Edición Nº 1688

 

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    ARTICULO

    20 de setiembre de 2001

    Un Avión Una Vida
    Parecía árabe, y aún así decenas de médicos y bomberos se movilizaron -pese a la prohibición de volar- para salvarle la vida.

    Escribe DRUSILA ZILERI
    Corresponsal en Miami, Florida.

    LO supimos cuando Lawrence Van Sertima, este hombre grande y corpulento, de tez oscura, se recuperaba en su cama del Hospital Bautista de Kendall, en la ciudad de Miami. Era casi el mediodía del jueves 14 de setiembre, menos de dos días después de haber sido mordido por una culebra Taipan, y entre risas nos aseguraba que aún no podía creer que estuviese vivo.

    Este amante de las serpientes, con las que trabaja hace más de 40 años y que nunca antes había sido mordido, nos contó que, aturdido por lo que ocurría en la nación, ese día estaba distraído y que pasadas las 3 de la tarde, ingresó, junto con su esposa, a la sala en donde guardan todas las víboras recién importadas. En un momento sacó una serpiente Taipan de su jaula y, según él, inexplicablemente fue mordido en el dedo gordo de su mano izquierda. Inmediatamente, recuerda haberla guardado, puesto el candado y haberle dicho a su esposa lo que había ocurrido.

    En menos de cinco minutos, Van Sertima había perdido el conocimiento y en menos de una hora, al llegar al Hospital de Homestead, 45 minutos al sur de la ciudad de Miami, su condición era crítica. Un cuerpo antivenenos del Departamento de Bomberos del Condado Miami-Dade se hizo presente con el antídoto, pero, según el capitán Al Cruz, el cuadro que presentaba era peor de lo que se habían imaginado. "Cuando lo encontramos estaba entrando y saliendo de conciencia", nos cuenta. "Vomitaba sin parar. La sangre le salía por la boca, por la nariz, por todos los orificios de su cuerpo y muchos de los médicos aquí, nunca habían visto esto."

    El caso de Van Sertima es el segundo en la historia de Florida, ya que las víboras Taipan son escasas. Se dice que de 455 culebras venenosas en el mundo que pueden producir la muerte a un ser humano, la Taipan es la número uno en la lista. Es más, según el capitán Cruz, "una gota de veneno de una serpiente Taipan puede matar a 12 adultos".

    A eso de la 1:30 de la madrugada, Lawrence Van Sertima es transferido al Hospital Bautista en Kendall, donde se decide que el antídoto disponible no es suficiente para salvarle la vida. Mientras que Cruz finalmente logra encontrar la dosis y el antídoto necesario en el Zoológico de San Diego, en el estado de California. Johnny Delgado, director de los Sistemas Aeromédicos del Hospital Bautista, comienza una tarea casi imposible de cumplir. Con el espacio aéreo totalmente clausurado para aviones comerciales y privados y con la orden, dada horas antes por el Departamento de Defensa de los Estados Unidos, de derribar cualquier aeronave que no fuese militar, Delgado debía conseguir la excepción.

    "Y pasamos desde las dos de la mañana, hasta las siete de la mañana, negociando para poder conseguir el permiso," nos cuenta. "Varias veces se nos negó el permiso, pero ante la muerte inminente de nuestro paciente, nosotros insistimos". Finalmente, el permiso, señalado como humanitario, fue otorgado, tanto por la Administración de Aviación Federal (F.A.A.), como por el propio Departamento de Defensa en Washington. De inmediato un Lear Jet de una compañía privada de ambulancias aéreas, asumió la responsabilidad de cruzar de Oeste a Este el territorio estadounidense, trayendo consigo la dosis de vida.

    EL CASO MAS DIFICIL, EL DIA MAS DIFICIL

    "¡Es increíble!", recuerda Al Cruz, "este fue el caso más difícil, en el día más difícil, porque yo perdí muchos hermanos y hermanas en Nueva York para estar al lado de este señor y salvarle la vida". Es cierto, mientras que sus hermanos y hermanas bomberos quedaban sepultados bajo los escombros de lo que hasta hace algunos días fue uno de los símbolos del capitalismo mundial, dos pilotos despegaban de un aeropuerto de San Diego a las 8:45 de la mañana, hora local de California. El día era 12 de setiembre y estos pilotos, con el corazón en la boca, emprendían un viaje de seis horas en el único avión no militar que volaba en el espacio aéreo estadounidense. A las 4:30 de la tarde, hora de Miami, finalmente la ambulancia aérea pedía permiso para aterrizar a la torre de control del Aeropuerto Tamiami, en Homestead. Minutos después aterriza el antídoto, que es transportado en refrigeradores, es transferido a un helicóptero y de inmediato llevado al Hospital Bautista. Con el cuerpo de Van Sertima casi sin vida, con la sangre del paciente sin coagular, el antiveneno es suministrado de inmediato y casi una hora y media después, el paciente empieza a dar señales de recuperación.

    En inglés y con un acento marcado que claramente lo define como inmigrante en este país, Van Sertima nos dice: "I feel blessed". Se siente bendecido por haber tenido esa calidad de gente a su lado y, especialmente, dice "esta calidad de gobierno a mi lado". Para Johnny Delgado, el crédito le pertenece a este país que hoy atraviesa por tanto dolor. "Los héroes aquí son los del Gobierno que tuvieron la fe de creer en esta emergencia y hoy tenemos a un señor que está vivo"

    Irónicamente, el hombre recuperado es de aspecto físico árabe. Los costos médicos de este caso, que sobrepasan los $ 25,000, serán asumidos enteramente por el Hospital Bautista.

     

     


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