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Edición Nº 1702 |
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Conversaciones En Bandeja
Según el especialista Humerto Catter, gerente de VIP ELITE, los teléfonos pueden ser espiados "con poco, algo y mucho dinero". En el caso de las 19 centrales capitalinas, son tres los equipos que han sido mencionados. El CTMS 6001 y el CTMS 6000, de la firma israelí PK Electronics, cuestan aproximadamente 120 mil dólares. ES un gran bonetón. El espionaje telefónico cobró actualidad con la grabación de una conversación entre Alan García y Jorge del Castillo, difundida por el programa "Periodistas" de Gustavo Gorriti, el pasado domingo 16. Luego, el Presidente, el ministro del Interior, el de Defensa, el de Justicia y los encargados de organismos de Inteligencia negaron siquiera la posibilidad de una intercepción emanada desde el gobierno. No tienen la capacidad, dijeron, de hacerlo. De ser cierta, se trataría de una verdad muy perjudicial. Todo Estado debe estar en posición de realizar espionaje telefónico dentro de los marcos legales. Fenómenos como la subversión o el narcotráfico así lo demandan. El problema radica en hacerlo con el fin de ganar ventaja política. Así cayó en los Estados Unidos Richard Nixon. Quien no tenía intenciones de ser defenestrado por ello era Alberto Fujimori. Los 19 puntos de espionaje telefónico en Lima descubiertos por la Dirección de la Policía Contra la Corrupción (DIRPOCC) son la prueba. Desde estos locales se intervenieron ilegalmente teléfonos de línea fija y móviles celulares entre 1993 y setiembre del 2000. El término "conversación privada" no tuvo eco en el Cercado de Lima. Ocho centros funcionaron allí y cada uno tenía entre 7 y 20 objetivos entre los que figuraban políticos y periodistas. Por lo menos cuatro de ellas interceptaban las comunicaciones de CARETAS.
Debido a su cercanía con la revista, las ventajas de nitidez que
tenía la base ubicada en jirón Ica no se compara con la
de la oficina 301 en el Centro Cívico, que además contaba
con equipos para interceptar celulares. Fuentes de esta Dirección
confirmaron que sólo el 20% de los equipos han sido encontrados.
Hasta el momento, la DIRPOCC ha establecido que sólo dos bases
se destinaban a fines de seguridad: una en Canto Grande intervenía
a presos por narcotráfico y otra en el octavo piso del edificio
Córpac del aeropuerto Jorge Chávez, que al parecer seguía
los pasos a empresas vinculadas al tráfico ilícito de drogas. Los locales eran generalmente alquilados por suboficiales del Ejército especializados en electrónica o telecomunicaciones, quienes vigilaban las grabaciones, activadas automáticamente con la voz. Los testigos sindican a Roberto Huamán Azcurra como el responsable en recoger a diario las cintas y coordinar los pagos al personal. La central principal correspondiente al Cercado seguía estando en la Plaza San Martín, como en los tiempos de los escándalos de interceptación de 1990 y los interrogatorios al entonces jefe del SIN, el general Edwin `Cucharita' Díaz. Es impresionante cómo la base "Casa Blanca", localizada estratégicamente al interior de Palacio de Gobierno, en un pasadizo bajo las escaleras, pudo controlar desde 1993 al detalle las oficinas de Susana Higuchi, de los edecanes, los subjefes de la casa militar e incluso la residencia presidencial. Llama la atención, además, que para interceptar las comunicaciones del diario La República, sólo se extendió un cableado desde la base ubicada a dos cuadras, en Cailloma. Pero no todas las bases funcionaron paralelamente. Por ejemplo, la localizada en el cuarto piso del edificio de 28 de Julio 466 en Miraflores, fue instalada en setiembre de 1997, con la única finalidad de grabar las conversaciones de Jackeline Beltrán, la compañera de Montesinos que ocupaba un departamento del tercero. Para esta otélica finalidad también fue instalada en agosto de 1999 la base ubicada en la calle Gral. Córdova en Lince, desde donde, además se filmaba el ingreso y salida de Jackie y su madre, al inmueble ubicado al frente. En 1999 empezaron desde aquí a interceptarse el búnker de Perú Posible en el César's Hotel y en el 2000 intensificaron las labores de escucha durante la organización de la Marcha de los Cuatro Suyos. Alta política, bajas pasiones.
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