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Edición Nº 1697 |
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¿Apocalipsis
En la Economía? La crisis que se había iniciado antes del acto terrorista del 11 de setiembre, se ha agravado a causa de éste, y ahora avanza como una ola irresistible. Los cuadros muestran, como en una hoja clínica, síntomas del mal. Lo peor no está, sin embargo, en las bolsas de valores, sino en la producción. Todos los cálculos necesitan desde ya una revisión.
EN setiembre último, Japón anunció que sus exportaciones habían bajado 28 por ciento respecto a las del mismo mes del año anterior. Desde enero de este año, en Gran Bretaña se perdieron, sólo en computación y telefonía, 360,000 empleos. Dos meses después del crimen terrorista del 11 de enero, los nuevos despidos en toda la economía británica pasan de 40,000. El International Herald Tribune del 5 de este mes dice que en Japón la demanda de créditos está tan deprimida que los bancos depositan sus excesos de dinero en otros bancos. En Argentina, agrega, las ventas de autos han bajado tanto -40% respecto al año 2000- que las fábricas Fiat trabajan una semana por mes. "Todos los pronósticos sobre recuperación el próximo año carecen de seriedad", expresa en un amplio reportaje el semanario alemán Der Spiegel. Los analistas dotados de optimismo prevén una evolución en forma de "V": un descenso cuyo punto más bajo se dio a partir del 11 de setiembre, pero una recuperación que no tardará muchos meses en ocurrir. Los pesimistas describen más bien una "U". En esta óptica, la curva inferior sería más bien prolongada. William Lisenden, economista principal de la compañía estadounidense Investment Conseco Capital Management, lo resume así: "En lo esencial, las cosas empeorarán antes de mejorar". No faltan especialistas que configuran un escenario aún peor, en forma de "L". Una caída de largos años, como la que ocurrió después del crac de la Bolsa de Nueva York, el 24 de octubre de 1929. Hace pocas semanas se reunieron en Berlín los seis principales
institutos de investigación económica. En conclusión,
declararon: "el país se encuentra al borde de una recesión".
"La desocupación vuelve a crecer, la tributación se desploma
dramáticamente: 3,7 por ciento menos que el año pasado".
Uno de los factores de la crisis es psicológico. El miedo empieza a invadir a los empresarios y los corredores de bolsa. Ludwig Erhard, el padre del "milagro alemán", había advertido que "no se debe desdeñar el método de los efectos psicológicos". Según él, la economía política es "50 por ciento psicología". Como lo recuerda Alfredo Barnechea en un libro flamante, Adam Smith era también un filósofo moral. Y en las teorías de John Maynard Keynes, que vuelve a ser actual a golpes de realidad hasta en los países más neoliberales, se toman en cuenta categorías como motivación, expectativas e inseguridad. Hasta la palabra depresión tiene cristalinas resonancias psicológicas. El gráfico que acompaña estas líneas es ilustrativo. Los índices de las Bolsas de Nueva York y Tokio entre 1919 y 1934 o enero 1979 y 1994 tienen un asombroso parecido con las cotizaciones de las principales y novísimas compañías tecnológicas entre 1989 y 2001. Son vidas -o tragedias- paralelas. Hubo en los últimos días un leve repunte en Wall Street, pero pocos creen que éste vaya a mantenerse. Lo más grave está en la baja de la producción y del consumo. Por el momento, el único auge es el de la desocupación. (César Lévano).
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