Edición Nº 1690


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    ARTICULO

    4 de octubre de 2001

    Los Locos Del Volante
    Con los días contados. Con el datatrán no hay conductor que escape.

    196 papeletas
    170 papeletas
    266 papeletas
    10 brevetes
    10 brevetes
    Harol Espinoza Astocóndor
    "Che Ernesto": peinado a la gomina, usa bigote, no siempre lleva corbata.
    Raúl Oncihuay Mendoza
    "Fiebre de sábado por la noche": desaliñado, le gustan las carreras de auto.
    Ernesto Marcos Tacuche
    "Yo no fuí": apasionado de las maniobras y fanático de los récords Guinnes.
    Francisco Requez Calderón
    "Vicuña triste": respetuoso de las leyes no conduce sino con brevete.
    Ernesto Espinoza Rivera
    "Dios te guarde": le han sido decomisadas seis licencias de conducir.

    ¡Cuidado con estos "angelitos", pueden manejar su vida!

    General Diego Granda con equipo que detecta en el momento datos de vehículo y conductor.

    LOS cinco personajes de la galería son reales. Todos conductores de combis. Si bien los alias y el número de faltas asignadas a cada uno es arbitraria, lo concreto es que los tres primeros han acumulado un total de 596 infracciones de tránsito y los dos últimos han logrado reunir 20 brevetes. ¿Cómo así? Muy sencillo, cambiando de vehículo a cada rato -dejando con la arruga al propietario- y sacando duplicados de licencia en diferentes circunscripciones. El policía de tránsito ponía la papeleta, el conductor devolvía el carro y desaparecía de la ruta. El brevete era decomisado: quedaba como recuerdo en manos policiales. Esta situación contribuyó al caos general del tránsito en Lima y las principales capitales de provincias; y también a que el número de muertes por accidentes en las pistas -a nivel nacional- aunque suene duro decirlo, superara en número en la década de los 80s', a las muertes por terrorismo. Ante la gravedad de la situación, en junio del presente año una reunión de altos mandos de la Policía Nacional analizó el problema y convocó para el 5 y 6 de julio el Primer Congreso Nacional de Policías de Tránsito, que contó con la participación de 60 oficiales de la más alta graduación.

    En dicha cita se fijaron cuatro objetivos básicos: disminuir los accidentes de tránsito, fortalecer el principio de autoridad del policía (se contaron hasta 100 casos de policías femeninas agredidas), disminuir el índice de robo de vehículos y educar en el tema vial a la población. El general Diego Granda quedó a cargo de la operación en su calidad de Director Nacional de Tránsito.

    Con energía en el cumplimiento del deber, pero también con dotes diplomáticas y persuasivas, el general Granda inició campañas preventivas ofreciendo el servicio gratuito de pintado de placas, recordando la obligatoriedad del uso de cinturones de seguridad, colocando papeletas educativas a los vehículos que circulaban con deficiencia en las luces y revisando lunas, pues está prohibido el uso de vidrio crudo causante de heridas cortantes en caso de accidentes menores que no debían producir daño alguno. El paso siguiente es el del control y la multa, que ya se viene aplicando en los primeros casos. (En lo que se refiere a los escapes contaminantes se tropieza, por el momento, con un vacío en el reglamento, pues éste no fija límites de emanación permitidos). Por último, será indispensable que todo vehículo que circule en el país cuente con el seguro obligatorio de accidentes de tránsito (SOAT). El que brinde servicio público, tiene plazo para contratarlo hasta el próximo 31 de octubre; el de servicio interprovincial hasta el 30 de noviembre y al 31 de diciembre deberá contar con lo propio el de carga. A partir del 1o. de febrero del 2002 todo transporte automotor, incluido el particular, deberá tener el respectivo seguro; de lo contrario, saldrá de circulación.
    Espectáculo cotidiano en calles y avenidas. Al 31 de octubre todo vehículo de servicio público deberá contar con seguro obligatorio contra accidentes. Al lado; Javier Prado y Nicolás Arriola. Las combis se detienen donde quieren obstruyendo el paso.

    La Policía dispone de un nuevo reglamento nacional de tránsito para facilitar la labor de 2,200 efectivos (1,800 mujeres y 400 hombres) y con una herramienta extraordinaria: el datatrán. Especializado en informática, el general Granda implementó un sistema, con el apoyo de Telefónica Móvil, que le permite contar en segundos con información detallada del vehículo interceptado y del brevete de quien lo conduce. Afirma con orgullo que la Policía peruana es la primera en usarlo a nivel mundial. Se trata de una red de 80, pronta a sumar 200, de celulares (datatranes) conectados a una computadora central en la que se ha almacenado toda la información referida al parque automotor nacional y a todos los brevetes otorgados. Al activar el mecanismo y consignar la placa de un automóvil determinado, se esperan no más de cinco segundos (tiempo en que una suerte de cosquilleo angustioso se produce en el interesado) para que aparezcan las palabras no requisitoriado (¡Uff!) o, de lo contrario, las de los pecados cometidos; además de todos los datos que deben figurar en la tarjeta de propiedad y que deben coincidir con los del vehículo.

    Igualmente, al escribir el número del brevete, aparece la información original que, de ser diferente, pone bajo sospecha inmediata al interesado. Y aquí es donde, anteriormente, se pasaba gato por liebre. El brevete particular consigna la categoría l, el de chofer de servicio público ll, y el de transporte interprovincial y de carga lll; pues bien, un alto porcentaje de las llamadas combis son manejadas por conductores con brevete particular al que le han agregado un palito paralelo al anterior (ll). Esta es la razón por la que se ve gente excesivamente joven conduciendo este tipo de vehículos, y los que se movilizan constantemente en ellos podrán atestiguar que son precisamente los más irresponsables. Candidatos sin duda a engrosar la galería de los locos del volante. Pues bien, a todos ellos les ha llegado la hora del datatrán.

    Como a todos ha llegado la hora de contribuir con que las medidas adoptadas se conviertan en actitud cívica de respeto permanente. Ya algunas estadísticas de la Policía muestran una disminución de accidentes y robos, un aumento del respeto a la autoridad y se aprecia un uso generalizado del cinturón de seguridad. Algo por qué ser optimista. (A. Sánchez-Aizcorbe C.)

     


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