Edición Nº 1688

 

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    ARTICULO

    20 de setiembre de 2001

    Fantasías de Venganza
    Para los norteamericanos que anhelan la Ley del Talión, un neoyorkino les sugiere una condena acaso más dura.

    (G. Vereau) En Times Square miles de neoyorkinos observaban atónitos la tragedia. La respuesta irracional ya cobró dos víctimas de origen árabe en EE.UU.

    LOS días transcurren, pero nadie en EE.UU. olvida el terror vivido el martes 11. John Tierney, articulista del New York Times, escribe sobre las virulentas reacciones de sus compatriotas. "En tiempos normales, David Gonzales estaría en una vereda de Broadway vendiendo artesanía andina. En estos días está en Canal Street vendiendo banderas norteamericanas y no sólo porque el mercado ha cambiado. El Sr. Gonzales, que nació en el Perú hace 52 años, tiene sentimientos apasionados sobre el terrorismo. `Sendero Luminoso y otros grupos mataron a casi 25,000 peruanos', dijo. `Mataban a cualquiera: niños, madres, ancianos. No les importaba. Igual que los tipos que hicieron esto.'

    ¿Había alguna lección que aprender del Perú? ¿Alguna sugerencia? `Encuéntrenlos y mátenlos', dijo. `Nada de tribunales o juicios. Electrocútenlos'. Esa era una de las sugerencias más humanas escuchada en las calles. En el West Side, alguien que decía estar normalmente opuesto a la pena capital proponía realizar un desfile en Broadway con la cabeza de Osama bin Laden en una lanza. Un vecino prefería quemarlo vivo. En Midtown, hombres de negocios hablaban de soltar una bomba atómica sobre Kabul.

    (AFP) Dolor y rabia, y mucho deseo de venganza.

    Sin embargo, la sentencia de muerte más horrorífica que pueda imaginarse un neoyorkino no consiste en una amenaza a quien percibe la violencia como heroísmo y la muerte como un boleto de ida al paraíso. Un mayor castigo, o mejor, una venganza fantasiosa, sería una sentencia de por vida en una prisión cuyas paredes estuviesen revestidas con fotografías de matrimonios y vacaciones que hemos estado viendo esta última semana. Un terrorista pasaría sus días no con las vírgenes de grandes ojos negros, sino con sus propias víctimas.

    Su celda también podría tener un televisor. La pantalla sólo mostraría los funerales y la desolación de los amigos y los familiares llorosos. Una vez y otra. Y otra, y otra".

     

     


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