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Edición Nº 1687 |
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OEA: Carta Urgente
LA noticia de los primeros atentados terroristas en EE.UU. estalló en al lobby del hotel Los Delfines, sede de la XVIII Asamblea General de la OEA, como una bomba en el corazón de San Isidro. Las delegaciones diplomáticas que se alistaban para participar de la última sesión de la Cumbre coordinaban sobre la marcha, nerviosamente, los términos de los comunicados de condena a los anónimos autores y de solidaridad con el gobierno y el pueblo de Estados Unidos. -"No vayas a decir que son unos luchadores de la libertad, cabrón -instruía un alto funcionario de la cancillería mexicana por el celular- son una bola de locos". La pareja de delfines que caracteriza al hotel, nadaba a sus espaldas ajena al drama. Las miradas estaban fijas en los monitores de TV. César Gaviria, el secretario general de la OEA, confundido entre el resto de delegados, era uno de ellos. La noticia de que un tercer avión se habría estrellado contra el Pentágono -luego confirmada- y que un cuarto avión se estrelló en Pennsylvania -aparentemente derribado por la Fuerza Area norteamericana- fueron poniendo a prueba la capacidad de sorpresa de la audiencia. El Secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, estaba presente. La consternación reflejada en su rostro, la piel ceniza. La XVIII Asamblea General de la OEA que había sido convocada para aprobar la Carta Democrática Interamericana, ceremonia que debió sellarse el martes 11, al final de una jornada de intervenciones se vio afectada. La magnitud de la tragedia en EE.UU. trastocó los planes. La Carta Democrática Interamericana, cuyo primer borrador el
Perú presentó en la Asamblea General de Quebec en abril
pasado, nacería así en las más dramática y
extrema de las circunstancias previstas como amenaza a los sistemas democráticos
de la región.
"Podrán destruir edificios, asesinar personas, pero no podrán destruir el espíritu de la democracia en nuestras sociedades", diría Powell. "El terrorismo es problema de todos. Todos debemos unirnos en defensa de la democracia". La Carta sería aceptada en los siguientes minutos por aclamación. Ante la insania homicida, la OEA respondía reafirmando la democracia en el hemisferio. Enfatizaría poco después el canciller argentino Adalberto Rodríguez: "La democracia no es sólo un sistema de gobierno, es un estilo de vida". LA CARTA Powell se retiraría de la sesión sin ofrecer declaraciones periodísticas, y rodeado de extremas medidas de seguridad. Para garantizar su seguridad, la flota aérea nacional fue ordenada a permanecer en tierra hasta que el avión que lo trasladaba hubiera salido de territorio peruano. El secretario de Estado norteamericano se despidió de la Asamblea, declarando: "Parto con el espíritu de Lima como una fuente de inspiración". La Carta Democrática Interamericana introduce en los mecanismos de resolución de la OEA, la llamada "cláusula democrática" que a la letra dice: "La ruptura del orden democrático o una alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático en un Estado Miembro, constituye, mientras persista, un obstáculo insuperable para la participación de su gobierno en las sesiones de la Asamblea General". Pero, ¿es la Carta Democrática Interamericana un instrumento de política internacional suficientemente disuasivo para enfrentar las amenazas a la democracia? ¿Qué ofrece la Carta que no planteaba ya la Decisión 1080 suscrita en Santiago de Chile en 1990?
Para algunos de sus críticos, el propio Fujimori la hubiera suscrito. No olvidar que Hugo Chávez de Venezuela sí lo hace. "Es un MacDonald jurídico", dicen. Algunas de sus atingencias: La Carta no supera las deficiencias jurídicas existentes en la OEA. La Carta Democrática modifica la Carta de la OEA sin haber cumplido con los procedimientos establecidos. La Carta no establece mecanismos operativos. Al no establecerse mecanismos de respuesta específicos -se alega- la OEA difícilmente podrá superar el nivel de desorganización que la caracteriza. En Windsor, Canadá, en junio del 2000, la Asamblea General de la OEA no sancionó al gobierno de Alberto Fujimori, a pesar de que el fraude electoral de la primera vuelta había sido acreditado por la propia Misión de Observación de la OEA, debido a las discrepancias entre la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, la Secretaría General y los Estados Miembros sobre lo que se debía hacer. Se reclama un mecanismo articulado -Ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y la Unidad para la Promoción de la Democracia, entre otros- y que abastezca de insumos a los órganos políticos de la OEA de manera institucionalizada. Aún a pesar de las anunciadas carencias, el martes 11 la Carta Democrática Interamericana -la décima octava versión del documento original presentado en abril por el ex canciller Javier Pérez de Cuéllar- fue aceptada por unanimidad. Venezuela -de acuerdo al vicecanciller peruano, Manuel Rodríguez, "aceptó que la democracia participativa es una calidad, mientras que la representativa es una condición"; México, flexibilizando la Doctrina Estrada -que data de la revolución mexicana- "aceptó por primera vez la posibilidad de aplicación de garantías colectivas en procesos internos" y Uruguay aceptó que los cambios, y que en efecto alteran la Carta de la OEA, se hagan por intermedio del llamado desarrollo progresivo del derecho. Pronto se verá si la OEA es capaz de cambiar la piel.
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