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Edición Nº 1685 |
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Ayuda Diferente
LA idea partió de un grupo de sicólogos de la Universidad Católica: Inés Kudó, Tesania Velásquez, César Pezo, Patricia Martínez, Mónica Iza y Alicia Angeles. Se cristalizó cuando, ante su convocatoria, contaron con la participación de casi un centenar de estudiantes, egresados y profesionales de esa materia. La ayuda material a las ciudades afectadas por el último terremoto ya había sido consolidada pero ¿quién podría brindar apoyo al trauma, la pérdida, el dolor, que significó la tragedia? Así fue como las brigadas de sicólogos, organizadas y con un proyecto definido, se dirigieron, apenas una semana después del suceso, a varios poblados de Arequipa y Moquegua para ofrecer apoyo sicológico a los damnificados. Era preciso ayudarlos a afrontar sus dificultades, dándoles herramientas para facilitar la comprensión de sus propias reacciones y emociones. Si bien la evaluación de este proyecto recién se realizará en los próximos días, los logros alcanzados por las brigadas deben difundirse. Uno de ellos, el que se grafica en estas páginas, resulta conmovedor: el retorno, sin temor, de los niños camanejos a retozar en el mar. Lo interesante es que estos grupos de auxilio emocional han servido de vínculo a todos los involucrados en el desastre, desde los pobladores hasta el personal de atención de los centros de salud, escuelas y defensorías. Loable labor, sobre todo cuando se sabe que las intervenciones en crisis tienen también un objetivo preventivo: evitar el desarrollo de trastornos crónicos.
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