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Edición Nº 1692 |
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El Nobel y el ISLAM
No son pocos los literatos que, además de ficcionalizar demonios y pasiones, dedican su vida a reflexionar acerca del tiempo en el que viven. Vargas Llosa o Fuentes, usuales candidatos al Nobel de Literatura, son prueba de ello. Otro es V.S. Naipaul, el anglo-trinitario novelista que se llevó el último premio de la Academia Sueca. La visita a su postura sobre el islam nunca resultó más pertinente.
V. S. Naipaul nació en Trinidad, de padres procedentes de la India, aunque realizó su carrera literaria en Inglaterra. Sus novelas, reconocidas incondicionalmente por la crítica ("Una Casa para el Señor Biswas", "Un camino en el mundo") dan cuenta de su personal manejo del inglés, así como de la particular visión del mundo que posee, marcada por su procedencia periférica, a pesar de haber triunfado no sólo en Londres, donde reside, sino también en el mundo. En 1990, el Manhattan Institute of Policy Research le pidió una conferencia que él tituló Nuestra Civilización Universal. En ella da cuenta de su experiencia con el mundo islámico no-árabe. La validez de su punto de vista cobra inevitable relevancia frente a los acontecimientos que actualmente vivimos. Su postura consiste básicamente en que el islam, por encima de toda fe, sienta su base en la denigración del pasado previo a la llegada de éste, pues afirma, y en eso reside en mucho su poder, en la estaticidad del mundo que propone: "Pronto descubrí que ninguna colonización es tan absoluta como la que vino con la fe árabe. La gente colonizada o derrotada empieza a desconfiar de sí misma. En los países musulmanes de los que hablo (no árabes), la desconfianza tiene toda la fuerza de la religión. Es un precepto de la fe árabe que todo lo anterior a ella es un error...; no hay espacio en el corazón o mente de estos creyentes para el pasado pre-Mahoma. Por eso la idea de historia aquí es muy distinta que en otras partes; no hay deseo de mirar en lo posible al pasado, ni aprender todo lo posible de él". El islam, entonces, no sólo proporciona un orden -como toda religión-, sino que éste está delineado absolutamente por una creencia absoluta en algo que ya sucedió y que es inamovible. En ese sentido, la historia que no contempla ese pasado no debe existir, y el futuro debe estar signado por la motivación de preservar ese orden, lo que se acentúa en las facciones fundamentalistas. V.S. Naipaul señala el caso de Irán, cuya tradición persa (comparable a la griega y a la romana -anota-) aparece extinta, actualmente, a la sombra de la fe musulmana. En este contexto, el problema nace cuando la idiosincrasia musulmana choca con una completamente opuesta, la occidental, que contempla en su interior la mixtura de diversidad de razas y tradiciones -no siempre, pero ésa es la tendencia-, la posibilidad de futuro, de lo cual es ejemplo el propio Naipaul: "¿Por qué el islam está en contra de los valores occidentales? La respuesta, creo, es la histeria filosófica. No es algo fácil de definir o entender, y los voceros musulmanes no ayudan". Para ilustrar su concepto, el escritor trinitario cita la novela "Foreigner" de Nahid Rachlin, cuya protagonista regresa a su Irán natal luego de vivir en EE.UU., y se le plantea el conflicto que ilustra dicho concepto: "Ella no puede explicar porqué ha vivido al estilo americano. Sexualmente y socialmente -en detrimento de su éxito aparente- ella nunca ha tenido el control; ...podemos observar que la joven no está preparada para el cambio de civilizaciones, el movimiento fuera del envolvente mundo iraní, donde la fe era el camino completo, llenaba todo, no dejaba un esquina suelta en la mente o la voluntad o el alma al otro mundo donde es necesario ser individual y responsable, donde la gente desarrolla vocaciones, y se mueve por ambición y logros, y cree en la perfectibilidad." David Brooks, editor de The Daily Standar, reúne los lazos que atan esta visión con la realidad: "En su forma de ver el mundo, el futuro no es importante (¿entonces por qué no aniquilarte en un avión?). De hecho, la idea de un futuro desconocido y deseable es casi un insulto". EE.UU., que se forja como país con la inmigración y en la "promesa" ("el país de las oportunidades"), sería la antítesis perfecta del fundamentalismo que subyace a la ideología de, en este caso, Osama bin Laden. "Y él -como afirma Brooks- reconoce un enemigo cuando lo ve". (JP)
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