Edición Nº 1703


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    13 de diciembre de 2002

    Por FERNANDO VIVAS

    Fujimontesinismo del Corazón Ampay a Jessica Tapia y Alvaro Maguiña nos obliga a revisar nuestra moralidad.

    Un ampay legítimo y feliz a Carlos Cacho y Michelle Alexander.

    UN encuentro de la gula y la morbosidad. El affaire Tapia-Maguiña era cosa de ellos, un privadísimo detrás de cámaras en el que nadie tenía derecho de meter sus narices y menos sus zooms.

    Pero sus expansiones los llevaron al vastísimo territorio donde el periodismo de espectáculo acecha en búsqueda de figuras públicas con los pantalones abajo. Un anónimo urraco dijo ¡somos más!, marcó el número de Cacho en lugar del de Magaly y ¡zas! (Existe otra teoría. Que Maguiña, sospechoso de haber incurrido en ilícitos penales derivados de sus prácticas periodísticas en la época más corrupta de Canal 4, estaría siendo investigado por fiscales y parlamentarios o seguido por anónimos vigilantes que habrían pasado la voz para no aburrirse de una inútil vigilia. Pero me inclino a creer en la gula de un gallinazo desconocido).

    ¿Es legal y periodísticamente legítimo el ampay? La filosofía jurídica y la experiencia que en los últimos años hemos adquirido al respecto nos obliga a conciliar el derecho a la privacidad con el interés público por husmear en la vida de los famosos. La ley no dice dónde empieza lo uno y dónde termina lo otro, así que por un tiempo seguiremos viendo impunemente este clash cultural entre la intimidad de unos pocos y el derecho a la información de las mayorías.

    Magaly Medina planteó un límite que ella misma ha brincado varias veces, pero que sirve para empezar a regularnos. Su meta, dice con el pico jadeante, es pescar a los famosos portándose mal en lugares públicos. Tómese por tales a la calle, fiestas y locales donde se permite el ingreso de cámaras. Inhíbanse, chismosos, de espiar por rendijas los aposentos privados y, por favor ¡respeten la paz de los hostales!

    Propongo un código de ética que fije fronteras y tratamientos al chisme. Que diga dónde, cuándo, a quiénes y cómo vale un ampay; hasta qué punto se puede otear a través del cristal y de los autos estacionados; cuánto vale lo obtenido con una cámara escondida o con una emboscada (¿recuerdan el caso de las prostivedettes?); si los famosos pueden prevenir que se les vigile en las puertas de sus casas y exigir garantías de privacidad en ciertos establecimientos. En Francia hubo un debate jurídico cuando un paparazzo trepado en una azotea del vecindario pescó a Romy Schneider desnuda en su jardín.

    En resumen, si, al amparo de nuestra desregulación el ampay de los noticiosos de América es legítimo como lo fue el de Carlos Thornton y Bárbara Cayo por "Magaly Tv". Aquellos fueron pillados en un parque, éstos en un carro. Un auto parqueado a la luz del día es demasiado transparente como para preservar un romance secreto y este tipo de conocimientos mundanos se pide tácitamente a los humanos ordinarios que suscriben el pacto faustiano con el diablo de la fama.

    Ampay válido pero violento, insensible y prejuicioso. Estando de vacaciones Michelle Alexander tuvo buen tiempo para post-producirlo, agregarle chuscas cuñas cómicas con Susy Díaz y alternarlo con una entrevista donde Jessica, desprevenida, habla de su próxima boda. Esta última charla casi da a la nota el vuelo de un caso donde se ponen sobre la mesa de conducción estos conceptos para el análisis: la hipocresía al declarar sobre la vida privada relacionada con la credibilidad periodística, la inevitabilidad de los romances entre coconductores y cómo la inestabilidad de los canales los favorece, la existencia de un fujimontesinismo del corazón.

    Sí, no se rían. Hace unas semanas, en una edición extraordinaria de "América Noticias" Tapia entrevistó a Maguiña, que enfrentaba serias acusaciones sobre su trabajo en "Hora 20", permitiéndole un cínico mea culpa, de ésos donde se admiten un par de errores y se meten los pecados bajo la alfombra. Así, Jessica, periodista mañanera que no había incurrido en el culposo reporterismo dominical, se hizo cómplice gratuita de su partner.

    Romántico fujimontesinismo de combustión espontánea como todo lo que lleva el signo de la oportunidad y la calidad de lo bamba. No acusemos a Jessica de infiel pues ése no es un pecado público que nos incumba pero sí -abuso del ampay- vale la ocasión para ponchar su periodismo de la patería pasajera, del apañamiento y de la frivolidad como escudo.

    En estos temas debió hurgar Cacho con las disculpas del caso. Pero en lugar de ello hizo llamar al novio de Jessica, que ni siquiera es una figura pública, dando un toque pérfido al show. Se habló de bodas canceladas como si la sociedad tuviera que penalizar un agarre clandestino.

    La sociedad peruana tiene que desahuevarse respecto a la infidelidad y ser cada vez más tolerante y transparente al respecto. Esta es una opción vital de muchas tontitas felices o picaflores honrados, o viceversa, le pese a quien le pese. Causal de divorcio o de bronca de pareja, sí; pero jamás motivo de condena o hazmerreír público.

    Mala onda en "Mil disculpas" azuzar el morbo lapidario contra la infidelidad cuando Cacho y Alexander, que se quieren asumir vanguardia en un género de superados, debieran ser los primeros en cuestionar prejuicios y tabúes.

    Como periodista Jessica me parece una oportunista del posfujimontesinismo en un canal donde una conductora bella y acrítica como ella cae de perilla y Maguiña quedó descalificado desde que rubricó reportajes encargados por Montesinos en "Hora 20". Pero ambos tienen derecho a retozar cuanto quieran y si son pescados, a reírse y guardarse las explicaciones.


     

    Escribe FERNANDO VILLARAN DE LA PUENTE

    Al ministro de Trabajo Fernando Villarán le tienen sin cuidado el 4 y el 5.

    Como televidente, no podría importarme menos lo que ocurra con los canales 4 y 5, pues jamás los veo. Yo soy un fanático del cable. Cuando no había llegado al Perú, durante mis viajes al exterior me pasaba horas echado en la cama de los hoteles viendo Discovery y CNN. Cuando llegó a Lima amplié mis opciones a todos los canales de películas, en especial HBO-Olé y Films and Arts. En las últimas semanas no me puedo despegar (es un decir) del History Channel, que descubrí en un viaje a México. Por razones de trabajo veo los canales 8 y 6, así como el 7 que ha mejorado notablemente. Pero claro, todavía la TV no puede competir con el cine. Fui la persona más feliz con la aparición de las nuevas salas pequeñas con imágenes y sonidos de calidad. Y prefiero mil veces una película en el cine con la sala oscura sin teléfonos ni interrupciones. También los libros son una competencia muy grande para la TV, pero el que triunfa siempre es el tiempo escaso. Extraño los días de 48 horas que tuve en Ayacucho (1972), aunque probablemente la causa de este milagro era precisamente la inexistencia del cable.



    Urpi Gibbons, la primera Sarita serial.

    Ay, Sarita

    Recién se salda la cuenta pendiente de la Tv. con la santita informal. Había sido documentada en un vídeo de Judith Vélez, fantaseada literariamente por González Viaña, cantada con la furia populista de Los Mojarras, citada por el neocostumbrismo policial desde "Gamboa" hasta "Los de arriba y los de abajo", pero nunca biografiada. Eduardo Adrianzén y Santiago Roncagliolo han entregado para Michel Gómez un dossier múltiple, una pesquisa emprendida por la periodista Mónica Sánchez desde el apurado presente de la TV hacia el pasado monacal. Es lo más común y esquemático dentro de los acercamientos que se creen complicados hacia un personaje; fuente de alternancias mecánicas entre ayer y hoy. En el par de capítulos vistos hay un balance irregular: la parodia de Laura Bozzo (Gaby Billotti) es una yapa distractiva, la vida conventual solemnemente sepiada tiene dignos toques de Urpi Gibbons como Sarita que sabe imponer su aura y sus manos, y las andanzas de Mónica como la feminista clasemediera, son casi una prolongación de su papel en "Los de arriba". Más serena, más controlada y mejor escrita que las últimas producciones de Gómez, delata aún una visión paternalista de lo marginal apenas ornada de kitsch y misticismo. A seguir viendo.


     

     

    Picotazos

    "Decían que era más chupado que mango de pobre".

    Arturo Alvarez remedando a Carlos Cacho y refiriéndose a Alvaro Maguiña en "Ocho locos".

     

     


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