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Edición Nº 1695 |
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El Cholo Hizo Bien La Corona recompensó a los virreyes del Perú -el virreinato más codiciado de las Indias- con sueldos exorbitantes. Era una manera de premiarlos por la responsabilidad que significaba gobernar un territorio muy extenso, de variadas culturas y con una población española difícil de manejar. Entendible y lógico. Lo que resultaba incomprensible, teniendo en cuenta la situación de pobreza que aqueja a la mayoría de los ciudadanos, era la suma que recibía nuestro actual presidente. Por eso, Toledo ha hecho bien en rebajarse el sueldo, que aunque sigue siendo alto, ya no es escandaloso.
Escribe LOS virreyes no se rascaban la panza, aunque sus regordetas figuras -perennizadas en tantos cuadros-, así lo sugieran. A ellos les correspondía -dice el historiador Teodoro Hampe-, un sinfín de obligaciones: ejercer la gobernación civil y la defensa militar, vigilar la hacienda Real, administrar justicia, gratificar a los beneméritos, fomentar la predicación católica y garantizar la conservación de los indios. Junto con el cargo de gobernador, llevaban el título de capitán general. "Este -explica Hampe- los constituía en supremos rectores de los asuntos de guerra y también ejercían de jure el oficio de presidente de la audiencia. Todos los virreyes designados para el Nuevo Mundo -por los pomposos apellidos- eran, con o sín título, de linaje noble. "Caballeros de sangre ilustre -asegura el historiador- que pertenecían a la categoría de funcionarios de capa y espada". En esa época -hablamos de los siglos XVI y XVII-, los caballeros no se formaban en aulas sino que se entrenaban para la vida guerrera mediante los torneos de caza o la participación directa en los campos de batalla. Por este motivo, por ejemplo, carecían del derecho a voto en la determinación de sentencias judiciales. Estos señores de tan recargada agenda ganaban un sueldo despampanante. Sólo comparable, salvando el tiempo y la equivalencia, al que recibía nuestro Presidente de la República. La diferencia radica en que el Perú de los virreyes era tan rico como quería. El actual, ya sabemos. "Desde un primer momento -continúa Hampe- se hizo evidente que
la Corona daba un trato de preferencia a los virreyes del Perú,
pues ganaban más del doble que sus colegas de México". A
las fuentes nos remitimos: "Cuando el primer virrey novohispano, don Antonio
de Mendoza, efectuó en 1550 su traslado de la ciudad de México
a Lima, se le recompensó con un aumento de salario de 8,000 a 20,000
ducados por año".
Hacia finales del siglo XVI, quedó establecido que los gobernantes del virreinato de Nueva España recibiesen un sueldo anual de 20,000 ducados, mientras para los virreyes del Perú se fijó el salario de 40,000 ducados anuales (cantidad que después sería rebajada a 30,000). Ergo, el virreinato de Lima era considerado como el puesto más importante y mejor remunerado de la América española. Difícil, si no imposible, transformar ducados en dólares o nuevos soles. Pero un par de datos pueden darnos cierta idea. Un Oidor -que por cierto la pasaba muy bien- recibía 4,000 ducados al año. Un virrey percibía dos veces más que las encomiendas más ricas que pudieran recordarse. Entre ellas, la de Potosí. Un gran salto en la historia para llegar a 1968. "El general Juan Velasco Alvarado ganaba el sueldo de general, como todos sus ministros". Así lo confirma el general Edgardo Mercado Jarrín, ministro de Relaciones Exteriores del gobierno militar. Mercado Jarrín no recuerda exactamente a cuanto ascendía entonces el sueldo de un general, pero actualmente esto es lo que ganan: 2,300 soles más la gasolina. Total: 6,000 soles. "El presidente -agrega- tenía, además de seguridad, movilidad, peluquero, médico, sastre, etc.". Se sabe que el último haber del arquitecto Fernando Belaúnde Terry, recibido en julio de 1985, no llegaba a los 300 dólares. El del doctor Alan García Pérez, como lo pudo comprobar la comisión que lo investigó por enriquecimiento ilícito, entre 1,800 y 2,000 dólares. Igual que otros presidentes, gozaron de médico, peluquero y demás. Como se puede suponer, el doctor Valentín Paniagua, el mandatario más discreto que ha pasado por Palacio -siguió percibiendo su remuneración de congresista- evitó, en la medida de lo posible, gastar en seguridad (Seguridad de Dignatario, le dicen). "Ni siquiera quería un patrullero en la puerta de su casa", afirma Mario Razzeto, secretario de prensa de su gestión. Inclusive, una vez que se averió el avión presidencial se alegró, porque debía usar uno más pequeño y por lo tanto menos oneroso. En Palacio trabajan 600 personas, entre civiles y militares, en dos turnos. Hay tres cocineros. Un chef para el presidente y los funcionarios, otro para los empleados y otro para los militares. El jefe de la Casa Militar no gana más de 2,500 soles. El es quien maneja el pliego -quien paga- para que el presidente no se responsabilice de nada. Hay un médico, las 24 horas del día, asimilado a las Fuerzas Armadas, peluquero, sastre, comidas y bebidas. Un Presidente tiene todos los servicios asegurados. Como se dice hoy en día, Alejandro Toledo se ganó.
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