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Edición Nº 1694 |
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¿Osama En Lima?
PIEL cetrina, barbas largas y canosas, turbante, chaqueta militar estadounidense, mirada de asesino. El terrorista más buscado del mundo, Osama bin Laden, se aparece en las inmediaciones de Larcomar, en Miraflores. Se le ve muy campante, como si sobre él no pesara una recompensa de 25 millones de dólares. Ante su inesperada presencia, las señoras aprietan el paso, se pasan a la acera de enfrente. Un peatón, en cambio, se apresta a comprobar, mediante un jalón, la veracidad de la barba. Osama -o mejor dicho Rafael Aste, un tipo que quiso poner a prueba su controvertido disfraz por el Día de las Brujas- achina los ojos y pone una expresión de asesino sin remordimientos: el peatón desiste y emprende la retirada. El disfrazado también decide cambiar de escenario. En el centro de Lima, Plaza de Armas y Jirón de la Unión, la gente hace mayor alboroto. Turistas y locales se acercan. "Osama, Osama", le gritan. "Lo allanamos y cobramos la recompensa", dicen otros. Se oyen pifias. Y antes de que se caldeen más los ánimos, y algún incomprensivo peatón se tome en serio la broma, Aste decide que su disfraz pasó la prueba y que está listo para Halloween. Al final, un anciano atraído por la multitud, dijo: ¡Qué tiempos, ahora hasta Papá Noel se va a la guerra!
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