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ARTICULO
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15
de noviembre de 2001 |
El Hoyo de la Interpelación
El Congreso interpelará a ministros Olivera,
Waisman y Rospigliosi. Ellos deberán explicar -y mostrar- las pruebas
por las que decidieron dudar de la Marina.
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Lunes
12 El relevo en la Comandancia General tuvo un gran ausente: El
comandante saliente. La Marina expresó su malestar
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ALREDEDOR de 53 adhesiones, pertenecientes a igual número
de congresistas, echarán a andar este jueves 15 la maquinaria de
la interpelación parlamentaria sobre los ministros Fernando Olivera,
David Waisman y Fernando Rospigliosi.
Así, legisladores del Apra, Unidad Nacional, UPP y Acción
Popular, entre otros, demandarán a los titulares de Justicia, Defensa
e Interior el esclarecimiento de una situación que ha puesto en
entredicho a la Marina de Guerra, además de arrojar sombras sobre
lo que realmente pasa en la prisión de la Base Naval del Callao.
La última vez que un ministro había sido interpelado fue
en mayo de 1991, cuando Carlos Torres y Torres Lara, a la sazón
jefe del segundo gabinete de Alberto Fujimori, acudió al Congreso
para informar sobre el aluvión legislativo que entonces emitía
el gobierno. Ahora, el detonante ha sido una conferencia de prensa en
la que estos tres ministros terminaron, de alguna u otra forma, enfrentados
a la Armada.
Que el poder de los militares se mantenga subordinado al de la autoridad
civil es algo que está fuera de todo cuestionamiento. Pero en este
caso la génesis del entuerto -la presentación de estos ministros
acompañando al abogado Juan Luis Echaíz el miércoles
7- (ver nota aparte), provocó un comunicado de respuesta por parte
de la Marina y la posterior destitución del vicealmirante Alfredo
Palacios Dongo del cargo de comandante general.
El desenlace, que no pocos consideran caprichoso e injusto habida cuenta
del tono utilizado por Olivera y Waisman en todo este episodio, ha motivado
la reacción del Legislativo y por eso estamos ad portas de una
batalla política de la que Olivera, Waisman -y en menor medida
Fernando Rospigliosi- difícilmente saldrían fortalecidos.
Ciertamente, la censura no los ronda. Para que ésta sea posible
se requieren 61 votos y las fuerzas que apoyan la interpelación
saben que esa posibilidad es remota. Pero el solo hecho de llamar a los
ministros y obligarlos a responder un pliego determinado de preguntas,
con el consiguiente debate, será un desgaste que los tres involucrados
no se esperaron. El martes 13, durante la reunión del consejo directivo,
los representantes de Perú Posible y el FIM trataron por todos
los medios de impedirla.
Como dijo un parlamentario curtido en estas lides, "interpelar no es
invitar, sino traer a un ministro de las orejas para que explique la validez
de sus actos".
Los ánimos están caldeados y no sólo en la Marina.
Tres semanas atrás Fernando Olivera ya había involucrado
a Waisman y Rospigliosi -e incluso al ahora destituido Palacios Dongo-
en una suerte de pesquisa que intentaba demostrar que el congresista aprista
César Zumaeta había ingresado subrepticiamente a principios
de septiembre a la Base Naval para coordinar con Vladimiro Montesinos.
El ardid no prosperó, pero entonces la Marina también se
había sentido utilizada (CARETAS 1691).
Esta vez, Fernando Rospigliosi intentó marcar distancias con
la situación. "No avalé nada con mi presencia. Me invitaron
para que prestara garantías a una persona que iba a hacer una denuncia
importante sobre la Base Naval y en esa conferencia dije que la policía
le daría las garantías al abogado", aseguró el ministro
del Interior.
En este último affaire, Waisman resulta directamente comprometido
en los entretelones del comunicado de respuesta que emitió la Marina
el viernes 9. Según una fuente, Waisman sabía que la Armada
había preparado un comunicado de respuesta a Olivera -el mismo
que le costó el puesto a Palacios- y no se opuso claramente al
mismo. "Si no llamo hasta las 7 p.m. pueden hacerlo público", habría
dicho el ministro. Cuando llamó para objetarlo, pasadas las 8 p.m.,
el comunicado ya había sido emitido (ver "Punto de quiebre").
El pronunciamiento de los marinos agitó el cotarro gobiernista
y sus ecos llegaron hasta Nueva York, donde el presidente Toledo se hallaba
a propósito de su presentación en las Naciones Unidas. El
sábado 10 el vicepresidente Raúl Diez Canseco volvió
a Lima desde CADE de Chiclayo para ver de cerca la situación. El
tema lo preocupó, pero no adelantó nada hasta la llegada
de Toledo el domingo.
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Defenestrado
Alfredo Palacios Dongo. Derecha : Jorge del Castillo, tras firmas
sacará las uñas.
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Distinta fue la actitud de Fernando Olivera, quien anduvo de lo más
feliz y besucón durante la última jornada de la cita empresarial,
codeándose con el premier Dañino, Fernando Villarán,
Pedro Pablo Kuczynski y otros miembros del gabinete que no parecían
disgustados con Popy por forzar este desencuentro con la Marina. Eran,
sin duda, dos estilos de afrontar la crisis.
Ya en Lima, el mandatario optó por respaldar a sus ministros.
Se dice que le pidió a Palacios Dongo que solicitara su pase a
retiro, pero éste le aseguró que no había cometido
nada indebido, por lo que Toledo no tuvo más remedio que decidir
su destitución. Al día siguiente, Palacios mostró
cuán dolido estaba. No asistió al cambio de mando en el
que asumió funciones el vicealmirante Ricardo Arboccó.
Sintomáticamente, la ceremonia se realizó en privado,
sin acceso de la prensa y en sólo 20 minutos. Esta vez no hubo
sonrisas y felicitaciones, como las que le brindaron los marinos a Toledo
el martes 6 (un día antes de la conferencia organizada por Popy)
con ocasión de su condecoración con la Orden Cruz Peruana
al Mérito Naval y la Orden Gran Almirante Grau en el Grado de Gran
Cruz Especial, que le fueron dadas en su calidad de Jefe de Estado.
En todo esto hay algo que aún no queda debidamente aclarado,
y por eso el Congreso recurre a la interpelación.
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Un
día antes de que sus ministros se explayaran, Toledo recibió
-feliz- condecoraciones de la Marina.
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¿QUIEN ES ARBOCCO?
Tras la salida de Alfredo Palacios Dongo de la Comandancia General,
su relevo, el también vicealmirante Ricardo Arboccó Licetti,
tiene por delante una coyuntura espinosa. Para la Marina, custodiar a
Vladimiro Montesinos siempre fue una suerte de "presente griego": fuera
cual fuese el arma que lo tuviera detenido, las sospechas de si aún
ejerce su poder no se harían esperar.
Las diferencias entre Ricardo Arboccó Licetti y Alfredo Palacios
Dongo pueden parecer poco marcadas. Arboccó fue parte del grupo
de vicealmirantes que debió avalar el polémico comunicado
que el domingo 11 terminó con la carrera de este último.
Años antes, Arboccó firmó la lista de sujeción
y fue ascendido a contralmirante en enero de 1995, cuando Montesinos ya
le daba su visto bueno a los ascensos. Su currículum indica que
ha llevado estudios en armas submarinas, comando y Estado Mayor, guerra
de superficie, alta gerencia y defensa nacional. Entre sus condecoraciones
están las de caballero, oficial, comendador y gran oficial, todas
en la Cruz Peruana al Mérito Naval. Arboccó fue ascendido
a contralmirante junto a Palacios Dongo y, como éste, asumió
el rango de vicealmirante en enero de este año. En los últimos
meses se desempeñó como inspector general y comandante general
de Operaciones Navales.
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Daniel
Estrada (UPD) y Rafael Rey (UN) estarán en la primera línea
de la interpelación.
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BATALLA CONGRESAL
Así, las principales fuerzas de oposición -con la excepción
de Somos Perú, que se ha negado a firmar el pedido- darán
inicio a la interpelación, proceso que sigue un calendario bastante
dilatado. Puesto que se tienen las firmas requeridas (más de 36),
este jueves 15 el Pleno admitirá a debate y discutirá las
razones por las cuales ésta procede.
Todo indica que, a tenor de la docena de preguntas que les espera a Fernando
Olivera y David Waisman, son ellos quienes recibirán la artillería
más pesada. Una semana después (jueves 22), el Congreso
votará para decidir si finalmente llama o no a estos ministros.
Voceros del Apra y Unidad Nacional han dejado entrever que Olivera y Waisman
serían finalmente interpelados, y que Rospigliosi quedaría
en el camino puesto que su participación ha sido menor. Finalmente,
el jueves 4 de diciembre los titulares de Justicia y Defensa concurrirían
al Legislativo para explicar su proceder. Cuentan con casi 20 días
para reunir las pruebas que justifiquen sus acciones durante esta crisis.
El gobierno de Alejandro Toledo ha sentido, nuevamente y en ausencia
del líder, que su gabinete tiene un handicap que tarde o temprano
podría quedar -como en el golf- atrapado en una trampa de arena.
Lamentablemente, Fernando Olivera todavía no aprende hacía
dónde debería llevar los palos. (Pedro Tenorio).
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Anclas Calmas
La Marina no tiene un historial proclive al golpismo.
EN el Perú han sido frecuentes los choques de las
Fuerzas Armadas con el Poder Ejecutivo. La Marina no escapa a esa
regularidad, con una diferencia: las discrepancias del Ejército
usualmente han culminado en golpe, las de la Marina, no. Testigos
son el Almirante Grau en el siglo XIX y los almirantes Luis Vargas
Caballero y Alfonso Panizo en años recientes.
Grau se enfrentó más de una vez al Ejecutivo, en
nombre de la Constitución y del honor nacional, pero nunca
aspiró a hacerse del poder. Ejemplar fue que él y
otros treinta marinos se opusieran a la decisión del presidente
Mariano Ignacio Prado de conferir al marino estadounidense Tucker
el mando de la escuadra que debía enfrentarse a la española
en Filipinas. Grau y sus camaradas fueron confinados, en represalia,
a la isla San Lorenzo. Corría el año 1866.
En el siglo XX, a la caída del dictador Augusto B. Leguía,
asumió el poder el comandante Luis M. Sánchez Cerro.
Cuando éste, aprovechando la inmensa popularidad que le había
dado el que encabezara el levantamiento que derrocó a Leguía,
intentó permanecer en el poder e incluso debelar por la fuerza
un levantamiento en Arequipa, la Marina se opuso. La expedición
represiva que iba hacia el sur en barcos de la Armada tuvo que virar
y retornar al Callao. Sánchez Cerro debió resignarse
a unas elecciones democráticas, las primeras de nuestra historia.
Hubo en esos años violentos un levantamiento de la marinería
contra el régimen de Sánchez Cerro, que se había
tornado violentamente represivo. El motín fue debelado y
se fusiló a ocho jóvenes marineros.
Más tarde, el 3 de octubre de 1948, hubo otro levantamiento
de la marinería, bajo conducción aprista, esta vez
con el apoyo de algunos altos oficiales. La insurrección
fue dominada, con muchos muertos, y esa intentona estimuló
los afanes golpistas de un fuerte sector del Ejército. Esto
se tradujo en el golpe militar del general Manuel Odría,
el 27 de octubre de ese mismo año.
VARGAS CABALLERO VS. VELASCO
En el gobierno de Velasco, instalado en 1968, tras el derrocamiento
de Fernando Belaunde Terry, hubo desde el principio una oposición
sorda de la Marina, encabezada por quien era miembro de la Junta
Revolucionaria y comandante general de la Armada: el almirante Luis
Vargas Caballero. El proceso de las pugnas ideológicas entre
Velasco y Vargas Caballero se puede seguir en nuestra revista (CARETAS
475, 481 y 501).
El 17 de mayo de 1974 hubo en la Federación de Periodistas
un almuerzo. Fue en el local de ésta, en la avenida Abancay.
Se había invitado también a colegas del oficialismo.
El único plato fuerte fue una sopa preparada por Guido Monteverde.
Pero la prensa gobiernista dijo que esa reunión había
sido una "demostración de fuerza contrarrevolucionaria".
El almirante Vargas Caballero aclaró con ese motivo que
"la libertad de expresión es uno de los postulados del Gobierno
revolucionario" y que "criticar o discrepar no es ser contrarrevolucionario".
Eso bastó para que lo sacaran del poder y de la Marina.
El almirante Guillermo Faura ocupó el puesto de ministro
de Marina en 1974, después de caído Vargas Caballero.
Su nombramiento fue muy cuestionado en la institución, y
se produjo incluso un ataque con explosivos a su casa. Se demostró
que estos últimos eran del arsenal marino. Se sospechó
que uno de los autores del atentado era el teniente AP Juan Polar
Echeandía. A muchos sorprendió que éste reapareciera
en agosto de este año como asesor principal de David Waisman,
ministro de Defensa. Tantas fueron las hablillas, que el asesor
hizo mutis por el foro, aunque en estos días ha vuelto a
aparecer, según un testigo naval, en compañía
de Waisman.
EL CASO PANIZO
El almirante Alfonso Panizo era comandante general de la Marina
hasta el 28 de julio de 1990, día en que Alberto Fujimori
asumió por primera vez el poder. En el Tedeum de la mañana
se vio a los comandantes generales de la Marina Alfonso Panizo y
al de la Fuerza Aérea Germán Vucetich. A las cuatro
de la tarde debía realizarse la ceremonia de reconocimiento
de Fujimori como jefe supremo de las Fuerzas Armadas. Pero la ceremonia
se inició a las 7 de la noche.
Cuanto ésta ocurrió, los comandantes generales de
la AP y de la FAP ya eran otros. Panizo y Vucetich habían
sido defenestrados. Se sabe que el primero había sido partidario
de la candidatura de Mario Vargas Llosa y se dijo que en algún
momento se expresó en términos despectivos respecto
a Fujimori.
En todo caso, tampoco esa vez la Marina se levantó. Lo
más que intentó el almirante Francisco Vainstein Borrani,
comandante de operaciones navales, fue sacar a las naves mar afuera,
en señal de protesta. Se dice que dio la orden, pero que
ésta no fue acatada. (César Lévano).
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Punto de Quiebre
Entretelones de un comunicado que remeció
el escenario político.
MINUTOS después de escuchar la denuncia del abogado
José Luis Echaíz, la mañana del miércoles
pasado, el inspector general de Marina, vicealmirante Jaime Monje
Acuña, recibió una llamada telefónica. Era
el -hasta entonces- comandante general de Marina, Alfredo Palacios
Dongo, quien le ordenaba una urgente investigación. La pregunta:
¿Cómo puede alguien hablar tan suelto de huesos ante
las cámaras que ingresó dos veces a la Base Naval
para entrevistarse con Vladimiro Montesinos violando toda medida
de seguridad? Seguro no sólo se la hacían los marinos
y era necesaria una explicación.
Según nuestras fuentes, por la tarde hubo una improvisada
reunión en la base naval, a la que asistieron además
del Inspector General, los jefes del CEREC, COMZONAV, FOES y PON.
Cada responsable llevaba los cuadernos de bitácora, es
decir el registro diario de ingresos de personas ajenas a la base.
Por la noche, el comandante general Palacios Dongo habría
llamado al ministro de Defensa David Waisman para adelantarle su
impresión de los hechos: "¡Es una farsa, ministro,
no podemos caer!" Ante lo que Waisman prefirió no opinar.
El jueves, otra vez Palacios llamó a Waisman y le comunicó
que ya estaba listo el comunicado producto de la investigación
preliminar efectuado por Inspectoría, pero el ministro le
respondió que se encontraba en Chiclayo, que conversarían
a su retorno a Lima y que además le interesaba visitar las
instalaciones de la base naval.
El día viernes 9, Waisman llegó a las diez de la
mañana y, acompañado del Inspector General, inició
la inspección. El recorrido duró aproximadamente dos
horas, luego de lo cual se retiró aparentemente conforme.
Incluso le habrían mostrado las extremas medidas de seguridad
con las que cuenta el CEREC para casos de emergencia.
Según su propia versión, difundida a través
de una emisora radial, por la tarde habría sostenido una
reunión privada con Palacios Dongo, donde éste le
enseñó el comunicado que pensaba difundir como descargo
a la denuncia de Echaíz, ya que, según Palacios, era
necesario que la opinión pública no se quedaba con
una versión parcializada.
Finalizada la reunión, Waisman le habría advertido
que no podía decidirlo él solo y que necesitaba consultarlo.
Quedó en responder a las 7:00 p.m., pero Palacios Dongo,
al no recibir ninguna comunicación del Ministerio de Defensa
y encontrándose reunido en una Junta de Almirantes (formalidad
institucional antes de tomar decisiones) con los vicealmirantes
Humberto León Ravínez Giranda, Jaime Monje Acuña
y Ricardo Arboccó Licetti (actual comandante general), decidió
emitir el comunicado asumiendo como institución las responsabilidades
del caso.
El comunicado remeció el escenario político y fue
considerado como una sedición contra el poder civil.
Raúl Diez Canseco, encargado de la Presidencia mientras
Toledo se encontraba en misión oficial en Nueva York, declaró
el sábado luego de su intervención en CADE 2001 que
sostenía las "reuniones que corresponden, a los niveles adecuados
en torno a las investigaciones", pero que prefería esperar
la llegada del presidente Toledo y no tomar partido.
Alejandro Toledo, a su regreso el domingo, convocó a reunión
ministerial donde le informaron lo ocurrido. Por la tarde citó
a Palacios Dongo a su despacho, donde le pidió poner su cargo
a disposición. Éste se habría rehusado esperando
que ordenaran su relevo, como ocurrió. Y al día siguiente,
evidenciando su malestar, no asistió al cambio de mando.
Tampoco concurrió el vicealmirante Jaime Monje Acuña,
quien como inspector general estuvo a cargo de la investigación
de los hechos denunciados. Al cierre de esta edición, Monje
Acuña solicitó su pase al retiro. No obstante, la
situación en el escalafón de la Marina es aún
incierta. Palacios Dongo mantiene silencio absoluto, ya que oficialmente
sigue en actividad. (P.M./E.M.).
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