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Edición Nº 1703 |
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AL comenzar la página anterior, la última del año, me atreví a hacer algo que entonces parecía obvio y fácil: adelantar algunos titulares de diarios que se producirían inevitablemente en el 2002. Uno de ellos se hizo trágica noticia aún antes de terminar el 2002: Incendio en Mesa Redonda. No se necesitaba siquiera ser adivino para darse cuenta de que ello era algo latente y que terminó poniéndole su sello doloroso y dramático al año que pasó. La pavorosa tragedia de Mesa Redonda es una lección que ojalá aprendamos los peruanos. Este fue un duro, durísimo golpe que nos marcará sin duda. Y ojalá nos enseñe. Aunque parezca tarde, debo hacer un mea culpa público ante los amigos que me enviaron tarjetas de saludo con motivo de las fiestas. No saben cuánto las agradezco y cuán miserable me siento por no haberlas correspondido. Resulta, y ya lo saben ahora, que como le sucede a mucha gente, las fiestas de Navidad y de Año Nuevo me obnubilan por completo y me convierten en un inútil para ir a comprar tarjetas, llenarlas con los cariñosos saludos que cada uno se merece, e ir al correo a hacer la cola para ponerles estampilla y luego introducirlas en el buzón rogando a Dios que lleguen. Así es que en reemplazo desabrido de ellas, vaya aquí un saludo cordial a todos ustedes buenos amigos. ¡Feliz Navidad que ya fue y Feliz Año que ojalá sea! Quiero hacer un aparte especial para aquel saludo que recibí, consistente en una sobria caja de madera conteniendo un quipu y la siguiente frase: "Sumemos juntos por el Perú". Recibirla ha sido para mí muy halagador y me ha llenado de esperanza en el destino de nuestro país. Una buena forma de terminar un año y empezar el otro. La semana antepasada, gracias a una grabación, se conoció la ominosa conversación entre el entonces ministro de Trabajo fujimorista Jorge Mufarech y el corrupto José Enrique Crousillat, al que con diligencia sospechosa le informaba que iba a suspender alguna revisión laboral en ciernes. Con motivo de esa revelación, el ex ministro adoptó la estrategia de que la mejor defensa es el ataque y la emprendió contra el ministro Kuczynski. De allí fue que se me vino a la mente la palabra ladino, por lo que se me ocurrió buscarla en el diccionario de sinónimos. He aquí algunos de los que encontré. Los lectores seleccionarán aquellos a los que crean se ha hecho merecedor Mufarech: Astuto; Sagaz; Avisado; Artero; Malicioso; Perspicaz; Sutil; Cuco; Artificioso; Calculador; Zascandil (?); Chusco; Pérfido; Fino; Diestro; Pillo; Bribón; Bellaco; Tramposo; Diablo; Sátrapa; Solente (?); Charlatán y, por último, Parlanchín. Como no quiero calificar, y me parece que eso de sutil y fino no van con él, dejo a mis lectoras y lectores elegir la o las acepciones que más les parezca le caen al, hasta hoy al menos, congresista de Perú Posible. (Una ayudita: hay por lo menos 12 que lo definen a plenitud). Probablemente las huestes de Osama bin Laden tienen que escucharlo sin objetar lo que dice, porque la vida les va en ello. Pero eso que dijo que Estados Unidos ha emprendido una guerra contra el Islam ni sus correligionarios talibanes se lo creen porque, por lo contrario, este país es uno de los que cuentan en su territorio con más musulmanes y mezquitas que ningún otro, incluyendo los propios países musulmanes. En respuesta a la carta de un lector que defiende el Banco Agropecuario cuya creación ha aprobado el Congreso, CARETAS disiente de este columnista, que es contrario a ese banco de aparente fomento, alegando que bancos de fomento hay en todas partes y que incluso el Banco Mundial llamo o llamó Banco de Reconstrucción y Desarrollo. La diferencia con el que aquí se va a imponer es que esos bancos tienen el respaldo multimillonario de países sumamente ricos y, además, por lo general no suelen prestar a particulares, ni siquiera con el carné del partido. Aquí esos bancos están destinados a la quiebra, porque no tienen suficiente capital de apoyo, por lo que jamás alcanzarán a cubrir las expectativas. Bueno, al menos eso es lo que dice la experiencia. Los avisos colocados en la berma central de la avenida Coronel Portillo en San Isidro, a los que me referí en la página anterior, fueron retirados antes de que ésta saliese publicada, así es que no puedo atribuirme el éxito. Éste sin duda se lo merecen los vecinos que la emprendieron contra ese atentado al ornato, lo que hizo que la municipalidad, atinadamente, los retirase de inmediato. ¡Buena, vecinos! Unas breves líneas para un gran gesto: el de los bomberos limeños, que una vez más lucharon denodadamente contra el fuego en Mesa Redonda, teniendo en contra la precariedad de sus equipos, las calles estrechas y el hacinamiento. Verdaderos héroes civiles, los bomberos merecen más del Estado. No hay derecho que el ser parlamentario por casualidad autorice al congresista Alfredo Gonzales a molestar la paciencia de los ciudadanos con cursilerías como la de decir que el alcalde Alberto Andrade se había lavado las manos con perfume español en lo del incendio de Mesa Redonda. Si alguien merece el respeto de la ciudadanía es el alcalde que ordenó Lima en la medida de sus, por lo menos entonces, escasas posibilidades. Si hubiese tenido plena potestad, sin duda que el escenario de hacinamiento de Mesa Redonda y otros lugares de Lima hubiese sido otro. Como ya lo comenté, a raíz de los acontecimientos de Argentina hubo irresponsables que con más de una intención lanzaron voces de ¡saqueo! en diversos establecimientos comerciales. Las declaraciones de Alan García, aprovechando la misma circunstancia, referidas a que en el Perú se vivía un cuadro aún peor que el del país del Sur, en verdad equivalían a algo similar. Fueron en verdad una invitación a bailar el nuevo tango, llamado Saqueo.
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