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Edición Nº 1692 |
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Concertación
ANTES de iniciar su viaje a Ecuador y China, el Presidente Toledo y Roberto Dañino dieron forma al esquema concertador que pondrán en marcha a su regreso de Asia. No fue fácil, pues el estilo del Premier y el de otros ministros, como Fernando Olivera, difieren enfáticamente. Pero Toledo parece decidido a encontrar la brújula que le permita superar esta etapa de incertidumbre ciudadana. El Acuerdo Nacional para la Gobernabilidad convocará a los líderes de distintas tiendas políticas e intentará decidir el derrotero de los grandes temas nacionales. "Desde que el Presidente reconoció que su gobierno también es de transición, el diálogo pasó a ocupar un lugar preponderante en su agenda", reconoce uno de los más cercanos colaboradores de Toledo. Y el diálogo no sólo había que buscarlo afuera, sino también al interior de la propia alianza de gobierno. Así, ministros, viceministros, congresistas y dirigentes de Perú Posible y el FIM (aproximadamente unas 170 personas) se reunieron entre el sábado 13 y domingo 14 para otear, en el Hotel El Pueblo y a puerta cerrada, todas sus diferencias. Dañino, además, necesitaba confrontar su modelo concertador con Carlos Ferrero y otros líderes de PP que proponían opciones distintas. El jefe del Gabinete apostaba por un esquema similar al de la Mesa de Diálogo de la OEA en los estertores del fujimorismo. Los críticos, entre los que se encontraba Ferrero, indicaban que esa propuesta los obligaría a establecer un cronograma, metas específicas por cumplir y un carácter vinculante sobre el Legislativo. Ante eso, Toledo optó por una vía distinta, la cual, en
sus propias palabras, "no le jalaría la alfombra" al Congreso.
El resultado: un listado de temas que la alianza PP-FIM apoyará
en el marco del Acuerdo Nacional para la Gobernabilidad que convocará
Toledo a su regreso de China, el miércoles 24.
El tiempo no es el mejor aliado. La última encuesta de Apoyo muestra que el respaldo presidencial sigue flaqueando: Toledo cae 9 puntos más en los últimos 30 días. Y los sondeos hablan de una caída acumulada de 17 puntos desde que se ciñera la banda presidencial. Así, el Acuerdo seguirá la mecánica de una reunión de consulta y no tendrá un cronograma de fechas o efecto vinculante sobre el Congreso. Precisamente, Dañino tiene el encargo de aprovechar la ausencia del mandatario para elaborar una agenda de temas sobre los que girará el diálogo. Estos serían: Reforma de la Constitución. Reforma de las Fuerzas Armadas. Descentralización. Modelo educativo. Seguridad ciudadana. A partir del consenso que pueda hallarse, se enunciarían las leyes que, luego de un análisis puntual, aprobaría el Congreso. Paralelamente, la alianza PP-FIM decidió tomar la iniciativa en algunos temas en los que el Apra y Unidad Nacional le estarían ganando por puesta de mano. No en vano Alan García y Lourdes Flores se explayaron en torno
a un suculento chifa el lunes pasado. En el almuerzo, que tuvo lugar a
invitación de García, ambos acordaron mantener un canal
de comunicación permanente con miras a formular una respuesta conjunta
-hasta donde ésta sea posible- respecto a los ofrecimientos del
gobierno.
Por lo pronto, el gobierno le encargó a Pedro Francke, jefe de Foncodes, la elaboración de una "Carta Social" (a ser publicada al regreso del Presidente) que "posicione" al Ejecutivo en el centro de la preocupación por las carencias sociales. Igualmente, se acordó relanzar la lucha anticorrupción colocando a Toledo a la cabeza de este proceso. Precisamente, el sorpresivo nombramiento del jurista Martín Belaunde como "Zar anticorrupción" busca bajarle el moño protagónico al ministro de Justicia, a decir de un colaborador presidencial que prefirió el anonimato. Para algunos, como el ministro Pedro Pablo Kuczynski, la encerrona de El Pueblo fue clave: salió fortalecido al explicarle a los parlamentarios el vía crucis de la reactivación económica. Preguntado sobre si el ambiente se caldeó en más de un momento, el ministro de la Presidencia Carlos Bruce reconoció: "No se habló fuerte, pero sí se habló claro. El Gabinete ahora entiende cómo funciona el Congreso, sus limitaciones y la razón de sus demoras". Pero no todo fue bucólico en El Pueblo. El sábado, Fernando Olivera y el primer vicepresidente Raúl Diez Canseco agredieron verbalmente a un periodista del diario El Comercio por haber publicado que, de acuerdo a una fuente, Toledo, Olivera y Diez Canseco habrían visto el vídeo Montesinos-Schütz una semana antes de que éste se conociera públicamente, desmintiendo así la versión presidencial al respecto (CARETAS 1691). La reacción es lamentable y podría dejarlos mal parados si, como parece, el informante sale a la luz cuando Toledo regrese de su largo periplo. A poco de cumplir 100 días en el gobierno, en PP son varios los que concertan. Lo hace Luis Solari con los secretarios generales de otros partidos políticos, el ministro Fernando Villarán en el Consejo Nacional del Trabajo, Carlos Bruce con alcaldes y líderes regionales -impidiendo así más de una marcha contra el Ejecutivo-, y Carlos Ferrero con las fuerzas políticas del Legislativo. Falta saber si, efectivamente, Toledo viene inspirado en las maravillas de Oriente y logra un segundo envión que le permita sentir que el suelo está parejo (Pedro Tenorio). La Isla Maldita
Escribe CESAR LEVANO LAS islas son en el mundo actual el último refugio que queda a los aristócratas, sostiene un escritor francés. En el Perú hay quienes creen que las islas pueden ser buen lugar para la cleptocracia. Me creo experto en esta materia (no la del robo): estuve preso en El Frontón en los años de la dictadura de Odría, y sé que, por más de una razón, era un infierno. Aunque habría que hacer un distingo: el infierno más cruel quedaba en el sector de los presos comunes. Allí, toda suciedad, todo vicio, toda estrechez, toda miseria tenían su asiento. En el pabellón de los políticos -apristas y comunistas- la situación era distinta. No había allí mínimas celdas, sino unos rústicos galpones, relativamente espaciosos. De día, todos los presos estábamos libres frente al mar. Los remolinos de El Camotal hacían las veces de rejas. Ni Tarzán hubiera podido escapar de allí a nado. Alguno lo intentó cubriéndose con las alas de un pelícano de ancha envergadura, pero lo cazaron a tiros. La escena más fuerte de mis días en El Frontón es nocturna. Nos habíamos declarado en huelga de hambre los presos políticos y comunes. Teníamos un comando conjunto del cual yo formaba parte. Denunciábamos la basura que nos daban como alimento, la falta de servicio médico y medicinas, el tráfico de alcohol y coca ejercido por la Guardia Republicana, custodia del penal. Al caer la noche sobre el mar y la isla, los comunes empezaron a quemar colchones y harapos, y la llama se divisó en el puerto del Callao. A medianoche, un yate blanco, que parecía arrancado de un filme hollywoodense, acoderó en el muelle. Traía al alarmado prefecto del Callao, Rivero Winder. Le expusimos, cifras en mano, el abismo que había entre el dinero asignado por el presupuesto para la alimentación y muestras del medrado menjurje que nos daban. Le mostramos paquetes de coca y frascos de alcohol introducidos por los republicanos. Firmamos un acuerdo con el prefecto. Al día siguiente tuvimos guisos con carne, en cantidad aceptable. Tanto, que se produjo algo que suele ocurrir con la selección peruana de fútbol cuando la concentran: indigestión general por ruptura de hábito alimentario. Reza un viejo refrán: acostumbrado a melcocha, manjar blanco me hace daño. Los remedios, la buena alimentación y la presencia médica duraron unos días. Después, a los cabecillas nos remitieron a la Cárcel Central y luego, a algunos de nosotros, de vuelta al Panóptico. La moraleja que extraigo de mi experiencia es que las islas penales no son buenas y pueden ser mortales, como ocurrió años después con los presos senderistas, que tenían, después de todo, una prisión de lujo comparada con lo que había sido la nuestra. Además, todo queda lejos: la visita de la familia a través de un mar peligroso, la vigilancia de las altas autoridades, la defensa legal legítima, el contacto levemente humano con la calle. En los años de las dictaduras de Benavides, en El Frontón se torturó en "la lobera", cueva que el mar invadía a la hora del crepúsculo, y hasta se enterró vivos a opositores. Una isla puede ser refugio de la aristocracia; pero también solitario peñón de la arbitrariedad.
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