|
Edición Nº 1690 |
|
|||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||
|
|
El Fantasma de la Indefinición
Martín Tanaka, politólogo del Instituto de Estudios Peruanos, propone a continuación, a caballo entre la investigación sociológica y la cátedra en la Universidad Católica, una visión de los recientes síntomas de vacío e indefinición mostrados por el Ejecutivo, las perspectivas del reciente mensaje presidencial, y adelanta los riesgos de caos -con una posible vuelta del fujimorismo incluida- que amenazan, de no plasmarse los objetivos reactivadores anunciados por el Presidente Toledo.
Entrevista PEDRO TENORIO LUEGO de la agitación social de la última semana ¿qué sensación le dejó el mensaje presidencial? -Me parece positivo que esté tratando de salir del hoyo con una serie de iniciativas, pero ante la falta de autocrítica no descarto que las cosas se puedan seguir complicando. Habrá que medir en las próximas semanas si logró salir del entrampamiento y si fue capaz de aceptar que había subestimado la gravedad de los problemas. Pienso que a la luz de éstos debió reajustar las expectaivas, explicar algo así como "en estas circunstancias, las prioridades van a ser éstas...". Me temo que las cosas no hayan cambiado gran cosa. -Toledo afirmó en su mensaje que este gobierno es también de transición, ¿qué sugiere esta declaración? -Hablar de transición implica aceptar sus limitaciones y en su mensaje persisten las promesas. Anunció que generará más empleos, pero no hay claridad sobre cuál es el norte, los pasos, los hitos de su gobierno. La gente es consciente de que no cabe esperar grandes cosas, pero para pasar de la conciencia a la paciencia hacen falta gestos. Crear nuevas expectativas es lo más peligroso. -¿Imaginaba hace dos meses la crisis de la que hoy intenta salir el régimen? -Hasta cierto punto los problemas surgidos han sido cuestiones magnificadas, pero lo que sí es un problema es esa dificultad para enfrentar las cosas: se termina siempre apagando incendios en vez de actuar preventivamente. -¿Es justo decir que han sido Toledo y sus promesas los que provocan la ola de insatisfacción en las calles? -Durante la campaña electoral se dijo que el programa de Perú Posible era gaseoso, que le faltaba concreción. Una vez que gana se arman comisiones de transferencia, pero cuando uno ve el Gabinete descubre una ruptura radical. Se nombran varios ministros que no habían participado ni siquiera en el plan de gobierno original y eso tiene un costo: que deban aprender desde cero. La consecuencia lógica es la falta de reflejos, las descoordinaciones que se vieron y que hoy intentan corregir. -¿La renuncia de Juan Manuel Guillén a la Comisión de Descentralización demostraría que hay vacíos de diverso tipo en el Ejecutivo? -¡Es que después se descubre que no pensaban igual! No puede ser que ahora, en el poder, recién comiencen a discutir en serio. Y así parece ser en todas las demás áreas, salvo quizás la política macroeconómica. -Nadie pretende empujarlo al despeñadero, pero ¿qué podría provocar la caída del Presidente Toledo? -Que el gobierno, pese a sus anuncios, dé muestras de parálisis, de ser incapaz de implementar respuestas eficaces, y el descontento aumente. Si la reacción es represiva o basada en ideas de conspiración, de "manos negras" que están detrás, podría sobrevenir lo peor. Este escenario viene de la exageración de rasgos de comportamiento que ya se veían desde la campaña. -¿Cuáles son esos rasgos? -Diría yo incoherencia, intolerancia ante las críticas. -¿Incoherencia, es decir aquel impulso que hoy lo lleva a decir una cosa y dos días después a decir algo distinto? -Lo que pasa es que el liderazgo de Toledo se construye en contra
de Fujimori. Entonces era relativamente fácil ser coherente teniendo
un enemigo tan visible. La negación a Fujimori te construía
un discurso, pero una vez que éste desaparece tienes que tener
uno propio, propositivo, y a esa ausencia me refiero.
-La oposición habla de apoyar al Ejecutivo y sus líderes hasta se reúnen con él, ¿a qué se debe? -A que no tiene sentido pretender ser la cabeza de la oposición cuando el gobierno tiene una aceptación cercana al 50 %. Si empieza a hundirse, la propia gente exigirá que la oposición sea más intransigente. Y hasta el propio movimiento de Toledo empezará a debilitarse, dado que fue un "ómnibus" al que muchos se subieron porque iba a ganar la elección. -Esta vez la crisis no surgió de un acontecimiento grave. -Para nada. Son problemas que se han hecho grandes por un manejo ineficaz. Bien visto son cosas pequeñas. -Está por ejemplo el tema del sueldo presidencial, que no se trató en el mensaje. -Y que revela una falta de sensibilidad. Así no se puede hablar de austeridad y de que no se pueden hacer milagros. Para el estado de ánimo que vive el país resulta chocante. El gobierno podría tener una bandera política muy eficaz encabezando el tema de la disminución de los sueldos. Son gestos que incluso podrían ser demagógicos, pero políticamente eficaces como símbolos. -¿Toledo necesita un ideólogo, una especie de guía para encauzar sus objetivos? -Yo me contentaría con ver un Consejo de Ministros coherente, es lo mínimo. En algunos objetivos él mismo ha comenzado poniéndose la soga al cuello: en el tema de las elecciones regionales Toledo se ha embarcado en una fecha para abrir un proceso que nadie sabe en qué consiste. -¿Cómo debió ser el mensaje del domingo? -Empezando por reconocer que no comenzó bien. "Hemos cometido errores, pero ahora sí tenemos una propuesta limpia y es ésta...". El país tomaría bien una rectificación de ese estilo. Toledo está pagando las consecuencias de no tener un aparato político que funcione, de su "independentismo" y de carecer de una organización bien asentada a nivel nacional. -¿Cuáles son los retos que Toledo tiene por delante, los hitos que debiera marcar próximamente? -Debe entender que su misión es que en el futuro no haya más gente como él. Que no haya más caudillos improvisados como lo fue él, que apareció cuatro semanas antes de la elección cuando se suponía que el gran adversario del régimen era Andrade. El tiempo está demostrando que fue la encarnación circunstancial de una cosa totalmente desestructurada, medio caótica, que recibe un país en ruinas y al que Paniagua encauza en parte. -Algo así como acabar con la matriz que lo ha parido. -Yo diría que ésa debería ser la tarea histórica que Toledo debería acometer. -¿Por qué le fue bien a Valentín Paniagua? -Para ser justos con Toledo habría que recordar que el horizonte temporal de Paniagua era bastante limitado. Se esperaba que ordenara la casa, que no tomara decisiones trascendentales. Toledo está obligado a tomar las grandes decisiones que van a marcar el rumbo del país en los próximos 5 años. Paniagua sostenía el gobierno sobre el prestigio personal de sus ministros. Toledo ganaría si girara un poco en esa dirección. -Ahora hay preocupación en las FF.AA. luego de que David Waisman anunció que saldrían 1,500 oficiales. -Es una cosa casi terrorista. Es todo lo contrario de lo que debería hacer, que es tratar de cohesionar un grupo de oficiales que apoyen la reforma que quiere hacer. -¿De qué manera afecta al Presidente la imagen de vida disipada que se le asigna? -Si el contexto fuera de bonanza se le perdonarían sus frivolidades, pero hoy estamos en un contexto de crisis, donde el Estado está como atado de manos por un problema fiscal. Es el momento donde las virtudes cívicas, la frugalidad como estilo, cosecharía los mejores frutos y ahí aparece nuevamente el modelo Paniagua. EL CASO FUJIMORI -¿Es posible que algunos peruanos extrañen a Fujimori? -Fujimori representaba una maquinaria muy eficaz en términos políticos, no era un bluff. Al hablar de él creo que se lo subestima últimamente. -¿Podría decirnos por qué? -Porque se lo reduce a los aspectos de mafia, de corrupción, que sin duda existieron y son escandalosos. Pero eso me parece un error. Era un gobierno que tenía programa, ideología e importantes bases de apoyo nacional e internacional. -Como nisei, ¿cómo se explica que el Japón lo proteja ciegamente, cómo interpreta esa protección? -Pesa el tema de la embajada, y la buena imagen que Fujimori tuvo hasta dos años antes de su caída y que lo convertía en motivo de orgullo para el Japón. Todo cambió muy rápido en un país que para el Japón no es para nada importante y por eso prima la visión de que se trata de una venganza política. -Si esta democracia fracasa, ¿el fujimorismo podría volver? -Si este gobierno termina mal no sería raro que haya posteriormente una revalorización de Fujimori. Dirá que no sabía nada, que no cometió delitos y que lo que valen son sus obras. Pero ése es un escenario catastrófico que conviene evitar.
|
|||||||||||||||
|
|
||||||||||||||||