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Edición Nº 1695 |
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Hasta el CUERNO
Por EL MARQUES DE VALERO DE PALMA UF .....! ¡Vaya corridita! ¡De las que hacen época! ¡Qué horror! De las peores que uno puede espigar del baúl de los recuerdos. Y es de las que hacen época porque en ella no intervienen peyorativamente los toreros. Es de las que hacen época porque los toreros estuvieron los tres francamente bien tomando en consideración lo que tuvieron delante de ellos. Pero aún estando francamente bien, con ganas, con las pilas puestas, con toda la intención de triunfar, sabiendo lo que hacían, no pudieron atisbar el triunfo. Esto es fácil de entender pero difícil de encontrar. El desacierto en los toreros cuando tienen delante toros malos es común, porque se "tapan", empleando el argot taurino, en las dificultades evidentes de los toros para no arriesgar. "Pasan piola", como dicen por estos lares. En este caso la corrida "es de las que hacen época" porque hay que apuntar total y absolutamente el fracaso de la tarde en el ganado. Los toreros, Rafael Gastañeta, El Califa y Alfonso Romero, excepción hecha del momento de matar, salieron indemnes de cualquier crítica. Y espigando en la memoria uno se encuentra con corridas funestas porque
los toreros estuvieron pésimos en su quehacer, inhibidos o cobardes.
O los toros salieron ilidiables o mansos de solemnidad o llenos de veneno
o impartieron el terror, con lo cual siempre se puede aquilatar esas circunstancias
de lidia extremadamente difíciles que hacen interesante una corrida
para los muy entendidos. Estas corridas pésimas llevan en su entraña
cierta emoción, cosa que lamentablemente no se dio en esta corrida
de marras. Estos toros de Corazón de Oro, ex Chuquizongo, aparte
de su cursilísimo nombre no fueron nada. Nada de nada. Y fueron
también todo de todo ¿Cómo se entiende esto? Pues
no fueron nada de nada porque no transmitieron a los tendidos el peligro
oculto que llevaban inmerso. No contagiaban nada, propiciando una tarde
plúmbea, en la que ni siquiera el menor hálito de emoción,
con escalofriante revolcón del Califa incluido, estuvo presente
en Acho. Eran toros con cierta lámina aunque frágiles, quebradizos,
apocados, oscuros, que hacían calar en la concurrencia el tedio
de su falta de personalidad, de su avitaminosis, de su genética
falsaria de auténtico toro bravo. Y eran todo de todo porque, escondida tras su impersonalidad, tras su
falta de transmisión, tras su nadería acabaron siendo un
compendio de todos aquellos defectos que oscurecen las corridas de toros.
Fueron de todo: sosos casi siempre, mansos a ratos, reservones, flojos,
faltos de codicia de la buena, se revolvían en el pase, se colaban,
se quedaban y llevaban veneno en mayor y menor grado. También eran
petroleros consumados. ¿Qué es esto de petroleros? Esta
palabra la oí por primera vez viendo una corrida en la plaza de
Madrid en un tendido alto, en compañía del maestro Antonio
Díaz Cañabate. El me definió a un toro que en aquel
momento escarbaba la arena muchísimo como toro petrolero. La palabra
nunca quedó en el argot taurino escrito, aunque de vez en cuando
se oye por ahí en los tendidos. Pues estos toros también
eran petroleros. Tenían todos los defectos matizados, disimulados,
sin que se notaran demasiado, exhibiendo a primera vista una blandura
angélical propia de hijos de su madre. No tenían esa dignidad
y prosapia, hija del Averno, que caracteriza al verdadero toro terrorífico
cuyo mensaje demoníaco cala en los tendidos. ¿Recuerdan
a Vicente Barrera volando por los aires en tres ocasiones seguidas hace
dos años? El quinto de la tarde, por querer aguantarlo el Califa,
lo enganchó arteramente en cogida sin consecuencias por milagro
del cielo. Si el toro no hubiera tenido aletargado al público éste
hubiera reaccionado con gritos de histeria emotiva. Pero en esos momentos
la plaza entera estaba en manos de Morfeo. Así sucede cuando no
se transmite nada de nada mientras sucede todo de todo.
A Rafael Gastañeta lo hemos visto muy bien. Puesto con el toro. Tiene otra tarde para hablar y escribir su toreo con caligrafía de alta elegancia. El Califa, excelente torero y de valentía auténtica, podrá decir su verdad en la corrida que le queda. A los dos les queda otra oportunidad, no así a Alfonso Romero que se va de Acho tras un encierro para él muy sorpresivo. Le tocó, si es esto posible, el peor lote, ya que su primero se rompió el pitón contra el burladero y la gente, dadas las condiciones del animal y su poca transmisión le pedía que abreviase. A su segundo lo tuvo que torear de muleta con muchísimo truco, para sacarle, toreando siempre al pitón contrario, cuartos de pase que parecían medios pases. Conocimiento y buen oficio señala esta forma de torear que es la única que a este toro, que se colaba sin parar, podía hacérsele. Alfonso Romero se va del Perú con los crespos hechos. Los tres toreros se deshicieron de sus toros con mayor o menor fortuna pero abreviando lo mas posible. Con estos toros no se puede hablar mucho de los toreros ya que estos fueron sujetos pasivos y víctimas inocentes de las circunstancias Mucho me temo que en el futuro los toreros españoles se nieguen rotundamente a encerrarse con toros peruanos. Este desastre futuro lo han propiciado estos "corazoncitos de oro" indignos de cualquier plaza de toros que se estime. Pagan justos por pecadores ya que los novillos peruanos vistos anteriormente en esta feria de Acho, de Roca Rey y Roberto Puga, representa, aunque el símil no sea taurino, la diferencia existente entre un Ferrari y una bicicleta, contando con que los novillos no fueron jamás excelentes sino toreables. Lo que no fueron estos toros, por llamarlos de alguna forma, que conformaron esta corrida maléfica, de las que hacen época. El próximo domingo empieza en realidad la auténtica feria de postín con el retorno de Paco Ojeda a los ruedos y la reaparición en Lima de José Tomás, ese enorme torero que para, templa, manda, carga la suerte y torea de forma muy dulce, extremadamente dulce, maravillosamente dulce. ¡Dios mío!
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