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Edición Nº 1687 |
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Indecisiones Que Matan
En excelente informe
de CARETAS Nro. 1621 del 2 de junio del 2000, Gastón Agurto describe
descarnadamente el daño ocasionado a una población estimada
en 70,000 habitantes de los barrios ubicados en la zona industrial del
Callao. El plomo en suspensión respirado a diario por ella, debido
a la inconveniente manipulación de minerales, produce el saturnismo,
la enfermedad crónica de la contaminación con plomo. Eco
Callao es el proyecto que puede detener esta plaga bien llamada por CARETAS
Peste Ploma; sin embargo, intereses de algunos empresarios e insensibilidad
de ex presidentes de Enapu, permiten que la población se siga envenenando
mientras ellos respiran otros aires Escribe HACE casi 73 años, el 17 de noviembre de 1928, se instalaron
los primeros habitantes en lo que se dio en llamar el barrio de la lata.
Formado principalmente por pescadores norteños de Huacho, según
refieren los pobladores más antiguos, en tiempos en que no se hablaba
de contaminación ambiental y no se conocían los terribles
daños que el plomo ocasiona, ha adquirido fama de ser uno de los
barrios más peligrosos del Callao; sin embargo, como sucede en
otras zonas de la ciudad con igual o parecida fama, la mayor parte de
hombres y mujeres que las habitan son buena gente obligada a vivir en
un ambiente físico degradado que a la larga mina las esperanzas
por un futuro mejor. Los habitantes del antiguo barrio de la lata tienen
que sufrir, además de la falta de servicios básicos -la
electricidad sólo llegó hace cinco años- la lluvia
de partículas imperceptibles de plomo que produce la descarga y
manipulación del concentrado de plomo que llega de la Sierra Central
por ferrocarril y camiones para ser embarcados en el Callao. El 90% de
las partículas que respiran a diario los pobladores, se instala
en lo más profundo del pulmón, el 10% restante corre por
la sangre y ataca los huesos (un total de 30 años se requieren
para la eliminación del plomo de un hueso afectado). Y los niños
son los que más sufren. El saturnismo hace fácil presa de
ellos; disminuye su inteligencia, les retrasa el desarrollo motor, deteriora
su memoria y les ocasiona problemas en la audición y el equilibrio.
Pero ojos que no ven, corazón que no siente. Y ésa parece
haber sido la actitud del comandante Jorge Dellepiani y del contralmirante
Gustavo Salcedo, ex presidentes de Enapu. De ellos dependía la
decisión (porque donde manda capitán no manda marinero)
de dar luz verde al proyecto Eco Callao, que ya estaría operando
en beneficio de un correcto y moderno manejo de los concentrados de mineral
y, por ende, de la purificación del aire. Pero no fue así.
A continuación un resumen concentrado de los hechos; el 19 de setiembre de 1999 Ferrovías Central Andina recibe físicamente, vía privatización, los bienes y equipos del Ferrocarril Central de manos de Enafer. Atendiendo a una inquietud de antiguo de los mineros, en especial de don Alberto Benavides de la Quintana, suerte de patriarca de la minería en el Perú, en diciembre del mismo año Ferrovías elabora el marco conceptual del proyecto que bautiza Eco Callao y convoca a licitación a las cuatro principales compañías del mundo capaces de hacerlo. La firma Sandwell, asociada a Raúl Ríos Ingenieros, gana la convocatoria, realiza el estudio y estima una inversión de 38 millones de dólares. Enapu sólo tiene que permitir el pase de una tubería aérea totalmente encapsulada hasta el muelle número 5 y ceder en él 300 m2. El Estado no debe aportar nada más. El edificio de almacenaje de concentrados, de seis cuadras de largo por una de ancho y 15 metros de altura -con presión negativa para que no escapen las partículas de mineral- se levantará en el patio de maniobras del ferrocarril, al que sólo separa del puerto el área del pueblo más contaminado, el añoso barrio de la lata. Sin agua ni desagüe desde su fundación, con un núcleo de servicios higiénicos y lavaderos comunes proporcionados por el gobierno de Leguía, recibe con alegría la noticia del proyecto. La esperanza al final del túnel porque Ferrovías, además de representar la posibilidad real de derrotar al principal enemigo, se ha interesado en mejorar las condiciones de habitabilidad. Mas el túnel es largo. Tiene que pasar medio año para que el 15 de junio del 2000 se realice una reunión con la Copri (Comisión de privatización); un mes más, para una exposición a Enapu y a su Cepri (comité de privatización); otros más, para que tres comisiones: la técnica, la jurídica y la económica, formadas por Enapu y su Cepri, se pronuncien. La primera, aprobando sin reservas el proyecto; la siguiente, considerando que sólo puede permitir el pase por uno, o dos años a lo sumo (hasta que se privatice el puerto) ¡para una inversión de 38 millones de dólares!; y la tercera, para enredarse en un problema de tarifas. El 19 de setiembre del 2000, Ferrovías, apelando a la paciencia, cursa una carta al contralmirante Gustavo Salcedo solicitando sus buenos oficios para salir del entrampamiento, pretendiendo hacerle ver los graves problemas ecológicos que sufre el Callao. Pero el silencio fue la respuesta.
¿Qué coraza puede llegar a formarse en un ser humano (para
no usar el limeñísimo concha) para que no se sienta el padecer
ajeno? Los casos presentados hace más de un año por CARETAS
son patéticos y, lo peor, actuales ¿Se habrán enterado
de ellos los ex presidentes de Enapu? ¿Les habrán causado
alguna preocupación? Al parecer sólo atinaron a recomendar
la construcción de un muro para no ver la miseria. La Municipalidad
chalaca, por el contrario, sí tuvo la preocupación de estudiar
el problema de salud y emitir directivas mediante el Decreto de Alcaldía
Nro. 00025-99 de 7 de noviembre de 1999, directivas orientadas al control
de los medios de transporte y de los depósitos de mineral. Desgraciadamente,
seis meses después, CARETAS comprobaría que fueron letra
muerta; pero la Municipalidad a los dos años insiste. En El Peruano
del 6 de setiembre del 2001 (una semana atrás) aparece el Decreto
de Alcaldía No. 000016 cuyo artículo primero establece:
"PROHIBIR el almacenaje y manipuleo del concentrado de minerales de plomo
en los depósitos ubicados en la jurisdicción de la Provincia
Constitucional del Callao. Se exceptúa de lo dispuesto en el presente
artículo a aquellos depósitos autorizados que cuenten con
un sistema de encapsulado, etcétera, etcétera". Desgraciadamente,
esta vez. la Municipalidad tampoco la achuntará. Porque la solución
va a ser imposible. La inversión individual de cada depósito,
su ubicación dispersa, las inversiones que tendrá que realizar
Enapu, la infraestructura de control, no presentan un camino viable; sin
embargo, todo ello se soluciona con una simple medida, la autorización
de Enapu, hoy en buena hora en manos del almirante Gonzalo Gambirazio
Rodríguez. Aunque aún no es posible cantar victoria.
En efecto, existen algunas empresas interesadas en que Eco Callao no se construya. Y algunos funcionarios al parecer, también. Las empresas, porque tendrían que desaparecer pues son la causa de la contaminación del Callao; los funcionarios, Dios o el diablo sabrán por qué retorcidas razones. El hecho es que el ex gerente financiero de Enapu, Pedro Alvarez, según lo manifestado por Juan de Dios Olaechea, presidente de Ferrovías, fue quien en definitiva paralizó el proyecto al aseverar en informe a Indecopi que Eco Callao sería un monopolio, contra la opinión de los expertos que aseguran que dos proyectos similares podrían ser realizados simultáneamente. Esta parecería ser, según fuente confiable, la posición del almirante Gambirazio, posición que podría hacer dar un vuelco de 180 grados a la situación creada por sus antecesores y que haría revivir las esperanzas del antiguo barrio de la lata, hoy conocido como Puerto Nuevo. Y es dentro del optimismo que se debe cerrar esta nota, recordando tiempos pasados en esta zona del puerto. Puerto Nuevo se debe a la película argentina del mismo nombre que se proyectaba en el cine 2 de Mayo y que dejaba escuchar una canción pegajosa. Los antiguos vecinos regresaban a sus hogares cantándola pero con una variante en la letra, regresaban a Puerto Nuevo. También es necesario recordar a la banda de los sin saco, que subían a los trenes en marcha y los dejaban sin trigo. Y a Pepito, el carnero bailarín, atracción del circo que llegó en vísperas del aniversario de Puerto Nuevo, que se celebraría con una pachamanca. El dueño y presentador del circo fue invitado y saboreó con gran entusiasmo las excelentes carnes preparadas junto a la papa, habas y demás acompañamientos de la comida sacada de la tierra de entre las piedras calientes. En la función de vermouth (golpe de las siete de la noche) niños y adultos se preparaban para la gran presentación. Payasos y malabaristas hicieron reír y asombraron mientras llegaba el momento culminante: la presentación de Pepito el carnero bailarín. Fue anunciado una y otra vez, pero Pepito nunca se presentó. Había desaparecido en la pachamanca. Humor un poco negro para terminar la nota, pero humor al fin, humor que se debe mantener hasta que Eco Callao llegue a buen puerto.
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