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Edición Nº 1685 |
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FERNANDO VIVAS UN fantasma asusta a los dueños de la TV y sin embargo les dice lo que les conviene. "¡Regúlense!" les grita y luego les murmura "de ésta sólo pueden salir si asumen su responsabilidad pública y en adelante respetan sus límites". El debate tiene dos polos: el control estatal y la autorregulación total. Al primero ¡contra! y a la segunda, ¡adelante!, siempre y cuando se haga bajo techo social, es decir, que sea sensible y receptiva a las demandas de la sociedad civil pues ella es su producto y su destino, su razón de ser, su rating sine qua non.
Si los empresarios se organizan para armar lobbies ante el poder ¿por qué no podrían los televidentes hacer lobbies ante los medios? Que quede claro: en el proceso de la pantalla la voz cantante y el dedo alerta sobre el control son de la opinión pública. Desde las cartas de protesta en la prensa escrita hasta el boicot organizado pasando por la participación en organismos independientes como la Veeduría Ciudadana, asociaciones de padres de familia, consumidores, anunciantes, universidades u ONGs, debemos vigilar -y si cabe, presionar- a la tele para que responda a nuestros intereses. Al Estado se le pide poco: Que reprima sus apetitos intervencionistas y censores, que regule su publicidad (que no desaparezca pues los medios la necesitan para capear la recesión, pero que sea racional y equitativa) y que renueve la legislación sobre telecomunicaciones. En primer lugar, que quede legalmente claro que la TV acarrea resonsabilidades públicas a sus dueños y por lo tanto se les puede pedir su apoyo con algunas horas y programas para fines educativos. Que la niñez debe ser protegida y por lo tanto se puede establecer un horario de cuidado fuera del cual sí habría absoluta libertad de programación. Que las licencias de funcionamiento otorgadas por el Estado y hoy renovadas automáticamente pasen por un proceso de evaluación (cada 8 ó 10 años) en el que se le pidan requisitos técnicos y burocráticos mínimos a cada canal. Que la publicidad y las promociones se ajusten a ciertas normas de competitividad ética. Es inevitable que el arbitraje de todo esto caiga en un nuevo organismo público de caracter técnico. Una suerte de consejo de la TV que tendrá en el futuro que recibir las quejas de los televidentes y, si tienen mérito, poner al medio en vereda. Sin entrometerse en la libertad de expresión que ésta es harina de otro costal constitucional. La ética y la lógica detrás de esta regulación no es la censura -¡vade retro!- sino la defensa del consumidor. Si Ud. se siente y se ve estafado o discriminado, o si siente a sus niños agredidos, tendrá donde quejarse. La Embajada de EE.UU. y el Consejo de la Prensa nos invitaron a una teleconferencia con funcionarios del FCC (Federal Communications Commision). Karen Onyeije, jefa adjunta de la División de Telecomunicaciones de la FCC, respondió a las preguntas de un grupo interdisciplinario sobre la conformación y la práctica del ente creado en 1934 (no pude reprimir una pregunta localista sobre ya saben quién. Respuesta: el alto mando del FCC no conoce a Laura Bozzo ni de oídas). Con la aparición de la tele la comisión agarró vuelo, se curó de cualquier tentación censora -que por otro lado, la primera enmienda constitucional la impide- y estimuló la participación del público como eje de su trabajo. La FCC sanciona a los que desafían el horario de protección al menor (de 7 a.m. a 11 p.m. en los EE.UU.). Fuera de esa gorda franja se puede ver de todo. Las groserías no están prohibidas pero sí el discurso obsceno que puede determinar que a un programa se le cierre el horario estelar. La discriminación por raza, sexo, opción sexual u otros temas también es mal vista por los televidentes que se quejan y que encuentran a una FCC con los oídos abiertos. Ante la imposibilidad de censurar la competencia es la mejor garantía cívica pues habrá siempre otro medio que critique al que se le fue la mano. El norteamericano es un buen ejemplo para empezar en el Perú a discutir el tema de la (auto)regulación y del ente vigilante. El Código de Etica recientemente suscrito por canales, anunciantes y publicistas, aunque tiene entrelíneas cierto tufo cucufato y paternal, no está mal como declaración de principios para enarbolar en la mano cuando queramos confrontar a la TV con lo que ella se prometió a sí misma. Por supuesto, en EE.UU. el mercado es rentable para todos los canales y fomenta la competencia. El gobierno respeta la separación de poderes y la TV no es vulnerable al chantaje y al soborno. En el Perú, en cambio, hay que legislar de forma tal que prevengamos la mala injerencia gobiernista en los medios y evitar el peligro de la autocensura generalizada, de tal forma que protejamos a la misma TV del poder económico y del Poder Ejecutivo. Sin censura y con los ojos bien abiertos.
Escribe LAURA BORLINI
Creo ser una gran televidente. No me pierdo los programas del Discovery Channel, en especial los documentales de la vida animal y las investigaciones científicas. People & Arts es uno de mis canales preferidos, trato de sintonizar siempre que puedo las entrevistas que presenta el programa "Inside the Actors Studio". E-Entertainment me tiene al día con las novedades en el mundo del espectáculo internacional. América (Canal 47 de Argentina) siempre está dentro de mi zapping diario, pues me tiene al tanto de las noticias de mi país. En relación a la televisión nacional, trato siempre de ver las repeticiones de "Mil Disculpas", que las dan al mediodía, de vez en cuando veo a Beto Ortiz y a Ernesto Pimentel. Y en cuanto a noticias veo Canal N y América Noticias. A quienes nunca veo son a Laura Bozzo y a Jeanet Barboza". Ríanse Nomás
La forma más barata del humor, la unidad de la risa popular, el recurso natural que no hay que pagar porque es anónimo y se recoge en la esquina, en la cantina y desde hace unas temporadas en la Internet es el chiste. Los humoristas profesionales los saben a raudales, los reciclan, se los prestan, los repiten con variaciones. Cualquiera los retiene y los puede contar pero ellos lo hacen mejor que nadie. Teatralizan los malos chascarrillos para que pasen piola, ponen cara de palo cuando son muy buenos y se ganan con el contraste, improvisan, sacan a relucir el llonja, se hacen los modosos, remedan, meten chongo. La fórmula es muy simple y Canal 5 ya la usó en los '80 en "Humor redondo". Ahora la emplea el 13 en "A reír" (todos los días a las 9 p.m.) y coloca en la mesa al Chato Barraza (el mejor contador), al Gordo Cassaretto (la Pirula no muere), al más flojo Lelo Costa, al simpático Coki Salgado y al esforzado pero grueso Martín Farfán. Ninguna ambición, ningún intento de crear personajes, ni siquiera de armar programas temáticos. Te pago para que descargues lo que sabes, casi un programa con estrellas al precio de un bolo. Sigan haciendo lo que saben que son muy divertidos pero exijan más a producción y exíjanse más.
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