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Edición Nº 1695 |
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¿Usarían
Valija Nucleares?
En 1997, el general Aleksadr Lebed, ex jefe de la Inteligencia de Boris Yeltsin, desató un escándalo. Había desaparecido la mitad de un arsenal de 40 valijas nucleares, bombas de plutonio de pequeñas dimensiones capaces de asesinar a 100.000 personas. Todo indica que traficantes chechenios vendieron parte o todas a Osama bin Laden. Una historia escalofriante que se remonta a los inicios del desmembramiento de la URSS y que puede causar una verdadera hecatombe. LOS bombardeos pasaron de un mes. Si bien las encuestas mundiales inmediatas no apoyan sustancialmente la guerra, la opinión pública norteamericana cree indispensable la acción bélica, en parte por la herida no cicatrizada de la destrucción de las Torres Gemelas. Osama bin Laden e Irak han respondido amenazando frontalmente a los Estados Unidos y a todos los "infieles del mundo". Lo tétrico, luego de los ataques de ántrax, es si los suicidas islámicos están dispuestos a utilizar las valijas nucleares que, según investigaciones de la inteligencia rusa y árabe saudita, posee Bin Laden. El general ruso Aleksadr Ivanovich Lebed, jefe de la Seguridad Nacional de Rusia, en la etapa de Boris Yeltsin, el 7 de setiembre de 1997, en Moscú, denunció que decenas de bombas nucleares no habían sido incluidas en las Conversaciones y Tratados de Desarme porque eran armamento regular de la KGB. Estas bombas eran las valijas nucleares, con un poder de destrucción de un kilotón equivalente a mil toneladas de dinamita. En una ciudad podría matar 100.000 personas. En 1998, Time le preguntó a Bin Laden por su intención
de adquirir armamento nuclear. "Adquirir armas para defender la fe es
una obligación", respondió.
Coincidentemente, en octubre de 1998 un oficial principal del Servicio de Inteligencia Arabe Saudita declaró que "Osama bin Laden había adquirido armas nucleares de las naciones que surgieron luego de la desaparición de la Unión Soviética". Esto sería corroborado por un reportaje de 1999 de Jerusalen Report. De inmediato el objetivo de varios aparatos de inteligencia del mundo fue confirmar esta versión y establecer cuál era el número de bombas portátiles que poseían los terroristas de Al-Qaeda. Según el libro Bin Laden, The Man Who Declared War On America, se logró conocer que se les pagó a delincuentes intermediarios chechenos 30 millones de dólares en efectivo y dos toneladas de heroína afgana, que valían más o menos 70 millones localmente y al menos diez veces más en Europa y Estados Unidos. Previamente, en marzo de 1995, agentes encubiertos de Aduanas de los EE.UU. habrían realizado una investigación sobre la introducción ilegal de armas en territorio norteamericano. Durante dos años intervinieron las conversaciones de altas autoridades del gobierno ruso. Descubrieron que entre los implicados en estas ventas estaba el lituano Alexander Pogrebevskij, quien ofrecía diferentes tipos de armamento ruso. El también tenía un folleto ilustrado con bombas nucleares portátiles. El ex Secretario de Estado James Baker, el 11 de agosto de 1996, durante
una Convención del Partido Republicano en San Diego dijo -con relación
al peligro de la existencia de estas mini bombas nucleares introducidas
clandestinamente en territorio norteamericano- que "es absurdo preocuparse
por las bombas a pocas millas de las costas de Miami -es decir, por Cuba-
si estamos sentados sobre el campo de minas nucleares más grande
del mundo. Ellas esperan en los cimientos, en los áticos, condominios,
en apartamentos, en vans, enterradas en los patios. Ellas sólo
están ahí, esperando, esperando, esperando".
Baker analizó crudamente la factibilidad de introducir estos artefactos por las fronteras de Estados Unidos y la ventaja que ofrecía al enemigo esta clase de ataque nuclear terrorista sin autoría declarada. Y, según él, no se trataba sólo de un terrorista, o de una ciudad. Ni siquiera era una sola bomba. Esto tenía estrechas relaciones con la información que el teniente general ruso, Alexis Yablokov, divulgó ampliando las declaraciones de Lebed, dos días después, el 9 de setiembre de 1997. El señaló que el diseño de estas armas nucleares respondía a solicitud de la KGB para operaciones especiales en la misma base del enemigo. Sus declaraciones aparecieron en la revista Novaya Gazeta de Moscú. En noviembre de 1998 se comprobó que ya había un estudio para atacar Estados Unidos. Un ex coronel de la Inteligencia Militar Soviética, Stanislav Lunev, dio ante el Congreso Norteamericano detalles de una misión de diez años que él realizó con pasaporte falso y acreditado como periodista en Washington. Lunev, asilado desde 1992, señaló que el propósito militar de su misión era ubicar en la capital los lugares precisos para desmembrar la nación norteamericana. El arma: valijas nucleares ubicadas en centros desguarnecidos cerca de las sedes del gobierno y de sus centros militares y civiles de comando y control. Esa información se habría esparcido también en el mercado negro de los ex agentes soviéticos. A este lugar fácilmente habría tenido acceso un terrorista como bin Laden. "Las bombas portátiles pequeñas ya estuvieron secretamente cerca, en Cuba, aun sin el conocimiento de Castro, pero en manos de las Tropas Especiales de la Brigada Soviética en la Isla", agregó. El número de bombas atómicas portátiles que tienen los terroristas de Al-Qaeda es un misterio. Las oficinas secretas rusas señalan que tiene "unas cuantas". Los agentes de inteligencia árabe señalan ya una cifra: "más de veinte". Espeluznante. Según la biografía de Bin Laden, un científico nuclear que habría trabajado antes para el programa nuclear de Saddam Husseim supervisó el proceso de adquisición. Varias de ellas, las que no han sido movilizadas, estarían guardadas en unos túneles en Qandahar, Afganistán. Para su uso, los terroristas se estarían entrenando con veteranos
de la SPETSNATZ, las desaparecidas fuerzas especiales soviéticas. Para activar una de estas bombas basta un hombre que active el mecanismo de tiempo. Y la decisión de arriesgar la vida. La antigüedad de estos aparatos, datan de los años '70, hace que cualquier error sea fatal. Una valija nuclear lleva aproximadamente 7 kilogramos de plutonio. No pesa más de 13 kilogramos cuando se le añade el equipo de detonación. Un niño de 12 años podría cargarla sin problema. Podría colocarse fácilmente dentro de otra maleta para disimular. Puede ser activada a una distancia suicida de una cuadra por un transmisor que es similar a un maletín ejecutivo. Una de estas armas podría destruir el Vaticano, toda la Roma antigua y varios siglos de historia y fe. Es uno de los probables principales objetivos. La Santa Sede ha recibido serias advertencias. Ante todo esto, la tentación de George W. Bush podría ser adelantarse. EE.UU. también posee pequeños misiles nucleares semejantes a dardos diseñados para penetrar bajo tierra. Allí donde se supone se atrincheran los principales líderes del Talibán y sus pertrechos. Algunos de estos misiles llegan a penetrar hasta 18 metros debajo de la superficie. Fueron creados para destruir bunkers que tuviesen 10 metros de concreto armado y metal. El GBU-28, que es el modelo principal, es un arma que utiliza una guía láser prácticamente infalible. Su potencia es de 5 kilotones. Crea un cráter y el nivel de contaminación es muy alto. El área queda plagada de radiación. En medio de una guerra que se avizora larga, existe un balance que implica humanidad y cordura. Es el reto planteado a occidente. Bin Laden camina con sus propias reglas.
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