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Edición Nº 1690 |
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Humor, Terror Y Rock
MUSICAL de rock, remedo de serie B, discurso sobre la tolerancia y la liberación (sexual). Espectáculo. Estética de bajo presupuesto, historia paradigma para un público capaz de seguir la convención paródica de la simpleza. La pareja feliz de estudiantes, el carro descompuesto en una noche lluviosa, un castillo, el científico loco ultimando la creación de un nuevo ser. Mayordomos monstruosos. Frankenstein, Drácula, Ed Wood y El Ataque de la Mujer de 50 pies. Pero con rock, coreografías y una sugerente carga sexual (el doctor es travesti y su creación un semental). La escribió Richard O´Brien en 1973 y se estenó
en una salita en Londres comparable, según David Carrillo, el director
del montaje, a la Sala Joven de la Alianza Francesa. Lou Adler, productor
de Fox, decidió llevar la obra a EE.UU. y funcionó. Sin
embargo, al momento de hacer la versión cinematográfica
el fracaso fue tan rotundo (3 semanas en cartelera) como el éxito
que después conseguiría. La obligación de recuperar
lo invertido se materializó en funciones de medianoche en un puñado
de salas neoyorquinas. La necesidad empató con el espíritu
de la obra y The Rocky Horror Picture Show empezó a crear una suerte
de culto freak entre los noctámbulos espectadores, que empezaron
a disfrazarse como los exagerados personajes que representaban este sincero
homenaje al cliché, la marginalidad y la imaginación. El
resto es historia que, en cifras, podría reducirse a la traducción
en 15 idiomas y la representación en 30 países.
La puesta, en Perú, tiene que ver con la obsesión de David Carrillo por los musicales (confiesa que su aprendizaje se inició con El Diluvio que Viene de Osvaldo Cattone), su pasión por el teatro y la fe de Clemencia Ferreyros quien, a través de Se Va el Tren Producciones, se ha encargado de comprar los derechos de la obra y costear los gastos que ocasiona dirigir un musical (grabación de pistas de sonido, equipo técnico, etc.). Pero lo que más anhela Carrillo es desprejuiciar a los no pocos que sienten alergia ante el género. Su premisa es que las canciones sólo tienen sentido si funcionan como parte de la acción y no la cortan. Su apoyo es la familiaridad del público con el rock y un inspirador visionado de Moulin Rouge, la película de Baz Lurhmann. En ese camino ha buscado hacer un montaje divertido y recursero (más de la mitad del vestuario es producto de la canibalización de otros montajes), en el que lo acompañan Giovanni Ciccia, Vanessa Saba, Paul Vega, Jimena Lindo, Magaly Bolívar, Pablo Saldarriaga, José Enrique Mavila, Omar García y Rolando Reaño. En el Teatro Británico, de jueves a lunes a las 8:00 p.m. (Jerónimo Pimentel). Mundo Arribas
SER invitado a un espacio íntimo siempre es fascinante porque es como si el actor se despojara del vestuario y bajara del escenario y nos contara aquello cotidiano que lo atormenta. Cuando uno ingresa a la exposición de Arribas sucede algo parecido. Nos encontramos con una serie de objetos sobre el piso: esferas de vidrio, ruedas de metal y engranajes. Son elementos rescatados de su trivialidad para ser parte de una propuesta estética, completada por seis pinturas abstractas de los cuales parecen provenir todos los objetos circulares que yacen en el piso. Con ellas se afianza la idea de desacralización del arte pues los lienzos no poseen marco que los delimite, sino que por el contrario son continuados por placas de acero oxidado, telas en proceso, planchas de caucho, rejas de fierro y artículos de madera donde se puede sentir la huella del tiempo en las texturas y la apertura íntima de la artista. (JCM). Arte Compromiso
HERBERT Rodríguez explica su propuesta bajo un telón acústico donde se suceden un lastimero violín y una rabiosa guitarra. Dice que el arte debe ser una propuesta de política cultural que intente superar las brechas socio-económico-artísticas que existen. Para él los intelectuales tienen el deber de proponer los cambios porque tienen acceso a la educación, tiempo para reflexionar y relaciones sociales para lograrlo. Sin embargo, opina que la mayoría de artistas limeños dan una respuesta insuficiente porque no están en sintonía con la calle. Aclara que su propuesta no es de choque, cree en la tolerancia, en la pluralidad y el respeto. Pero también afirma que ésas son condiciones que se tienen que ganar. -Dada su posición, ¿no fue contradictorio estudiar arte en la PUCP y después vivir en Europa? -Es necesaria una formación académica y artística. No me arrepiento. Algo parecido sucedió en Londres, donde leía y pintaba. Pero no fue contradictorio porque hacía murales, exponía en festivales alternativos y lo más importante es que no me sedujo, volví a Lima, a Quilca. (JCM).
¡Ay, Corazón!.- El reto de Ana de Orbegozo era recuperar la especificidad de un concepto tan visitado como el del corazón. Y lo logra recreando el objeto a través de composiciones que aluden a patria, religión o conciencia de clase. La muestra se puede visitar hasta el 28 de octubre en el ICPNA de Miraflores (Angamos Oeste 160).
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