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Edición Nº 1688 |
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Barbaries Comparadas
EL 16 de julio de 1992, Lima se estremeció cuando Sendero Luminoso atacó vilmente un objetivo civil. Entonces, el corazón de Miraflores -la pacífica calle Tarata- voló en mil pedazos debido a la explosión de un coche-bomba con 500 kilos de anfo y cuya onda expansiva afectó a los alrededores. Murieron más de 20 personas, cerca de 200 resultaron heridas -ocho de ellas perdieron la vista y 6 las extremidades-, se destruyeron 164 viviendas, aproximadamente 400 establecimientos, entre agencias bancarias, tiendas, restaurantes, y hoteles, sufrieron graves daños. 64 autos quedaron inutilizados. Ocurrió a las 9 de la noche, luego de una oscilación del fluido eléctrico y subsiguiente apagón. A esa hora las calles principales del distrito de Miraflores, uno de los más comerciales de Lima, suelen estar llenas de gente. Quienes planearon y ejecutaron el atentado, buscaron causar los mayores daños posibles, pues ubicaron el coche-bomba en una calle muy estrecha, circundada por autos que sufrieron el impacto de la explosión. Ese día, los bomberos se batieron incansablemente durante horas para controlar los incendios que se produjeron y remover los escombros en busca de los heridos atrapados en el siniestro. Las imágenes de Lima beirutizada -en la senda de la libanización, como decía la prensa- dieron la vuelta al mundo y muchos no entendieron ni la existencia de una izquierda marxista a toda prueba en este país ni el porqué de tanta violencia. El grupo terrorista liderado por Abimael Guzmán -cuya captura se realizó dos meses después del salvaje atentado- había decidido implantar el terror, luego de su incursión en zonas rurales, en las principales ciudades del Perú. Al parecer, los objetivos de Sendero respecto a Lima cambiaron a partir de 1985. A mediados de la década del ochenta, el número de sus acciones en y cerca de la capital, se duplicaron. El año de 1992, por ejemplo, Sendero Luminoso asesinó a María Elena Moyano en Villa El Salvador, hizo explotar un coche-bomba en el centro de San Isidro y otro en Canal 2, que terminó con la vida del periodista Alejandro Pérez. Lo sucedido en nueva York, de escalas infinitamente mayores, cambiará el destino del planeta.
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