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Edición Nº 1693 |
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¡Bajan en Barranco!
Escribe FERNANDO VIVAS LOS habitués de la noche barranquina desconocen lo que su municipio llama La Otra Cara. Barranco les vale un comino, lo bacán es que los bares de moda están concentrados, uno a tiro de piedra del otro y del pub discoteca, del sánguche, del anticucho, del ambulante que vende quetes y, si la noche fue redonda, del hostal. La otra cara es añosa, descascarada y mustia si se amanece con resaca en el pequeño distrito de apenas 3.3 km2. Pero, bien mirado, Barranco podría ser un Greenwich Village, un Barrio Latino o un Chelsea limeño y no una zona roja a la que sólo le faltan las putas (aunque las rucas husmean por el bulevar). Le sobran, en cambio, viejas casonas, calles perdidas, sitios históricos y hasta una colorida bajada al mar retando a quienes piensen que ir a Barranco de día es tan inútil como ir a la playa de noche. A Estuardo Núñez no hay que contarle nada de su distrito
porque todo lo ha vivido. 90 de sus 93 años los pasó allí,
se doctoró con una exégesis de la poesía de Eguren
en 1932, fue alcalde en 1956, y sigue disertando sobre su barrio. Al pie
del tranvía recuperado por el Museo de la Electricidad el veterano
despotrica de la noche: "Barranco ha sido desnaturalizado. Está
bien que la gente venga de fuera pero no a drogarse y convertir esto en
un burdel".
¿Cuál es su barrio ideal? "Habría que rescatar al
Barranco sano de espíritu, en el que grandes y chicos discutían
cuestiones culturales y problemas políticos en las bancas del parque".
Don Estuardo se aquieta cuando se le habla de Martín Adán:
"Iba con él, que entonces se llamaba Rafael de la Fuente Benavides
y punto, a visitar a Eguren a su casa de la Plazuela San Francisco, paseábamos
por los malecones que se echaron a perder con el terremoto del '40, bajábamos
a los Baños por la Bajada y subíamos por el funicular para
no perder el efecto refrescante del baño". Westphalen, Moro, Blanca Varela son barranquinos conocidos, así
que, para desafiar inútilmente la memoria del veterano, pregunto
por Mariátegui sabiendo que no tuvo mayores vínculos con
el distrito. "En efecto, Mariátegui no venía por acá...pero
pasaba. Se consiguió un auto usado para ir con su familia a La
Herradura y llamaba por teléfono a su buen amigo barranquino José
Diez Canseco, y él lo esperaba sentado en una banca, ahí
en el parque", señala don Estuardo.
Diez Canseco, hombre de mundo, el tipo exquisito que escribió "Duque", "El gaviota" y algunos de los cuentos peruanos más hermosos, esperando a su paisano más iluminado y agónico de todos, para solearse en la entonces virginal Herradura, con un saco deportivo, un sombrero de ala ancha bajo los jacarandás del parque, casi una estampa de Chabuca Granda sobre una banca que unos chibolos hoy estarán buitreando y de paso a la casa de cartón, a la tortuga ecuestre, a los reyes rojos y hasta a la niña de la lámpara azul. Con esa imagen, buscamos a la alcaldesa Fina Estrada de Capriata, para preguntarle qué está haciendo por lo que ella misma llama "la otra cara" de Barranco. Sabemos de su bronca con los bares ruidosos (acaba de cerrar el Sargento Pimienta porque no tenía licencia); que el desorden de trasnoche que poco aporta a un distrito que quiere subir la categoría de sus borrachos y cerrar las puertas a los pastrulos; que Larcomar le ha quitado público de paga y que serenazgo y la policía no son suficientes para moderar la juerga; que en lugar de hoteles para turistas hay hostales de paso. Pero, insistimos, ¿qué se hace por la tradición?
"Hay que llegar a los vecinos que han comprado departamentos de 450,000
dólares con vista al mar pero dan la espalda a Barranco. Es gente
que tributa pero no vive en contacto con la realidad. Han ayudado a remodelar
los malecones pero hay que comprometerlos a más". ¿El área
está protegida por en INC? "Si, un 70% del distrito es monumental,
eso tiene sus ventajas para proteger los sitios históricos pero
a veces dificulta ciertas obras". ¿Planes concretos de recuperación?
"En verdad, no hay presupuesto para nada ambicioso. Hemos instaurado paseos
peatonales con guías, estamos por poner placas de mármol
en monumentos, en el futuro reabriremos el funicular, está en estudio
la construcción de un museo en el parque Manuel Beltroy, donde
antes quedaba el zoológico, para albergar a la colección
de la vieja galería IAC que hoy está depositada en el Museo
de Arte".
El rescate de Barranco trasciende los esfuerzos de un municipio que tendría que empezar remodelándose a sí mismo para no desentonar con el Paisaje desde la Plaza. Desde la terraza de su casa, un tercer piso que casi desafía las normas de construcción de la zona monumental, la alcaldesa señala su cuartel edil: "Es un monstruo pero apenas tenemos presupuesto para las urgencias del distrito y nuestro plan de desarrollo. Hemos hablado con Promperú, con ministerios para que inviertan en Barranco pero no nos hacen caso. Queremos que el INC permita que algunos restaurantes de franquicia se establezcan en la zona protegida, que un McDonald o un Kentucky sean bienvenidos siempre y cuando respeten la integridad del local donde se instalen". Barranco tiene que convocar a todos sus potenciales rescatistas a la luz del día. Que funden hoteles, que abran restaurantes, que resanen la quincha y pulan el mármol. Es lo menos que merece su pasado.
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