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Edición Nº 1695 |
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¿Qué Pasa
en Palacio?
UNA cortina se levanta delante de Palacio de Gobierno, sobre las rejas, desde hace poco menos de un mes. Es blanca, pero ciertamente no es de humo como lenguas maledicentes podrían inferir. Cubre, eso sí, las obras que se realizan en el Patio de Honor para reemplazar el piso de asfalto. Es comprensible, desde luego, que el gobierno de un país que aspira a convertir al turismo en importante fuente de divisas se preocupe por la preservación y el mejoramiento del patrimonio arquitectónico de Lima monumental. Al menos en lo que le corresponde. Aun si este empeño significa privar a los visitantes nacionales y foráneos, temporalmente, de una visión completa del conjunto arquitectónico de la Plaza Mayor y del ritual del cambio de guardia. Lo que inquieta a la ciudadanía, sin embargo, es la duración de las obras de remodelación de Palacio, que en conjunto duran más de tres meses, y la escasa información que al respecto se brinda. En las dos últimas semanas CARETAS ha venido solicitando a la Casa Militar y a la Oficina de Prensa precisiones relativas a las obras realizadas tanto dentro como fuera de Palacio. Aquélla nos remitió a ésta. No hubo respuesta. Consultado in situ uno de los ingenieros a cargo de la remodelación del patio de Palacio no supo qué responder. Todo lo que se conoce respecto del monto que se ha gastado son rumores. Fuese cual fuese, sin duda será una cifra nimia comparada, por ejemplo, con los US$ 1,800 millones conseguidos en la mesa de donantes en Madrid (CARETAS 1694). Visto desde esa perspectiva el asunto puede parecer minúsculo. Una anécdota, apenas. Como diría el premier Roberto Dañino. Pero a menudo la política está jalonada de anécdotas. Y, particularmente en las actuales circunstancias, todo gasto insuficientemente justificado alarma a la opinión pública y, esto, ciertamente, de algún modo queda reflejado en las encuestas sobre la gestión presidencial. Toledo ha dicho que una vez concluidas las obras solicitará la realización de una auditoría al respecto. El problema es que al ritmo que marchan tanto las obras como los planes de remodelación de Palacio, no se sabe cuándo concluirán aquéllas. Y entre tanto, en el imaginario ciudadano, el monto de la inversión crece a la sombra del silencio. (S.C.)
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