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Edición Nº 1688 |
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AFGANISTAN
Tierra
Escribe CESAR LEVANO UN país guerrero que se muere de hambre. Eso es Afganistán, gobernado por talibanes (estudiantes) que en 1995 se adeñuaron del poder a sangre y fuego, guiados por su fanatismo islámico, y que ahora se han instalado en el centro del drama mundial. Historia terrible la de este pequeño país en cuyas montañas se refugia, hasta el momento de escribir estas líneas, Osama bin Laden, el multimillonario saudí que se convirtió en guerrillero en los días en que los afganos combatían contra el ejército soviético. Ya en el siglo pasado, Rudyard Kipling había celebrado el coraje bárbaro de ese pueblo que fue hasta 1919 colonia de los británicos. País áspero el de los afganos, de altas montañas y enormes desiertos propicio sólo para la cría de ovejas y cabras, y cuyo principal rubro de exportación es el opio. Curiosamente, Afganistán es un país en que los hombres
viven más tiempo que las mujeres. Se debe, sin duda, al maltrato
que éstas sufren, sobre todo a partir del reino de los talibanes,
que han reinstalado costumbres primitivas, que buscan ampararse en las
enseñanzas islámicas: allí en pleno siglo XXI, las
mujeres no pueden salir a la calle sino acompañadas por un hombre
y pueden morir a pedradas si las sorprenden hablando con un varón
que no pertenezca a su familia.
Como para sellar el destino de las mujeres, los talibanes han ordenado que las casas y las ventanas sean pintadas de negro. La mujer es considerada signo del pecado, como lo es la música, que está prohibida. Las mujeres tienen que cubrirse el rostro. El 85 % de las mujeres son analfabetas, lo es el 53 % de los varones. ¿Están contentas las mujeres con ese destino?, ¿lo aprueban la mayoría de los hombres afganos? Difícil es averiguarlo bajo una dictadura militar. Afganistán es país mediterráneo, de 652,225 kilómetros cuadrados. Es uno de los países de mayor mortalidad infantil en el planeta: 149 por cada mil (42.5 por mil en el Perú de 1999). Tres grandes grupos étnicos constituyen la mayoría del país: los pashtu, que representan el 38 % del total, los tadyiks, que son el 25 %, y los hazares, que forman el 19 %. La religión predominante es la sunnita, que practican el 84 % de los afganos. Como explica Fouad Ajami, en su libro Los árabes en el mundo moderno, editado por el Fondo de Cultura Económica, la denominación se deriva de sunna, que significa la costumbre, la ortodoxia. El segundo gran grupo religioso afgano es el shi'a, o chiíta. Su nombre se debe a que se hicieron conocidos como shi'at Ali, los partidarios de Ali, el hijo del Profeta.
Los idiomas de Afganistán son el pashtu y el dari (persa). Parece mentira que estos guerreros despiadados, estos violentistas que tanto maltratan a las mujeres, hablen el mismo idioma del poeta Omar Khayán que sólo aspiraba a embriagarse con los besos de la amada y la copa de vino en que flotaran unos pétalos de rosa. Ajami recuerda, en el libro citado, cómo la riqueza del petróleo instaló los placeres de la modernidad para pequeños grupos, y cómo una casta militar se fue apoderando del poder en casi todos los países árabes. Eso, y el despojo de sus bienes religiosos y culturales practicado por la globalización de una cultura ajena, ha creado un odio a la corrupción y un sentimiento de privación. En algunos casos, como en el de bin Laden, hasta millonarios que trabajaron con la CIA se pueden involucrar en máquinas de cólera, que se sirven de tecnologías y aviones de punta. "El liberalismo, el marxismo y otras ideologías son construcciones intelectuales, etiquetas, pero el resentimiento es demasiado humano y real. Las ideologías, en el mejor de los casos, no llegan a apoderarse de la realidad, a despertar emociones, pero el resentimiento puede ser un huracán." Eso escribió Fouad Ajami en 1981. Afganistán es ahora el ojo del huracán.
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