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Edición Nº 1687 |
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El Coloso Desnudo
LA indescriptible tragedia vivida por los Estados Unidos parte en dos, no solamente la historia de ese país, sino también la óptica para evaluar la seguridad. Los últimos años produjeron un intermitente debate en el que los argumentos políticos y, sobre todo, económicos, frenaron el incremento de las medidas de prevención. Los primeros sostenían que las libertades civiles y personales eran conquistas que no se debían perder por gracia de sistemas de seguridad con carácter discriminatorio. Es decir, aquellos que seleccionan pasajeros "sospechosos" para cuestionarios más meticulosos. Esa parece ser sólo la superficie, ya que nada impidió la utilización del sistema conocido como Echelon o de "la gran oreja". La compleja red de espionaje satelital impulsada por la CIA intercepta datos telefónicos, en correos electrónicos o Internet que se consideren dignos de investigación: es decir, si es que se incluyen términos como TWA 800 (Boeing que explotó en 1996), Stinger (misil antiaéreo) o el terrorista Ussama Ben Laden; los mensajes son analizados, interceptados y rastreados. Este sistema que funciona desde los años '80 con un inmenso presupuesto -los servicios de información norteamericanos gastan anualmente 26,700 millones de dólares- ha sido considerado como un atentado contra la privacidad y un mecanismo de espionaje comercial. Con todo, no sirvió de nada para evitar la insania. Probablemente porque los terroristas se cuidaron de no incluir ninguna palabra "sensible" en sus comunicaciones. Como suele suceder, es la discusión económica la que termina
comandando el terreno de juego. La administración Clinton intentó
reforzar los mecanismos de seguridad en los aeropuertos pero chocó
con un Congreso que consideró que un mayor poder podría
ser utilizado irresponsablemente. A pesar de que las encuestas mostraban
a pasajeros dispuestos a llegar más temprano para chequearse y
disfrutar de seguridad, las aerolíneas locales se resistieron hasta
el final ante las medidas adoptadas por la Administración Federal
de Aviación luego del atentado del TWA 800. Les costaba dinero.
De hecho, el mapa aeroportuario estadounidense no está tan inmerso por la obsesión de seguridad que parece insertada en la sicología norteamericana. CARETAS consultó a un piloto comercial con amplia experiencia de vuelo en los Estados Unidos sobre cada uno de los aeropuertos de los que salieron los aviones siniestrados. Los que chocaron con las torres gemelas, uno de American Airlines y otro de United, cubrían la ruta Boston-Los Angeles. El que se precipitó contra el Pentágono iba del aeropuerto de Dulles (Washington) a L.A. Finalmente, el que se desplomó en Pensilvania iba de Newark (Nueva Jersey) a San Francisco. Aunque todos los aeropuertos de los que salieron los aviones están considerados como de seguridad 4 (un alto nivel), la realidad podría ser otra. Según nuestra fuente, "Boston es débil, Newark es relativamente fácil de transgredir y Nueva York es una coladera". Hace poco, la cadena Telemundo presentó un reportaje en el que denunciaba esas ligerezas. Aeropuertos como los de Chicago o Miami tienen más restricciones. A eso hay que agregarle el hecho que los vuelos domésticos no tienen una tradición de atentados en los EE.UU. y son más laxos en sus controles, sólo se le pide al pasajero una licencia de conducir o cualquier identificación con foto. El personal de seguridad no suele ser especializado y gana salarios bajos. Por último, todas las fatales rutas despegaban antes del mediodía en horas de alto tráfico aéreo. Momentos en los que las aerolíneas están interesadas en "despachar" aviones con apuro.
EL MODELO DE ISRAEL La celeridad es lo que menos le interesa a El Al, una compañía aérea israelita famosa por sus extremas medidas de seguridad. Para salir de cualquier tipo de sospecha, sus vuelos pueden ser retrasados o cancelados. Todos llevan guardias armados confundidos entre los pasajeros y permanecen resguardando los aviones mientras hacen escalas. La intensidad del cuestionario que practican sobre los pasajeros varía según el aspecto que éstos tengan. No es un misterio que las mujeres que viajan solas, los árabes y los jóvenes vestidos muy informalmente serán por lo general sometidos a exhaustivos interrogatorios y aislamientos que duran fácilmente más de una hora. Es decir, discriminación en cualquier lugar. Por último, para abrir la puerta de la cabina no es suficiente con capturar las llaves que están en manos de las aeromozas. Estas son blindadas. Los resultados son contundentes: el único intento de secuestro que tuvieron terminó con el terrorista como muerto único y El Al reporta pérdidas anuales que están entre los 60 y 100 millones de dólares. El gobierno de Israel asume el 75% de estos forados. El enfrentamiento con terroristas suicidas radicaliza el procedimiento. Incluso el canciller israelí Shimon Peres justifica lo que su país ha llamado la "desaparición preventiva" de estos sujetos. En julio defendió dicha política en un cruce de opiniones con el primer ministro británico Tony Blair. Según los palestinos, en lo que va de este año Israel ha dado de baja a más de veinte terroristas suicidas mediante operativos, sofisticados o no, que también han cobrado la vida de civiles. Con kamikazes modernizados y armas de compuestos plásticos tan duros como el acero que pasan anónimas por la mayoría de máquinas detectoras, el mapa es distinto. Los cielos son más vulnerables. Y es probable que el mundo del siglo XXI se vea obligado a pisar tierra y sacrificar la rapidez de la que se ha hecho adicto. (Enrique Chávez). Errores Que Matan
AL cierre de esta edición, las autoridades de Massachusetts identificaron a cinco sospechosos de origen árabe. En el aeropuerto fueron confiscados una serie de manuales de entrenamiento de vuelo en árabe que se encontraban en un auto. De otro lado, los pasaportes de dos hermanos han sido rastreados hasta los Emiratos Arabes Unidos. Uno de ellos habría sido un piloto adiestrado y no cabe duda que el resto debe haber tenido, por lo menos, nociones de vuelo que permitieron "dar en los blancos", por grandes que estos haya sido. Los dos habrían estado en el 757 que se estrelló contra una de las torres gemelas. Otros dos sospechosos llegaron a Boston el mismo martes 11, procedentes de Portland, Maine y antes de Canadá. Se dictaron órdenes de allanamiento para viviendas en Hollywood y Daytona Beach, ambos lugares de Florida donde se sigue la pista. Según el Washington Post, la participación de Ussama Ben Laden y su movimiento Alqaeda está asegurada en un 90%. El senador republicano Orrin Hash aseguró escuchar intercepciones electrónicas en las que dos representantes de Alqaeda afirman que se había golpeado "a dos objetivos". La magnitud de esta tragedia opaca el rápido operativo que el Buró de Investigaciones hizo luego del atentado de las torres gemelas en febrero de 1993. En esa ocasión (CARETAS 1252) se llegó a Mohammed Salameh, también vinculado con Ben Laden. Como nota curiosa, el FBI entró por equivocación al departamento de Nueva Jersey del peruano Raúl Lazarte. Este no tenía nada que ver con el atentado pero lo obligaron a arrodillarse, a echarse boca abajo en el suelo y fue esposado. Cuando se dieron cuenta, los agentes le pidieron unas excusas que parecieron insuficientes. No pasó de un mal rato pero el error en aquel entonces no guarda proporciones con el que los servicios de seguridad norteamericanos cometieron este martes al ver pasar frente a sus narices a los asesinos de miles.
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