Edición Nº 1697

 

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    22 de noviembre de 2001
    Por AUGUSTO ELMORE

    PARODIANDO el título de una película cómica, en el Perú actual cabe preguntarse ¿quién gobierna aquí? A juzgar por la radiante satisfacción con la que anunció la aprobación de la creación del Banco Agropecuario -medida populista si las hay- en la visita especial al Congreso en donde sólo faltó que fuera recibido con la Marcha de Banderas -y estuvo acompañado por sus huestes y conmilitones-, parecería que quien gobierna en verdad es, o cree serlo, el señor Alan García.

    Será él pues a quien los agricultores deberán visitar para solicitarle los préstamos preferenciales (a interés 0, de repente, como en su época) que ese Banco estará destinado a dar. Y será él también a quien el país deberá pedirle cuentas por las arrugas que le hagan a ese Banco, como lo hicieron hasta quebrarlo, al antiguo Banco Agrario. Además, los compañeros del partido que sean agricultores o que a partir de entonces pretendan serlo, serán de seguro los primeros en la cola de los préstamos. ¡Hasta que se acabe la plata, compañeros!

    Verdadero cargamontón, con la alegre participación de esta revista, es el que se ha hecho contra los ministros Olivera, Waisman y Rospigliosi, en ese orden porque Olivera tiene la primacía en los odios. Y verdadero cargamontón contra el gobierno, con masas en las calles siguiendo el modelo fujimontesinista que tanto éxito tuvo contra Andrade. Es la misma chola con distinto calzón.

    Si no me equivoco, hace años se hizo famosa una narración titulada "¡Tráiganme la cabeza de García!" Hoy día en cambio es el propio García quien clama "¡Tráiganme la cabeza de Olivera!"

    Yo me pregunto: ¿Dónde estaban todos los años pasados esos iracundos despedidos por el gobierno de Fujimori que ahora protestan violentamente en las calles pidiendo reposición al gobierno democrático de Toledo? ¿No será ésta una versión ampliada del Sitramun?

    Mientras todo eso sucede en las calles hay un nipón que estará chino de risa en su cómodo refugio de Tokio, enterándose de todo lo que pasa. Quiero suponer, y en este caso vale la suspicacia, que es él el que está detrás de todo eso, esperando sacar su ganancia de pescador de este río revuelto. Esperando que las masas, sus ayayeros y la alta burguesía peruana, que siempre le fueron adictas, lo llamen de regreso para poner orden en casa. Al punto que tuvo el cuajo de decir desde su refugio japonés, en una grabación reciente: "Cada vez estoy más cerca de ustedes", o algo parecido. Sí, cómo no, cada vez más cerca de Lurigancho, Chino. Te esperamos.

    Una de las cosas más desvergonzadas que he escuchado últimamente son las declaraciones del entrenador Uribe, que está ahora hablando de que hay que prepararse para las eliminatorias del próximo mundial, es decir no para las de éste que se viene, en el que no participaremos, sino para el siguiente. Es decir, que piensa seguir mangoneando con tan nulos resultados como los que ha venido produciendo. Uribe ha declarado que ya tiene ¡36! seleccionados y por lo menos dos docenas de partidos internacionales programados. Para que siga el fandango. No conozco caso igual de una estafa tan fríamente calculada. Y lo que es peor, anunciada.

    Bastante cobardes los supuestos integrantes del supuesto Comando Abelardo Quiñones que mandan comunicados anónimos diversos acerca de a su vez supuestos actos de inmoralidad en la compra de armamento, afirmando en uno de ellos, también, que los aviones que escoltaron al del presidente Toledo a su llegada a Chiclayo constituían no un homenaje sino una advertencia. Bastante cobardes, digo, porque ¿dónde estaban los anónimos integrantes de ese comando cuando el general Elesván Bello hacía de las suyas en la Fuerza Aérea, sometido vergonzosamente a Fujimori? ¡Vergüenza!

    Como le debe constar a los lectores de esta página, he sido crítico de los bombardeos de los Estados Unidos contra Afganistán, en particular en razón de los errores cometidos por sus bombas tan poco inteligentes como sus pilotos. Pero hoy, ante la caída de Kabul y mirando por primera vez el rostro de aquellas mujeres afganas que recién ahora, algunas de ellas, pocas en verdad, se han atrevido a rechazar el velo y la burka, tras ver la ingenua felicidad de los que, receptor en mano, se permitían por primera vez escuchar música, que estaba prohibida por la monstruosa tiranía Talibán, comprobar además la sencilla satisfacción de los que se rasuraban desobedeciendo el aberrante mandato del gobierno anterior, me doy cuenta de que el único camino que cabía es el que se tomó, no sé si para capturar a Bin Laden, cosa que seguramente no se producirá, sino para derrotar a esa satrapía religiosa medieval que allí gobernaba mediante el terror.

    Es cierto que los Estados Unidos no tienen que hacer de sheriff, y que ello irrita y constituye una transgresión a las reglas internacionales, pero después del despiadado atentado contra las Torres Gemelas, cabe reflexionar si no se trata de un caso de legítima defensa. Y no vengan a rasgarse las vestiduras las almas puras y progresistas, que responden a lo que el catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, Antonio Elorza, calificó en "El País" como "pacifismo difuso". Tampoco deberán referirse como agravante de la acción norteamericana a la miseria imperante en Afganistán, asediada esta vez por el mayor imperio de la Tierra. La miseria del pueblo afgano, con ser antigua, sólo fue incrementada y agravada por el régimen Talibán.



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