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Edición Nº 1688 |
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Fantasías de
Venganza
LOS días transcurren, pero nadie en EE.UU. olvida el terror vivido el martes 11. John Tierney, articulista del New York Times, escribe sobre las virulentas reacciones de sus compatriotas. "En tiempos normales, David Gonzales estaría en una vereda de Broadway vendiendo artesanía andina. En estos días está en Canal Street vendiendo banderas norteamericanas y no sólo porque el mercado ha cambiado. El Sr. Gonzales, que nació en el Perú hace 52 años, tiene sentimientos apasionados sobre el terrorismo. `Sendero Luminoso y otros grupos mataron a casi 25,000 peruanos', dijo. `Mataban a cualquiera: niños, madres, ancianos. No les importaba. Igual que los tipos que hicieron esto.' ¿Había alguna lección que aprender del Perú?
¿Alguna sugerencia? `Encuéntrenlos y mátenlos', dijo.
`Nada de tribunales o juicios. Electrocútenlos'. Esa era una de
las sugerencias más humanas escuchada en las calles. En el West
Side, alguien que decía estar normalmente opuesto a la pena capital
proponía realizar un desfile en Broadway con la cabeza de Osama
bin Laden en una lanza. Un vecino prefería quemarlo vivo. En Midtown,
hombres de negocios hablaban de soltar una bomba atómica sobre
Kabul.
Sin embargo, la sentencia de muerte más horrorífica que
pueda imaginarse un neoyorkino no consiste en una amenaza a quien percibe
la violencia como heroísmo y la muerte como un boleto de ida al
paraíso. Un mayor castigo, o mejor, una venganza fantasiosa, sería
una sentencia de por vida en una prisión cuyas paredes estuviesen
revestidas con fotografías de matrimonios y vacaciones que hemos
estado viendo esta última semana. Un terrorista pasaría
sus días no con las vírgenes de grandes ojos negros, sino
con sus propias víctimas.
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