Edición Nº 1688

 

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    ARTICULO

    20 de setiembre de 2001

    Peruanos Salvos
    Testimonios de milagrosos sobrevivientes e incrédulos espectadores de la tragedia del World Trade Center.

    (spaceimaging.com) Foto satelital del infierno. Varias decenas de peruanos trabajaban en el área del World Trade Center. Se calcula que por lo menos 5 han muerto.

    Escribe MARTIN MUCHA (*)

    MIENTRAS bajaba por las escaleras del piso 72 de la Torre Uno del World Trade Center, Joaquín Villafuerte sólo pensaba en dos cosas: en cómo correr más rápido y en su hermano José. Las escaleras atiborradas y las paredes que aún se movían le impedían retroceder. Todo era incierto y veía cómo los ojos de algunas mujeres las delataban. Ya no podían correr más y se detenían. Nadie las ayudaba. Y él tampoco podía.

    Ese mismo martes 11, más temprano, José y Joaquín Villafuerte cruzaron el puente de Brooklyn mirando sus relojes. A las 8 en punto, José firmó su llegada en el piso 82. Su hermano hacía lo mismo en el piso 72. Se quedó un rato conversando con sus compañeros mientras esperaba el piso en el cual le tocaría trabajar. A las ocho y media se decidió: sería el piso 80. Joaquín se quedaba como siempre en la misma altura. Y se distraía con la vista de vez en cuando. Ambos tenían la vida hecha en New York, varios de sus hijos vivían allí, sus casas son cómodas y a pesar de ser empleados de mantenimiento, no tenían de qué quejarse.

    PERUANOS EN "GROUND ZERO"

    La salida del subterráneo de la calle Cortland daba directamente al centro comercial del WTC. A las 8 y 30, Javier Domínguez lo atravesó raudo. Tenía los ojos, aún rojos de sueño, clavados en su computadora.

    Marco Moreno trabaja desde hace unos años en el Banco de Inversión Lehman Brothers en el edificio Tres del World Financial Center, al frente de la Torre Uno del WTC. Había llegado a las 7 para una rutinaria reunión de negocios. Al finalizar se detuvo a leer las noticias del día, esperando que Wall Street empiece a cotizar. Un sonido seco lo interrumpió. "Inmediatamente tuve un flash back de la época del terrorismo en el Perú, el sonido fue igual a cuando explotaban bombas en Lima. Mire por mi ventana y vi pedazos de metal que caían de la Torre Uno, vi mas arriba y no lo podía creer, había un hueco inmenso y mucho fuego".

    Javier Domínguez corrió a la ventana y sólo vio humo. Varios ya habían regresado a sus escritorios cuando pudo ver que otro avión se estrellaba. "Fue muy rápido, sólo un instante. Lo vi, no lo creí, pero supe que había pasado. Irreal. ¡Lo que había visto era un avión de pasajeros!"

    José y Joaquín Villafuerte migraron a los Estados Unidos por un mejor futuro. Derecha: Javier Domínguez, desde su oficina fue testigo presencial de los suicidios masivos. Sus historias son escalofriantes.

    Joaquín seguía bajando. Cada piso era una tortura. Eran olas de gente que luchaban por avanzar y no desfallecer. Él había escogido la ruta mas rápida. El conocía ese edificio como la palma de su mano. Faltaban 40 pisos y escuchó otra explosión. Los muertos. No sabía lo que pasaba y seguía su rumbo.

    Domínguez salió despacio. No pudo evitar mirar hacia arriba. "Vi un cuerpo cayendo de la torre. Varias personas se arrojaban desesperadas desde más de cien metros de altura tratando de escapar del humo y el fuego". Y todos con la vista al cielo. Impotentes. Vencidos.

    La Torre Dos cayó. La luz era el punto final del camino. Y Moreno con un par de amigos decidió caminar por el noroeste en dirección al río Hudson. Cogió el celular con el que negociaba y recibía datos de la bolsa. No funcionaba porque la antena de la empresa que brindaba el servicio estaba en la torre que se había caído. No se le borraba de la cabeza los dos hombres que se tiraron del piso cien. Su perspectiva visual era distinta de la de Domínguez.

    Tres minutos y hubiese sido el fin. Joaquín salió. Sus piernas estaban destrozadas. Lo habían pateado, arañado y sólo quería descansar. Al salir ya no existía la torre del frente. No existía. Una cuadra y su centro de trabajo se derrumbó. Eran sus amigos, sus recuerdos y su hermano. Todo condensado en toneladas de aluminio, vidrio y concreto desplomándose. Caminó los 20 kilómetros que separaban el extinto WTC de su casa.

    Los cabellos rubios de su esposa parecían brillar más cuando Javier Domínguez llegó a casa. Unos minutos antes su pequeño había sido recogido por la Sra. Domínguez de la escuela. Ella notó que varios niños esperaban solitarios y sin entender. Eran aquellos cuyos padres trabajaban en el World Trade Center.

    (P. Dominguez) Idílica imagen de Paco Domínguez, un peruano que se dedicó a retratar las Torres. Su hermano vivió el espanto.

    HERMANOS MILAGRO

    El dinero había impulsado a José Villafuerte a dejar su patria, su casa bien construida en Chorrillos y el amor por sus hijos. Se empleó en una empresa llamada American Building Mainteining. Ella le había permitido vivir y ahorrar y poderse dar lujos que nunca creyó. Y tenía a sus hijos como parte de ese impulso. Y se unió a su hermano en una aventura que hasta ese día sólo le había dado réditos.

    A las 8 y 30, José Villafuerte había decidido bajar al tercer piso a cambiarse. Cuando faltaban 15 minutos para regresar a su puesto y todo se estremeció, se fue. "Veíamos que las cosas estaban cayéndose. Pisábamos sólo vidrios". Ni un carro moviéndose. Descansaba de rato en rato. Los bomberos subían. Quería regresar por su hermano, realmente. Cruzó el puente. Un policía lo ayudó y llegó más rápido a su destino.

    Al lugar del desastre le dicen ahora "Ground Cero" ("Tierra Cero"). Joaquín se distrae con la televisión. No quiere regresar. Esta cansado. Parecía que no iba pasar el umbral de sus 55 años. Aún le duelen los pies. Y de vez en cuando tiene ganas de llorar. Su hermano José aún imagina el destino de su amiga que había ido a poner los papeles de los baños un tiempito antes. Después se enteraría que sólo aparecieron seis de los cuarenta y cuatro trabajadores de su empresa. Los cuarenta y cuatro eran sus amigos.

    (*) Colaboró Jimena de la Quintana

     

     

    Las oficinas de los 80´s de J.P. Morgan en la 60 de Wall St. estaban a metros del WTC. Luego de la fusión con el Chase Manhattan Bank, la mudanza hacia el 270 de Park Avenue se hizo hace unas semanas. La financista peruana Susana de la Puente cambió de lugar de trabajo por ello. Si no, ella hubiera padecido el terror del 11 de setiembre. El edificio del flamante J.P. Morgan Chase & Company se opacó por el polvo.

     


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