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Edición Nº 1703 |
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El Duro Sueño
Americano Escribe JERONIMO PIMENTEL A Lizzy le sorprendió la nieve porque nunca la había visto. Era 1980, venía de comer helados D'Onofrio en Lima y, aún extasiada por el invierno de Maryland, recuerda que sólo sabía decir "my name is…", o cosas como "car" o "house", que tenía doce años, que estaba sola con su tía y que esperaba a su mamá y a su hermanita Melanie. Varios años atrás, su padre, un futbolista brasileño que vino a jugar por Alianza Lima llamado Wantuil Da Trindade, se había casado y tenido dos hijas con Norma Elizabeth Rodríguez, para, luego de un divorcio, abandonarlas en la víspera de la Navidad más triste del mundo. Pero eso no es lo que recuerda ahora, que vuelve a Perú en sus 31 años, al cabo de 21. Ahora recuerda haber entrado por primera vez a la escuela en EE.UU. con un poncho, recuerda haber sido burla de inescrupulosos niños que creían que era "tonta" porque no sabía inglés, recuerda haberles callado la boca a todos cuando en el examen nacional de fin de año de sexto grado sacó la mejor nota de la escuela en matemática. Y las autoridades del colegio no le creyeron, o creyeron que había hecho trampa, y tuvo que volver a dar el examen mostrando todos los procedimientos de las operaciones que resolvía sin problemas. Y volvió a sacar la mejor nota, por lo que le dijeron que el próximo año iba a dejar las clases para los alumnos que no tenían al inglés como lengua materna y por eso su mamá, con una marcialidad cerebral y resuelta -que ella ahora agradece- le dijo que la única solución era hablar en inglés en la casa, por lo que no le respondía nada que no estuviera dicho en anglosajón. Le da risa no haber sido cool ni popular, haberse juntado con nerds, haber ingresado a la Universidad de Duke y haber acabado la carrera de abogacía en la Escuela de Leyes de Harvard con el grado de suma cum laude. Le da satisfacción haber obtenido la prestigiosa beca Harry Truman por su excelencia académica y compromiso social, haber trabajado en el área de prensa de la Casa Blanca, haber viajado con Bill y Hillary Clinton por buena parte del mundo, haberse hecho respetar frente a un militar republicano que pretendía desconocer las medidas que ella había previsto en una conferencia que Clinton dio para la OTAN en Bélgica. Ahora se desempeña en Allan & Allbree, uno de los estudios ingleses
más grandes del mundo, a la vez que presta ayuda comunitaria a
personas sin capacidad económica, como la señora dominicana
a la que asesora para ganar un asilo político en EE.UU. porque,
a pesar de las golpizas que le da su esposo, y las continuas quejas que
da a la policía dominicana, nadie le hace caso. A Lizzy le ajusta
el tiempo pero no le importa. Ayudar siempre estuvo en el ideal que tiene
de su carrera. Quiere mucho a su abuela, doña Amelia Puell, de
87 años, fiel vecina de Pueblo Libre, símbolo de la pujanza
familiar femenina que su madre siguió y que perviven en ella y
su hermana Melanie.
DE BETHESDA A WALL STREET Mark Asher, su padre norteamericano desde hace 18 años, recuerda que tanto Melanie como Lizzy se comunicaban "sólo a través del español y sus bellos, expresivos ojos oscuros". También ha escrito sobre la elegancia innata de ambas la primera vez que las vio en el refugio para desamparados de Bethesda, Washington DC, en el que ambas hermanas y la madre tuvieron que vivir por 18 meses luego de un distanciamiento con la tía que las dejó desamparadas. Asher, ya por entonces respetadísimo periodista deportivo y de investigación del Washington Post, había conocido a Elizabeth Rodríguez cuando ella fue al BID en busca de trabajo. El amor fue, como en las películas gringas, a primera vista pero de lento desarrollo. Elizabeth, avergonzada por vivir en una casa para desamparados, se negó a confesar su situación al periodista ni dar sus señas. Asher, echando mano de los recursos propios a la profesión, no tardó en ubicarla. En 1984 se casaron. A ellas, vivir con los homeless, en vez de retraerlas las favoreció. Melanie tuvo mucho éxito en el colegio y fue popular a pesar de regirse por los preceptos maternos respecto a no tener novios hasta los 18 años, no usar ropa ajustada, tampoco maquillaje, y sobreponer los estudios ante todo. Su mamá suele decir que en algún momento hubo un intercambio
de vocaciones porque ha Melanie siempre le gustaron más las letras
y ahora es banquera en Wall Street, y Lizzy, buena en números,
es ahora abogada. Pero no importa, porque lo que también intercambiaron
fue el deseo de excelencia. Siguiendo los pasos de su hermana mayor, estudió
en Duke y afronta ahora su primer año en Harvard. No cree que esté
haciendo el sueño americano, y aunque reconoce que acá
difícilmente hubiera alcanzado los logros que ostenta (no es perfecta,
pero la meritocracia gringa suele primar sobre valoraciones extralaborales
como apellido, clase, sexo, raza, etc.), asigna esos triunfos a su madre:
ponerse metas.
Ya sea por su padre biológico o adoptivo, siempre le gustaron los deportes. De ahí que tenga muy vivo en la memoria el momento cuando se dirigía a una entrevista de trabajo con Alberto Verme, gerente para América Latina del City Group, y vio la oficina de éste rodeada de parafernalia del Alianza Lima. Ella, sorprendida en un inicio, le indicó que su padre había jugado por la blanquiazul. -¿Cómo se llama? -Wantuil Da Trindade. -Claro que lo conozco. -Y le enseñó, en una de las fotos de equipo que tenía enmarcadas en su pared, la efigie de su padre posando con diez morenos vestidos en corto. Obtuvo el trabajo, pero no por el recuerdo victoriano sino por su innegable capacidad profesional. Eligió desempeñarse en el área latinoamericana, lo que le ha permitido venir de vez en cuando, esporádicamente, por un día y medio o dos, al Perú en alguna gestión de negocios. Hace dos semanas Wantuil Da Trindade llamó a Melanie por su cumpleaños. También lo quiere mucho y bromea diciendo que ha tenido la suerte de tener dos papás en vez de uno. Ahora ella espera que él obtenga el trabajo de entrenador que ansía, que papá Asher, del Washington Post, obtenga el Pulitzer para el que más de una vez ha estado nominado, mientras menciona que, en algún momento, cuando realice la empresa que aún tiene esbozada sólo en sueños, tendrá a su hermana Lizzy, también su mejor amiga, como asesora legal. En el Perú.
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