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Edición Nº 1695 |
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ES bueno comprobar cómo los peruanos sabemos sobrevivir a nuestros problemas, mirando muchas veces para al lado. Por ejemplo hoy, en plena crisis, cuando políticos y congresistas deberían quemarse el cerebro por ser los primeros en aportar proyectos o ideas que nos hagan salir adelante, unos y otros andan preocupados y le dan la primacía de sus preocupaciones a lo relativo al evidentemente excesivo sueldo del presidente de la República. Hoy por hoy parecería que sólo eso importa, no hay privatizaciones ni reformas estructurales que le ganen: el sueldo del Presidente angustia como si de ello dependiera el futuro de la Nación. ¡Pero claro que es excesivo -como lo son también los emolumentos de los congresistas-, pero la preocupación que ha generado es a su vez excesiva y grandilocuente! Además, la verdad es que en estos momentos hasta un sueldo de cinco mil soles le parecerá enorme a cualquier desempleado (y ni qué hablar de los cinco mil verdes que gana el sobrino). Probablemente para cuando aparezcan estas líneas ya el sueldo del Presidente habrá sido autorrebajado, a regañadientes pero rebajado. Estoy seguro, sin embargo, de que Toledo no se morirá de hambre con el nuevo que se asigne. Por último podrá pedirle a Coqui compartir el suyo, si acaso le hiciera falta. ¡Para eso son los sobrinos, caramba! Hombre previsor, Alan García ha creado el gran lema que reemplaza hoy en día a ese obsoleto de Sólo el Aprismo salvará al Perú, tan venido a menos por lo ocurrido de 1985 a 1990. Ahora el lema oficial, para sapos e incautos a la vez, es Construye el futuro: Apra. Claro que mejor y más sincero hubiese sido: Construye tu futuro, Apra. ¡Cinco años pasan volando, hombre!: el futuro está cerca. Quiero hacer un elogio al municipio de Chorrillos por el buen estado -verde y cuidado- de la berma central de la Prolongación Huaylas, que antes era un desastre. El distrito podrá seguir siendo el mismo y con los mismos problemas, pero el aspecto de esa arteria sí que ha cambiado. Felicitaciones. En cambio, de paso a tomar la Vía de Circunvalación rumbo al sur, por la avenida Benavides, pude atisbar de lejos y felizmente que a la pasada un verdadero monumento a la huachafería levantado allí, al comenzar la primera cuadra de una avenida trasversal cuyo nombre felizmente no me acuerdo: ¡un arco morisco decorado con pepelma o pedazos de losetas, en grotesca imitación al arco morisco de los años '20 que daba inicio a la avenida Arequipa! ¡Dios mío, qué hemos hecho para merecer alcaldes distritales con tan aberrante gusto! ¡Gastarse la plata del municipio en tremenda monstruosidad! Vayan a verlo, amigos ¡es de verse! Hablando de aberraciones: yo que soy un habitué de La Tiendecita Blanca de Miraflores, lugar del que ni siquiera el ruido de las bocinas callejeras ha podido alejarme. Allí voy de vez en cuando -y esto no es por cierto ningún comercial- a tomarme un café o una cerveza mientras leo los periódicos, mirando a algunos políticos que van allí de cónclave. Digo todo esto porque me asombra que en un lugar tan bien mantenido alguien haya tenido la disparatada iniciativa de convertir a los cinco o seis árboles que tenía en el borde de la vereda en horrendos plumeros, a los que, probablemente siguiendo la horrenda técnica del bonsai, se les ha cercenado las ramas, convirtiéndolos en lo que digo: plumeros con hojas. Vayan a verlos, amigos, y constátenlo. Todos los días enciendo el televisor para ver algún resultado de la guerra de Afganistán, y nada. Aparte de esforzarse en no dejar adobe sobre adobe, la aviación norteamericana parece haberse empeñado en cometer errores con sus bombas inteligentes, cosa que es muy bien aprovechada por los talibán, que en materia de información vienen de lejos ganando las batallas. Es lamentable, pero esa gente, tan perversa como primitiva, está demostrando conocer la ciencia de la información mejor que los aliados occidentales, que han tenido que confesar ya algunas bajas y hasta uno o dos helicópteros derribados. La cosa llega a tal punto que ya se oyen comentarios como ése que escuché el otro día: De tanto ojo por ojo, el mundo se va a quedar ciego. Creo que en el número anterior comenté acerca del peligro de que en Estados Unidos se termine perdiendo aquello que tenían por más preciado: la libertad y la democracia, convirtiéndose en un régimen policial en el que todos los ciudadanos estén a merced de agentes de seguridad. La noticia de que una de las cosas que se han prohibido, o recomendado no pasar por radio, es la bella canción "Imagine", de John Lennon, me parece un síntoma atroz. ¡Dios libre a Estados Unidos de sus reaccionarios, que pueden hacerle más daño aún que los atentados! Prohibir, o cercenar el derecho de los norteamericanos a escuchar "Imagine" es algo comparable a lo que hubiese ocurrido en el Perú si Prado, o sea el gobierno de la llamada oligarquía, hubiese prohibido que se transmita por radio "El Plebeyo", tildando al valse de Felipe Pinglo de subversivo. Para terminar, un desafío a mis lectores; por lo menos a aquellos que, como quien suscribe, son habitués a las películas que pasan en la televisión por cable: ¿Alguien puede decirme qué película ha sido la más reiteradamente repetida en el último mes? Porque hay algunas que se pasan todos los días, una y otra vez.
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