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Edición Nº 1687 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Eso Me Pasa Por
Novelera La verdad, su taller regio, lo más GCU que te puedas imaginar. Salió la propia chica y claro, al igual que medio Lima, se hizo la que no me conocía y me trataba de "Lorena, como tú sabes...". Primero me sacó una túnica asháninka regia como para un matrimonio, ¿ya? La tela era una delicia, aunque el corte charleston que le había dado en la cadera como que no se leía con claridad, sobre todo cuando me puse a pensar en cómo le quedaría el modelito, ay no sé, o sea, a una Martha Hildebrandt y por asociación libre se me vino a la cabeza la imagen de la abuelita de Clarabella yendo a comprar el pan y la verdad que lo desestimé. Sí me convenció un poco más, en cambio, el fustán tallán cortado tipo evaseè, perfecto para ir en verano a una de esas fiestas donde Susana en Totoritas y que todo el mundo te vea entrar y todo el mundo se haga el cojudo pero que tú tengas la plena seguridad de que esa noche todas las esposas se morirán de ganas de que te pique el bicho de las lesmaniasis y se te encojan los cartílagos de la nariz, no sé si me entiendes. Bueno, en ésas estaba cuando tocan el timbre, abre la empleada y veo entrar al mito de Taki Onkoy con piernas, en persona, no sabes lo que era. Falda tejida en la comunidad de Pachachaca íntegramente teñida con pigmentos naturales. Encima, una especie de blusón pero bien a la trinca, inspirado en los calzones que usan las mujeres altiplánicas, ¿ya?, pero entonces la cabeza del personaje salía por el hueco destinado originalmente a una de las piernas de la mamacha, mientras que, pucha, el brazo derecho le salía por el otro hueco, o mejor, lo que se veía del brazo derecho, porque digamos que en un 70% venía cubierto por una retahíla de brazaletes de Ester Ventura que yo los adoooooooro pero hija, o te pones uno solo o te terminas moviendo como el tin man del Mago de Oz, no sabes lo que son. Pero eso no era todo, el Taki Onkoy tenía una especie de tocado rojo-corre-que-te-incinero que te lo juro que pensé que era la opera magna de la chica Alvarez Calderón, digo, por lo natural del color. Encima de ese tocado, iba ni más ni menos que una monterita de ésas que usan las comuneras de Llachón y que son regias pero para cuando te vas a un corte de cabello del hijo de tu comadre y no sé si tanto para pasearte por la pastelería San Antonio, qué quieres que te diga. Taki Onkoy entró y se sentó y yo, vestida como una bailarina de tondero de Chulucanas, me la quedo mirando sin poder parar porque le veía algo conocido, hija, algo, algo. No me pude aguantar y le pregunté: "Sorry, a ti te he visto antes pero con algo así como un idolillo pachacámac colgado del cuello, creo que fue en la última recepción en la Embajada de Francia". Taki, de un humor horrible, sin mirarme me respondió, con acento de lavandera de orilla izquierda de la Loire: "Usté no deberiá hablarmé a mí, usté es de esá sociedád limeñá que tiené la culpá de la segregación de los pobrés del Perou y además, esé idolilló no era ningún idolilló sinó mi maridó Alejandró, choló sanó y sagradó". "Puta madre", pensé en ese momento, "por qué no has aprendido, China, a quedarte callada delante de la gente que no es como tú". Pero en esos momentos es cuando a mí las coronas se me empiezan a bambolear y me sale la clase que hizo que a mi tatarabuela Ana Elisa Loveday Tudela no se le moviera un pelo ni se le borrara la sonrisa cuando a su esposo, el presidente Prado, todo el mundo le decía zamba canuta por haberse mandado cambiar con la plata destinada a combatir a los chilenos. La miré con ojos gachos, le sonreí como una niña a Dios en su Primera Comunión y le pregunté, "¿No quieres que te ayude a escoger un modelito? Creo que lo necesitas, hija, se te ve tan cansada de tanto trabajar por nosotros, que seguro te vas a equivocar otra vez y por ahí terminas pareciéndote a la mamá de Zaraí". Bueno, ¿tú has visto cuando en las películas de Tarzán, Johnnie Weismuller empieza a gritar y Tamba se tapa las orejas a riesgo de perder los tímpanos? Algo así fue lo que vino luego, con decirte que un florero Lalique -regio- de la vitrina se craqueló y a la empleada de Ani se le laciaron los rulos que seguro la pobre se los había hecho el día anterior en Erikh'as Coiffure y yo, pucha, ante tal falta de respeto a la identidad andina no pude sino levantarme y retirarme con la frente más alta que las cumbres nevadas del Pumasillo. Así estamos. Chau, chau. (Rafo León).
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