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Edición Nº 1688 |
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Buscando un MILAGRO
Testigo del Horror Escribe GUILLERMO DESCALZI MANHATTAN. Lo primero que vi de ella fue una tremenda columna de humo que divisé desde el otro lado del río Hudson, en Nueva Jersey. El martes 11, a las 8.45 a.m., estaba yo con la boca abierta en el dentista cuando escuché la noticia del primer ataque a las Torres Gemelas de Nueva York. Lo escuché por medio de una estación de radio y salí con la muela a medio curar. A las 9.30 estaba en el aire con mi compañero José Díaz Ballart, iniciando una transmisión que desde ese día no ha cesado, sin interrupción y sin comerciales. Desde ese momento hasta este día en que escribo -domingo- no se ha vuelto a pasar un solo comercial por la cadena. A las 10.30 a.m. del martes once mi jefe, Joe Peyrronin, me sacó del aire. Te vas a Nueva York, me dijo ¡ya! El problema es que no había cómo, estando suspendidos todos los vuelos, todos los trenes y los servicios de autobús. Así que manos al timón, nos subimos a una Ford Explorer de la compañía y empezamos a manejar desde Miami a Nueva York sin parar, de diez y media de la mañana del martes a 7 de la mañana del miércoles. New York visto desde el New Jersey Turnpike (la autopista de Nueva Jersey) me recordó los incendios de los pozos petroleros en Kuwait durante la Guerra del Golfo. La autopista estaba más taponeada que botella con corcho roto. Y los choferes esperaban en fila con los motores apagados. Yo, peruano al fin, decidí romper las reglas y avanzamos así, por varias decenas de millas taponeadas, andando por la cuneta. Horror de los horrores para la sensibilidad estadounidense. Manhattan estaba sellada. Es, como se sabe, una isla, y todos los accesos estaban clausurados y vigilados por el Ejército, la Policía, la patrulla estatal y la Guardia Nacional. Menos uno: en el Puente George Washington estaba abierta una vía de salida. Sólo de salida. Allí nos metimos contra el tráfico, y todo el mundo debe
de haber creído que éramos personajes en misión oficial
porque se hacían a un lado para que pasáramos. Simon, mi
camarógrafo, no paraba de decir I can't believe this! ("No lo puedo
creer") Y así tuvimos la suerte, si es que existe la suerte, de
saltar de la vía contraria a la vía correcta en la autopista
oeste en momentos que pasaba por allí un convoy de patrulleros
y vehículos de emergencia. Nos colamos en el convoy. Y así
llegamos.
IMPRESIONES DE LA BARBARIE Los rostros de la gente en la llamada "zona cero" eran rostros estupefactos. Eran bomberos en su mayoría los que encontramos en las proximidades de las Torres Gemelas y estaban recogiendo pedacitos. Hasta el momento en que escribo, a seis días del desastre, sólo se han encontrado unos 190 cuerpos "enteros". También 408 "piezas enteras" de cadáveres -cabezas, manos, brazos, torsos, etc-. El resto son pedacitos que se recogen en bolsitas plásticas y se colocan en camiones refrigerados. Esa primera mañana tras el desastre vimos llegar camión tras camión frigorífico. Eran para el almacenamiento de partecitas humanas. Tan chiquitas son, que no se anticipa identificar a muchos. Se ha pedido a los familiares que envíen a las autoridades de Nueva York muestras que contengan el ADN de los difuntos para identificar los trocitos. Piden cosas como servilletas usadas donde pueda haber restos de saliva, calzoncillos o calzones que pudieran contener fluidos del cuerpo. No sé si se estará pidiendo todo esto con alguna esperanza de lograr identificaciones, o si es sólo para alentar la esperanza en los deudos. Sospecho que es esto último puesto que el peso de los cientos de miles de toneladas que han caído sobre esos cuerpos los tienen que haber pulverizado. Es quizás por eso que el despeje de los desechos vaya a tomar tanto: porque se cree que en cada balde de desechos puede haber residuos humanos impregnados. Hay más de 5.000 personas oficialmente desaparecidas en ambas torres. Los expertos aseguran, sin embargo, que debe de haber no menos de diez mil en total. Nunca se sabrá. También se sacan los deshechos balde por balde porque lo que fue el World Trade Center es ahora el escenario de un crimen y está siendo tratado como tal. Junto a cada trabajador va un agente cerciorándose de que no se pierda una sola evidencia para dar con los asesinos. Todo está siendo cuidadosamente analizado. El proceso tomará tiempo. Mucho tiempo. Hoy se habla abiertamente de guerra. El Presidente de Estados Unidos advierte que no será ni corta ni limitada. Una guerra contra el terror. Temo las consecuencias, pero a lo hecho, pecho. No hay que llorar por los huevos rotos ni la leche derramada. Ya me veo en Kabul o Islamabad en los meses por venir.
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