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Edición Nº 1695 |
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El Recuento de los 100
Días
A la caída de la tarde del lunes, el presidente Toledo se sintió inspirado y creyó recitar a César Vallejo cuando dijo: "Ay, hermanos, hay mucho por hacer". No era precisamente una demostración vallejiana en el Colegio Nacional César Vallejo de San Juan de Miraflores, que visitaba justo cuando acababa de cumplir sus primeros cien días de gobierno. Era una falla menor en un balance temprano que no es tan formidable como cree el Presidente, ni tan sombrío como juzgan algunos de sus críticos. Lo cierto es que algunos de los defectos "menores" del mandatario tienen magnitud considerable a ojos de la opinión pública. Por ejemplo, el altísimo sueldo presidencial de 18 mil dólares, que CARETAS fue la primera en exhibir. Resultó buena acción reducir esa suma, aunque al nivel todavía notable de doce mil dólares. Otros defectos empezaron a ser señalados por diarios y revistas, e incluso por publicación tan mesurada como Semana Económica del Grupo Apoyo: impuntualidad, horario trasnochador, "salidas a restaurantes caros", etc. Son factores que tienen un carácter simbólico, un efecto de demostración negativo, sobre todo en un país que padece una prolongada crisis y en el que la mayoría se debate en la pobreza, atenazada por sueldos ínfimos. Pero no deberían opacar aciertos que deben ser puestos en la balanza, porque son de peso. El saldo positivo de los cien días incluye los logros de la mesa de donantes, el inicio del programa "A trabajar" y el "Huascarán", destinado a reformar y fortalecer la educación, o el plan de préstamos a los empleados públicos con destino a viviendas. Quedan serios déficit, sin embargo, en las áreas de descentralización,
legislación laboral, sueldos de sectores neurálgicos y postergados
como los maestros, los trabajadores de salud y la Policía. Al igual
que Fujimori, el mandatario actual prodiga computadoras en los colegios;
pero, al igual que su antecesor, no presta mayor atención a las
universidades públicas, que reclaman fondos para libros nuevos,
laboratorios al día y, paradójicamente, computadoras. Los
sueldos de los profesores universitarios, muchos de ellos con títulos
y posgrados en universidades extranjeras, están a distancia kilométrica
de los que reciben, por ejemplo, los congresistas.
LA JORNADA DE TOLEDO Desde que CARETAS 1684 (23 de agosto) dio señal de alarma sobre el sueldo de Toledo, publicaciones nacionales y extranjeras han puesto el acento en esa materia. En días recientes, el dato alimentó una especie de triángulo polémico. Primero, Lourdes Flores, la lideresa de Unidad Nacional, descargó artillería pesada con el pedido de que Toledo se rebajara el sueldo. Eliane Karp respondió desde el Cusco el domingo 4, con un argumento sorprendente: "El Presidente trabaja 20 horas al día". A las 24 horas, en su visita al Colegio César Vallejo, el jefe de Estado anunció, sin decir agua va, que se rebajaba el sueldo a doce mil dólares, y que las sumas recibidas por encima de ese nivel a partir de agosto -es decir, 18 mil dólares en total- serán destinados a un fondo independiente llamado "A Estudiar". En todo caso, la defensa de la Primera Dama de la Nación resultó contrariada por el defendido mismo, como quien dice: no me defiendas, esposa. La argumentación de la dama reavivó el interés por el horario de trabajo del Presidente. Su intenso trajín del último lunes, por ejemplo, comenzó a las seis de la tarde, para ir al César Vallejo. Había regresado el domingo de varios días de gira y descanso por el norte, y no había hecho nada oficial el lunes durante el día. Este martes, a las 11 a.m. recibió la condecoración máxima de la Marina de Guerra y por la tarde lo único que hizo fue reunirse con su equipo de prensa. A esto siguió, según fuentes de Palacio, una agenda libre. No es que el más alto funcionario de la Nación dedique buena parte de su tiempo a la meditación. La calidad de sus discursos va en continuo descenso, aunque algunos que lo han escuchado en exposiciones en Estados Unidos o Europa aseguran que es mucho más elocuente y articulado en inglés. Esto puede deberse a que toda su etapa de formación y maduración profesional ha transcurrido bajo el signo del inglés, no del español. Lo cierto es que hasta ahora el Presidente no tiene quién le
escriba. A lo mejor, la Primera Dama, en lugar de dedicarse a instalar
comités de su oficina a lo largo y ancho del país, según
tiene prometido, debiera consagrarse a mejorar los mensajes -que son importantes
en alguien que tiene la función de conducir al país, de
fijarle rumbos, de inspirarlo.
EL PODER DE LOS POBRES Uno de los momentos más tensos de los cien días toledanos ha sido el debate sobre los convenios de estabilidad tributaria que favorecen a empresas eléctricas. La actitud de congresistas no sólo de la oposición, sino incluso de algunos oficialistas, en favor de efectuar cobranzas tributarias a Luz del Sur y Edelnor, provocó la ira de Pedro Pablo Kuczynski y originó un curioso realineamiento (ver recuadro sobre el Apra y Unidad Nacional). Lo cierto es que el Presidente de la Comisión de Fiscalización del Congreso, el aprista Javier Velásquez, encabezó la batalla en pro de los cobros y de la derogación de una cláusula arbitral en que se amparan las empresas aludidas. La discusión provocó un choque interno en Perú Posible. Luis Solari, ministro de Salud y secretario general de Perú Posible, retiró su confianza a Víctor Valdez Meléndez, el diputado de PP que había votado contra el punto de vista gubernamental en la Comisión de Fiscalización. La verdad es que los congresistas están amparados en su derecho de opinión por el artículo 93º de la Constitución, el cual expresa que los congresistas "no están sujetos a mandato imperativo ni a interpelación". Es una conquista parlamentaria que tiene, desde su propugnador, el inglés Edmond Burke, dos siglos de antigüedad. En todo caso, el episodio fue una demostración de que el partido del gobierno no es un ejemplo de cohesión doctrinaria. DURA REALIDAD Lo cierto es que el Presidente se enfrenta a retos que no son los de siempre en el Perú. Hereda largos años de mal gobierno, bajo Alan García, de destrucción violentista desde Fernando Belaunde y de saqueo y robo en la década de Fujimori. Sería injusto pedirle que en cien días cambiara al Perú. Pero lo que sí puede reclamársele es que atienda a las críticas independientes y razonadas, que deje de acusar a sus opositores como prueba de que el fujimontesinismo "está vivito y coleando", según su cantaleta y, sobre todo, que corrija errores, como lo ha hecho parcialmente en el caso de su sueldo. Otra cosa que podía pedírsele es sentido de la austeridad, para no malgastar en viajes de amplio cortejo y en misteriosas refacciones palaciegas. Otro reclamo es que tome en cuenta la realidad. No se había enterado de que el pueblo de Los Organos, a cuyo colegio donó once computadoras y un televisor sólo tiene corriente eléctrica dos días a la semana, y eso, por horas. Sin sentido de la realidad, ni en Los Organos ni en otras partes del país vamos a ver la luz al final del túnel. "¡Ah, desgraciadamente, hombres humanos,/ hay, hermanos, muchísimo que hacer!" (Vallejo).
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