Edición Nº 1702

 

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    ARTICULO

    28 de diciembre de 2001

    La Fiesta de Flora
    Mario Vargas Llosa y la pasión por los dos personajes centrales de su próxima novela: Flora Tristán y Paul Gauguin, buscadores del Paraíso.

    La próxima y esperada novela de Mario Vargas Llosa, "El Paraíso en la otra esquina", cubre, como lo asegura el propio escritor, toda la peripecia vital de dos personajes fascinantes: Flora Tristán, hija del arequipeño Mariano de Tristán y Moscoso y de la francesa Anne Pierre Laisnay (Francia 1803-1844), pionera del feminismo y socialismo, y Paul Gauguin (Francia 1848, Islas Marquesas 1903), nieto de Flora y pintor fundamental pues permite que el arte occidental se conozca en el resto del mundo. Gauguin, por cierto, vivió en Lima algunos años de su infancia. En este libro -que probablemente esté listo en los próximos meses- el escritor hace un cotejo, no sólo de dos personalidades sino de dos sueños. "Un sueño utópico social y un sueño utópico artístico". Además, refleja el siglo XIX, época de las grandes construcciones utópicas.

    Entrevista
    TERESINA MUÑOZ-NAJAR

     

    Flora Tristán, icono del feminismo y autora de "Peregrinaciones de una Paria", obra que Mario Vargas Llosa leyó siendo universitario.

    ¿Vamos a hablar sobre Flora o sobre Gauguin?, pregunta Mario Vargas Llosa. No me atrevo a decirle que me gustaría conversar especialmente sobre Flora. Son las 6 de la tarde y el escritor, como todos los días a esa hora, ha cerrado los libros, ha dejado a un lado las libretas de apuntes y ha apagado la computadora. El tema de su próxima novela El Paraíso en la otra esquina trata, justamente, sobre esos dos personajes: Flora Tristán y Paul Gauguin. Abuela y nieto. Es una novela de vidas paralelas, afirma Vargas Llosa. No obstante, el entusiasmo con el que desde el inicio habla del pintor obliga a sospechar que es él quien lo ha cautivado más y que tal vez le está robando protagonismo a Flora en su libro. Pero no es así: La novela -explica- iba a ser al principio exclusivamente sobre Flora Tristán pero leyendo sobre la familia, sobre la descendencia, de pronto descubrí que Gauguin había heredado de la abuela -aunque no la conoció porque nació cuatro años después de muerta ella- la personalidad. Era muy rebelde, muy soñador, incapaz de aceptar la realidad tal como es, siempre ilusionándose con un mundo diferente, como Flora. Ambos buscaron una utopía. Una especie de paraíso

    -¿La sociedad perfecta?

    -Flora buscaba una sociedad justa, igualitaria, donde no hubiera discriminación, donde mujeres y hombres gozaran de absoluta igualdad. La de ella era una utopía justiciera.

    -¿Y la de él?

    -A él no le interesaba la justicia social. El tenía una utopía de tipo artístico. El quería un mundo donde la belleza estuviera al alcance de todos. Gauguin pensaba que la civilización occidental había entrado en una inclinación violenta porque la belleza se había convertido en el patrimonio de una pequeña minoría, de artistas, críticos y coleccionistas, y que en las sociedades primitivas donde el arte se confundía con la religión era donde la belleza estaba al alcance de todos. Y eso es lo que él fue a buscar. Eran dos utopías inalcanzables, como son todas las utopías, pero la búsqueda de esa, digamos, sociedad ideal hizo que la vida de los dos fuera fascinante. Llena de aventura, de sufrimiento, de frustraciones.

    Autorretrato con reminiscencias mochicas.

    -Gauguin, sin embargo, no se expresaba muy bien de su abuela, decía que Flora era una "marisabidilla socialista, anarquista", por ejemplo...

    -En realidad él no sabía mucho de ella. Yo creo que ni siquiera leyó sus libros. La madre de Gauguin, por razones bastante comprensibles, no debía tener muy buen recuerdo de Flora. Aline vivió siempre muy abandonada, estuvo siempre en manos de nodrizas.

    -¿Cómo va a reflejar esa relación de Flora y su hija?

    -Pienso que Flora no tuvo un gran cariño por su hija. La niña se crió fuera de ella. Cuando se encariña mucho con una obrerita que fue una gran seguidora de ella -se llamaba Eleonore Blanc- le dice en una de sus cartas que la quiere más que a sus hijos. Unos hijos a los que no quiere, creo yo, también muy comprensiblemente, porque le recordaban el horror de su matrimonio. Para ella el matrimonio con André Chazal fue un horror. Flora quedó espantada, no sólo de la institución sino incluso, por buena parte de su vida, del sexo en razón de ese matrimonio.

    -¿Por eso no pudo amar a Chabrié? (el capitán del buque que trae a Flora al Perú).

    -Ella tuvo siempre un impedimento, que venía de ese trauma matrimonial, para tener una relación afectiva normal, entonces no tuvo ninguna salvo con una mujer. Eso es algo que se ha descubierto recientemente. Se llamaba Olympe Chovzko, una francesa casada con un polaco que fue uno de los héroes de la independencia de Polonia. Con ella, evidentemente, por la correspondencia encontrada -son cartas muy sintomáticas- tuvo una relación amorosa que parece haber sido muy buena y muy sana para Flora. Estoy haciendo muchas conjeturas pero me parece que ese romance le devolvió, si alguna vez lo tuvo, el amor al sexo, al cuerpo, al placer físico. Pero, y esto es muy interesante para conocer el carácter de Flora, cuando ella decide formar la Unión Obrera -esa institución que iba a hacer la gran revolución uniendo a las dos víctimas de la sociedad, las mujeres y los obreros- rompe con Olympe. Y rompe porque considera que su misión es incompatible con el egoísmo que significa el placer.

    -Cuando Flora viene al Perú ¿lo hace únicamente para reclamar la herencia de su padre o también quiere saber de sus raíces, de su identidad?

    -Ella viene huyendo de André Chazal. Flora estaba desesperada, no soportaba más esa vida parasitaria de objeto conyugal, entonces busca un pretexto, huye y desaparece. Hay un gran paréntesis de su vida en todos esos años porque nadie sabe dónde estuvo. Yo creo que estuvo en Inglaterra trabajando como sirvienta. Es allí donde aprendió inglés y, además, como trabajó como sirvienta, una experiencia durísima para ella, concibió ese odio por Inglaterra que está reflejado en ese libro tremendo que es Los Paseos por Londres. Luego, se le presentó la oportunidad de venir al Perú dónde tenía un tío, Pío Tristán. Seguramente tuvo la idea de que el tío se compadecería de ella, la admitiría como hija legítima y le reconocería derecho a la herencia. No obstante, yo creo que sobre todo vino huyendo de André Chazal.

    -Pero finalmente, su experiencia en el Perú fue un tanto dramática pues el tío no le reconoció nada...

    -Pero fue una experiencia definitiva. En esos momentos ella era una rebelde pero no una revolucionaria. Ella adquiere una conciencia social y política aquí. En Arequipa vive como en un laboratorio. Por una parte no pasa hambre y de ser una provinciana pasa a ser una niña mimada, privilegiada y cortejada, por otra, se da cuenta que ese es un mundo donde hay desigualdades sociales y económicas abismales. Y curiosamente, yo creo que un personaje que para ella es fundamental es la Mariscala. Cuando Flora descubre que en este país una mujer puede estar en los campos de batalla, luchando al lado de su marido, vestida de soldado y que en los años en que Gamarra fue presidente tuvo un poder acaso mayor que el del Presidente, queda muy pero muy impresionada. Cuando Flora se va del Perú, era otra persona. Y, afortunadamente, no le dieron la herencia. Se hubiera convertido en una burguesita con ínfulas aristocráticas y hubiera llevado esa vida parasitaria que luego ella desprecia tanto.

    "Gauguin quería traducir los sueños en realidades y terminó yéndose a Tahití". Der.:, Aline, hija de Flora y madre de Gauguin.

    -¿En qué clase de persona se convierte?

    -En una persona decidida a pelear, con una conciencia social, convencida que se puede dar una batalla, que se pueden reformar las leyes y la primera manifestación de eso es Peregrinaciones de una Paria, donde con un coraje extraordinario cuenta toda su vida, que había huido de su marido, llamándose a sí misma una paria, exponiéndose, bueno, a lo que se expuso. El libro tuvo mucho éxito y Flora salta de pronto a ser parte del mundo intelectual en París.

    -En "Peregrinaciones..." Flora es muy crítica con el Perú, muy dura, ¿exagera?

    -No exagera y, en cierta forma, el Perú no ha cambiado tanto. Sigue siendo un país de grandes contrastes, de una enorme frivolidad. Y a Flora, le fascina y le horroriza la frivolidad. Ella descubre en Arequipa, por ejemplo, que la gente de la "buena sociedad", sabía más de París que ella. Luego conoce a personajes como Clemente Althaus, absolutamente fascinante: el mercenario que ha cambiado 14 veces de bando en el tiempo que lleva en el Perú y que es el único que cree en la guerra porque para él la guerra es su manera de mantenerse. Ahí está su tío Pío Tristán, uno de los últimos virreyes del Perú y uno de los primeros presidentes de la república. O sea que, qué mejor símbolo del oportunismo con que se vivía en medio de las guerras civiles, las luchas de caudillos, las luchas de facciones. Flora es muy crítica de todo eso.

    -Basadre, en el prólogo de la primera edición en español de "Peregrinaciones..." (1946), dice que Flora no se prodiga demasiado, que no revela todos sus sentimientos...

    -Ella se vuelca mucho. Lo que ocurre es que cae muchas veces en convencionalismos pero eso es porque no es una mujer educada, es una escritora nata pero es una mujer sin educación. Nunca fue al colegio.

    -¿Es cierto que tenía muy mala ortografía?

    -Terrible ortografía. Fue su gran vergüenza toda su vida. Ella lo poco que aprendió lo aprendió en su casa. Por eso la educación de las mujeres fue uno de los leivmotivs en su lucha social. ¿Por qué a las mujeres se les niega una educación, una formación intelectual y científica?, preguntaba ella. Y Flora suplió todas esas carencias a base de empeño y de voluntad.

    -¿Cómo describe usted a Flora?

    -Se sabe que era más bien menuda, de cabellos muy negros y piel muy blanca. De ojos muy grandes y oscuros. Le decían la "andaluza". Los testimonios dicen que era muy atractiva porque era muy viva y desenvuelta y podía ser coqueta cuando quería. Al mismo tiempo, en su personalidad había algo que intimidaba a los hombres. Los hombres no estaban acostumbrados a una mujer que les hablara de igual a igual y que además podía ser violenta, tremendamente violenta, de arranques, de desplantes durísimos. Las cartas de Olympe, son cartas muy apasionadas y en las que hay grandes elogios a la belleza, la delicadeza y la ternura de Flora.

    Mario Vargas Llosa y Fernando de Szyszlo en Bretaña, frente a la pensión donde vivió Gauguin. Der.:"Visito los lugares donde estuvieron mis personajes porque así invento con mayor seguridad".

    -¿El personaje más siniestro?

    -André Chazal. Era realmente una bestia, una bestia. Violó a la hija. Violó a la madre de Gauguin cuando ésta tenía 14 años y nunca lo condenaron por eso. Si años más tarde no se le hubiera condenado a 20 años de prisión por pegarle un tiro a Flora Tristán, habría quedado impune.

    -¿Ese balazo tuvo que ver con la muerte de Flora?

    -El final de Flora fue muy dramático. Ella hace una gira por Francia promoviendo la Unión Obrera cuando en realidad ya se está muriendo a pedazos. Esos últimos ocho meses fueron terribles. Yo sospecho que fue un cáncer a los ovarios y claro, el balazo debió acelerar ese proceso porque la bala la tuvo siempre junto al corazón. Entonces, cuando le daban sus famosos colerones -había generado una personalidad díscola, irritable, peleadora-, sus terribles rabietas, ella sentía el metal de la bala en el corazón, era como un llamado de su propio cuerpo diciéndole cuidado, hasta aquí no más. Pero yo creo que fue el cáncer quien la devoró.

    -Es un hecho que Flora Tristán es una pionera del feminismo, ¿es verdad también que se adelantó a Marx?

    -Si alguien merece ser considerada como una pionera del feminismo es Flora, sin ninguna, pero sin ninguna duda. Ahora, ella muere cuatro años antes de que se publique el manifiesto comunista de Marx y el manifiesto borra todo lo de ella. Pero en realidad, la primera persona en el mundo que desarrolla la idea, la idea base del marxismo, de que la clase obrera, por ser la clase explotada, que sólo vende su fuerza de trabajo, que no tiene ningún interés por defender, es por lo tanto la única que puede librar a la humanidad de la injusticia, de la explotación e iniciar una revolución, no a escala nacional sino a escala mundial, que cree en un mundo de justicia, no es Marx sino Flora Tristán.

    -Flaubert decía que él era Madame Bovary, ¿dirá usted más tarde lo mismo respecto a Flora?

    -Sí; de alguna manera uno se vuelca en los personajes que inventa.


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