Edición Nº 1695

 

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    ARTICULO

    8 de noviembre de 2001

    Terror en Madrid
    Crónica de cómo se vivió un atentado de ETA en el corazón de la capital española.

    Contra toda lógica, toda tregua y toda búsqueda de consenso, el martes 6, pasadas las 9 de la mañana (hora española), ETA hizo estallar un coche-bomba en el norte de Madrid, con el objeto de atentar contra un alto funcionario del Estado español. Circunstancialmente, Ramiro Escobar, nuestro corresponsal en Europa, se encontraba cerca del lugar. Esta es una breve crónica sobre este hecho, tan tristemente familiar para nosotros.

    Coche-bomba de la ETA causó heridos y pavor en la población. ¿Será posible el dialogo aún?

    Escribe
    RAMIRO ESCOBAR, desde MADRID.

    FUE un sonido seco, acompañado de una especie de zumbido potente y fugaz, que hizo retumbar las lunas de numerosos edificios cercanos. Casi inmediatamente, las sirenas policiales invadieron el ambiente de ésta, ya de por sí, ruidosa capital, al tiempo que la calle se llenaba de maldiciones contra los etarras.

    El atentado, acaso como una cruel paradoja (comentaría un ciudadano español), había sido en el barrio denominado Prosperidad, al norte de Madrid. Se hablaba de más de cien heridos y de dos muertos, aunque hasta ese momento todo eran rumores. Decidido a disolver la duda, corrí a la estación de metro más cercana.

    Dos paraderos más allá se encontraba la estación Avenida de América. A la salida se veía presencia policial, acordonamiento de la zona, bomberos que iban y venían. No era Nueva York, pero una torre cercana, perteneciente a la Unión General de Trabajadores (UGT), provocaba inevitable sensación de vértigo.

    Los vecinos aún estaban en la puerta de sus casas, en los balcones o mirando desde sus ventanas destrozadas, con el susto y la indignación en el rostro. Las cadenas de TV montaban sus cables, mientras los heridos leves salían caminando o eran ayudados por bomberos.

    El nombre del lugar del atentado sonaba irónico: calle Corazón de María. El boquete abierto por 25 kilos de explosivos en un edificio era espectacular, similar a los que otrora perpetrara Sendero Luminoso en cualquier calle limeña. Era un golpe brutal, sin piedad, a ese barrio mesocrático donde viven algunos militares.

    El coche-bomba iba dirigido contra Juan Junquera, secretario general de Política Científica, cargo importante en el ministerio de Ciencia y Tecnología. Había sido funcionario del Ministerio del Interior, en tiempos de Felipe González. Se podía especular de una motivación proveniente del pasado.

    Al parecer esperaron a que su vehículo pasara para activar el explosivo. Según una vecina, se trató de un error de 9 metros, pues ésa era la distancia entre la víctima y los sediciosos cuando se produjo el atentado. Eran las 9 y seis minutos a.m., hora en que Junquera iba, como todos los días, sin escolta a su oficina.

    No le pasó nada grave ni tampoco murió otra persona, pero de todas formas el coche-bomba tuvo serias consecuencias, algunas a tono con estas épocas de terror global. 77 heridos, de diversa consideración, y tal vez nacionalidad, fueron trasladados a hospitales cercanos. Los más graves: un tunecino, una joven inglesa, una madre española y su hijo de tres años.

    En medio de la tragedia, ocurrió un hecho digno del mejor talante español. Un testigo del hecho, avistó a dos sujetos que se alejaban del lugar en un Ford blanco. Sin dudarlo, se montó, en su 4x4 y por momentos se volvió uno más de los servicios policiales.

    Con una mano en el celular y otra en el timón, persiguió a los sospechosos, mientras daba indicaciones a los patrulleros. Su audacia condujo a la captura de Aitor García Aliaga y Ana Belén Egues Gurruchaga, miembros del "Comando Madrid" de ETA, quienes supuestamente perpetraron el hecho. Por supuesto, no se reveló el nombre del corajudo ciudadano. Minutos después, Mariano Rajoy, ministro del Interior, confirmaba las capturas.

    En junio pasado, a unas cuadras de la calle Corazón de María, el teniente coronel Justo Oreja murió víctima de una bicicleta-bomba colocada al paso. Los vecinos hablan de otros atentados, ocurridos al comienzo de la transición democrática.

    Con el paso de las horas, las calles de Madrid volvían a la normalidad, mientras surgían otras versiones. Días antes, el juez Baltasar Garzón ordenó detener a varios integrantes de Gestoras Pro Amnistía, grupo de apoyo a presos etarras, debido a que se presume que servían de enlace para coordinar acciones desde la cárcel. En el sexto piso del edificio mas siniestrado un cartel ensayaba una respuesta, acaso ingenua: "No a la guerra, otro mundo es posible".



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