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Edición Nº 1692 |
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Por JAIME BEDOYA
LA estupidez, cuando ignorante de sí misma, es bienaventuranza. Transita por la vida radiante y plena de satisfacción, ajena a su propia escasez de luces. Este tipo de limitación inadvertida puede arañar cotas de hermosura y dignidad, virtudes elusivas a algunas de las más esforzadas inteligencias. Pero la memez espiritualmente pura, como todo lo mejor en este mundo, no abunda. Ser un estúpido toma toda una vida, pero ser un estúpido admirable exige algo más, para empezar, una selecta aristocracia espiritual. Injusta resultan aquellas teorías que pretenden explicarla en términos de una gratuita transmisión genética. En realidad implica un copioso empeño personal a lo largo de la empinada cuesta que constituye su duro camino, el mismo que sufre del doble tributo de la incomprensión ajena. Esta es la estupidez feliz, la cojudez iluminada. La otra variante representada por la necedad encanallada, es la que puede verse y olerse a pasto en una sociedad como la nuestra, aún en franco proceso de purga moral. Una excrecencia de tantas formas como conveniencias que se camufla bajo lo menguado. Esta es la memez despreciable, a la que no se quiere aludir en estas líneas. Es hora de honrar lo que de sano hay en la torpeza. Basta de la idealización a rajatabla de la genialidad amoral. Felizmente no estamos solos en este reconocimiento y no son pocos quienes estiman lo impostergable de un justo homenaje a la silvestre nobleza de la imbecilidad. La más inocua de estas celebraciones de la estulticia lo constituye el Chindogú 1 japonés. Su regocijo en lo ameno que esconde lo estólido se basa en la plena conciencia de su naturaleza. El Chindogú es satírico y avisado. Y funciona de la siguiente manera. Promueve la invención de objetos inútiles (Chin= objeto, dogu= inútil). Inmejorable ejemplo de esto es el famoso bebecrece Chindogú que lleva adherido a partes estratégicas de la prenda (antebrazos, rodillas), material similar al huaipe. El propósito de esto es que el bebé, en su gateo habitual por la casa, vaya ejerciendo labores de limpieza. Inútil y perfecto. Los Premios Darwin 2, en cambio, implican un nivel mórbido de la babosería. Estos conmemoran a aquellos individuos que, honrando la memoria del padre de la teoría de la evolución, sucumben sus posibilidades de reproducción en favor de los genes más despiertos. Es decir, mueren o se castran por estúpidos. Caso emblemático: el terrorista que envía un sobre con ántrax sin la cantidad de estampillas necesarias para que llegue a su destino. El sobre es devuelto al remitente. Este lo abre, se contagia, muere, gana un Premio Darwin. Los Premios Nobel Ig 3, síntesis de las otras dos distinciones anteriormente mencionadas, cumplen la elevada tarea de reconocer la mejor de las estupideces: la virginal. No implican ironía alguna. Se entregan desde hace diez años de manera paralela a los de la Academia Sueca, abarcan diez categorías convencionales, y a veces son entregados por pasados ganadores de los verdaderos premios Nobel. Su misión es profunda, compleja y filosófica: busca honrar a aquéllos cuyos logros "no pueden o no deben ser reproducidos". ¿Exactamente qué debería entenderse por esto? Tal vez la mejor manera de adentrarse en la fiolsofía Ig sería zambulléndose en las cálidas aguas de sus más desconcertantes menciones de honor. En 1993 el Premio Nobel Ig de Literatura fue concedido a los 976 coautores de un ensayo publicado en el New England Journal of Medicine (vol. 329, no. 10, sept 2, 1993, págs 673-82). Lejos de importar la materia misma del ensayo 4, éste ganó la distinción por tener 100 veces más autores que páginas. En 1998, Peter Fong se hizo del premio Nobel Ig de Biología al suministrarle Prozac a ostras en busca de mejorar sus índices de felicidad (Journal of Experimental Zoology, vol. 280, 1998, pp. 260-64). Una minucia al lado del misterio que el inglés Robert Matthews quiso explicar con su tratado ganador del Premio Ig de Física, "Tostadas, la Ley de Murphy y Las Constantes Fundamentales "(European Journal of Physics, vol. 16, no 4, julio 18, 1995, p. 172-6), nada menos que responder el porqué una tostada con mantequilla siempre cae con el lado untado hacia el suelo. Este año, Peter Barss de la Mc Gill University se llevó el Nobel Ig de Medicina por su impactante reporte médico " Heridas Provocadas por la Caída de Cocos ". (The Journal of Trauma. vol. 21, no. 11, 1984, págs 990 - 1) En Biología, la corporación Under-Tec de Pueblo, Colorado, y su inventor Buck Weimer arrasaron con el Ig de Fisica por su "Ropa Interior a Prueba de Gases", una nueva generación de calzoncillos con filtro de carbon activado destinado a acabar con los malos olores de la flatulencia 5. Finalmente, en Salud Pública, compartieron el triunfo los doctores Chittaranjan Andrade y B. S. Srihari del Instituto Nacional de Salud Mental y Neurociencias de Bangalore, India, por su impactante estudio " Una Encuesta Preliminar de la Rhinotillexomania en una Muestra Adolescente ". (Journal of Clinical Psychiatry, vol. 62, no. 5, junio 20001, págs 426-31), donde descubre, tras encuestar a 200 adolescentes, que el tocamiento nasal es una actividad generalizada entre los jóvenes 6. Lo anterior no debería ser sino inspiración, abono, para promover postulaciones nacionales. Con humildad se sugiere a continuación algunos temas tentativos: * "Dispositivo portátil para optimizar el aprovechamiento del contenido total del tubo de pasta dentífrica. (Incluye Diez Reglas Básicas del Regateo en Provincia). Autor: Ernesto Shütz. * "Uso del Diminutivo en Vladimiro Montesinos" (Los casos Ernestito, Huarotito, Alipito y Panchito). * " Eficacia del Síndrome Roto-Cervical en el Alivio del Stress provocado por la Función Pública y/o el Protagonismo Político" (Sintomatología práctica en el Ministro de Salud Luis Solari, el ex presidente Bill Clinton, y el analista Dennis Falvy) * "Arte Alkalino: Acuarelas de Bilis y otros usos artísticos de sustancias hepáticas biodegradables" (autor: Fernando Olivera) Los peruanos sí podemos. ____________
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