias millas de la costa frente a Pisco, latitud 13.42 Sur y longitud 76.28.02 Oeste, Bottger decide el retorno. El casco aparentemente se ha dañado. Los devaneos fujimoristas aún se sienten. Retorno a Pisco y llegada a las once de la noche.

    Paracas. 10 de la Mañana. Remando luego de la tempestad. Derecha: La zona del viaje, a pocos km de Lima.

    Día II. Diagnóstico. Seis semanas en el astillero mínimo. Cambio de planes. Hay que olvidarse de ver ballenas y decidirse por un recorrido más cercano. Luego de una serie de discusiones se deciden por recorrer la zona de Paracas y las Islas Chincha. Se inicia una expedición en kayac hacia la Reserva. La compañía: una familia de 6 delfines -Delphinus delphis- que corrían contra las olas. Las parihuanas se cuentan por cientos, como los chorlitos, aves distraídas y zancudas. Héroes de la naturaleza que parten desde cerca al níveo Círculo Polar Artico, donde Julio Medem cerró una película melancólica: Los amantes del Círculo Polar. Cada año, hasta que el mundo se acabe o ellos se extingan, harán escala en Paracas. Más de treinta mil kilómetros de ida y vuelta. Hasta cinco mil kilómetros sin escalas. Tres a cuatro días sin parar. El día transcurre con ellos.

    Cieza de León escribió antes de 1550, sobre las islas que se visitarían al día siguiente. Erróneamente relacionaba a la muerte con ese lugar, allí no existía nada valioso. Parte de esta historia, sus periodos y su vida están graficados con certeza por A Reappraisal Of Peruvian Archaeology, texto de la Society for American Archaeology. En ese libro de características magnánimas destaca espléndidamente un gráfico del guano que refleja la historia del lugar. Un enorme montículo de excremento de casi 45 metros puede describir los tiempos desde la época de piedra; pasando por los mochica, ya a los 20; los incas, a los 10; la era colonial, a los 5. Caca histórica.

    El resplandor de antaño. Anclas olvidadas de los navíos que se fueron con el auge guanero.

    Día III. En las Islas Chincha unas anclas oxidadas recuerdan. En 1865, la expedición científica española ocupó su territorio. Antes, los viejos pobladores del país honraron su suelo con ritos y ofrendas. Fueron tentación por el guano y parte del origen de una guerra. Gracias a la mierda de pájaro se construyeron la mayor cantidad de ferrocarriles y se pagó -con el Presidente Ramón Castilla- gran parte de la deuda externa. Ahora es sólo excremento que se desparrama orgánicamente por la isla. Saturnino Ipurre, lleva ofrendados quince casi la tercera parte de sus cuarenta y un años, a cuidar aves guaneras. Conoce la isla. Ha corrido tantas veces como sus piernas chuecas le han dado para alcanzar a los dinamiteros que espantan a las guaneras. Curiosa y efectiva forma de pescar que se ha hecho costumbre. El solo con su escopeta y sus remos -sin radio, ni teléfono- tratando de lidiar con barcos y personas. Y con la idea de acostarse solo. El eco de una explosión se siente en el aparato auditivo de un ave y la aturde, la aleja y no vuelve. Las gaviotas aprovechan y se llevan sus huevos. Los chupan en el aire o en la lejanía. Los pescadores no tienen autoridades que los vigilen. Las guaneras ya no cagan. Las guaneras ya no están. Por las explosiones y por su lenta extinción. Seis lobos chuscos -o de dos pelos por poro- nadan. Parecen dos boyas viejas y arrugadas con vellos, en tierra. En el agua danzan arrítmicas, atemporales.

    Día IV. Los piqueros anidan. Los guanayes se fueron. El B.A.P. Marte está a punto de partir a Lima. Las guaneras en picada atrapan peces. Algunas los parten en el aire. Gotitas de sangre que apenas se notan. Varias decenas de delfines juguetean alrededor. El alimento brinda esos momentos a costa de la muerte de otros. Cadena alimenticia le llaman. A seis millas de la línea costera la orilla no se ve.

     

    Saturnino Ipurre y su isla, lucha solo contra los dinamiteros sin radio, ni celular . Al lado, parte del equipo, que encabeza el fotógrafo Alejandro Balaguer, de la Expedición Ballenas Libres que hizo el recorrido. Uno de los principales auspiciadores es CARETAS. TIM pone la comunicación. La Escuela Naval del Perú y la Marina de Guerra las embarcaciones. La FAP ayuda para las fotos aéreas. La Comisión Permanente del Pacífico Sur forma parte del apoyo internacional. El siguiente paso será una ruta que une el Ecuador y el Perú a ver el coqueteo de los gigantescos mamíferos.

     

    `La Pajarada'

    Raúl Sánchez Scaglioni de GEA PERU, "Las islas Chincha (norte, centro y sur) son un conjunto de islas e islotes caracterizados por la abundancia de aves conocidas como guaneras. Las poblaciones de estas aves aún no se han recuperado de los efectos del último Evento El Niño 97-98. A esta perturbación natural se suma el efecto de las pesquerías de anchoveta con dinamita. Observaciones interesantes correspondieron a los avistamientos de pingüinos de Humboldt, en islotes y el mar alrededor de las islas Chincha, y de potoyuncos en el mar. Ambas especies se encuentran en peligro de extinción. Es posible que existan colonias reproductivas de pingüinos de Humboldt en la islas Chincha que estarían adecuadamente protegidas por la coyuntura de compartir su hábitat con las principales aves guaneras.

     

    Los que se van. Aves guaneras en peligro por dinamitazos. Centro, La huida de una gaviota con el huevo de una guanay. Derecha, cuadro de la "Society for American Archaeology" que marca los periodos vividos por las islas Chincha.

     


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