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Edición Nº 1704 |
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Más Allá
del Deseo
La concertación entre el gobierno y las principales fuerzas políticas ha dividido a buena parte de la clase política, social y empresarial del país entre el entusiasmo y el escepticismo. Romeo Grompone, sociólogo e investigador del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), es autor junto a Julio Cotler de un estudio que analiza el ascenso y caída del fujimorismo y ahora, mientras prepara un nuevo trabajo que reflexiona en torno a los partidos políticos, comenta virtudes y carencias del proceso que, a partir de esta semana, liderará el Primer Ministro Roberto Dañino Entrevista PEDRO TENORIO ¿Cuál debería ser el primer paso de esta nueva etapa de concertación que está por iniciar el gobierno? -El desafío, que me parece que no está reflexionado ni por el gobierno ni por la oposición, es cómo se lleva adelante una concertación en un país en el que no existen partidos políticos fuertes y donde recién, aparentemente, se están constituyendo. Además, resulta que el partido que tiene más niveles de estructuración social es el Apra, que es la principal fuerza de oposición. -¿Las recientes escaramuzas entre el Apra y Perú Posible acaso anticipan el naufragio del proceso? -No me parece. Creo que se está haciendo una lectura de la concertación muy basada en experiencias como la española o la chilena, en las que existían partidos políticos más o menos estructurados que habían tenido condiciones de diálogo entre ellos previas a la caída de Pinochet y de Franco. Partidos con bases estructuradas y militancias más o menos expandidas en la sociedad. No existía el grado de volatilidad que hoy se experimenta en el Perú. -Si eso hace más difícil las cosas, ¿qué es lo que podría provocar su fracaso? -El riesgo radica en que cada partido intente ganar su propio espacio en detrimento de los demás. En la desesperación por ganar ese espacio, por afianzar su protagonismo, podría mostrar sólo una adhesión declarativa a los principios de la concertación, pero no compromisos estables con ella. -¿Y de qué depende ello? -Hay que mirar en dos niveles. Uno, que es de largo plazo -el de la reforma constitucional, la descentralización o la Ley de partidos políticos- demanda llegar a puntos de encuentro. Pero como con acuerdos generales tampoco se resuelve una situación, deberá arribarse a acuerdos mínimos en política económica, en políticas sectoriales y de empleo. Por lo menos saber hasta dónde se puede llegar y hasta qué punto se pueden procesar los conflictos. -El Apra entregará 65 iniciativas para la concertación. -Así dicen, pero la iniciativa la debe de tomar el gobierno. Eso de las 65 medidas es tan abarcativo que al final se vuelve impreciso. Lo excesivamente casuístico, propuesto por una fuerza de oposición, es una buena manera de generar imprecisión. Es una paradoja, pero así sucede. -¿No será más bien un intento de imponer a Toledo un plan de gobierno paralelo? -No creo que en el Apra estén convencidos de que van a lograr que los 65 puntos sean aceptados. Ellos están apostando a decir "somos la fuerza que tiene las políticas más estructuradas", a legitimarse como opositores más que como concertadores. Dañino todavía no ha elaborado una agenda precisa de concertación. No basta con decir "es necesario ponernos de acuerdo". Necesita proponer los puntos a tratar en el proceso. -Y a concretar. Por aquello del "día a día" que le interesa a la gente. -No sé si se solucionarán de inmediato el conjunto
de problemas que aquejan a los peruanos, pero sí se pueden consignar
perspectivas razonables de lo que puede hacerse para mejorar la situación
de la gente y remitir los acuerdos al Congreso.
-Dañino será el timonel en esta nueva etapa del diálogo concertador. ¿Cree que es la persona más indicada? -Es coherente que el Primer Ministro se convierta en un vocero más allá de la voluntad presidencial y que exprese así la idea de un equipo estructurado. Eso permite reservarle al Presidente las decisiones finales. No al estilo presidencialista autoritario, sino en la medida que hay una exploración previa del jefe del gabinete. Evita así los riesgos de una tentación autoritaria del Presidente y, en otro nivel, un excesivo desgaste de la figura presidencial. -Hay en el régimen quienes temen un boicot de la oposición, y principalmente del Apra, en contra de Toledo. -Pienso que durante los 3 primeros años de este gobierno hay que ser concientes de la dramaticidad de la situación porque puede entrar en un rápido desgaste y así facilitar el resurgimiento de ciertos reflejos autoritarios que existen en la sociedad y que pueden tomar expresión política. No necesariamente en el fujimontesinismo clásico, pero sí en otra entidad que encarne el discurso de orden y autoridad fujimorista. -En nueve meses se celebrarán comicios municipales y regionales, ¿no se caldearán los ánimos en la concertación? -Creo que sí. Para evitarlo debiera haber una especie de acuerdo en torno a cuáles son los límites de conflicto tolerables para la gobernabilidad democrática. Que no haya acusaciones personales, ni deslegitimación de los adversarios porque supuestamente son ineptos o corruptos. Desterrar la guerra sucia. No caer en términos tan duros como sucedió en la última campaña. -Toledo dice "No voy a permitir que se manosee a mis ministros", ¿no hay allí un rezago autoritario? -Me parece importante, aunque la expresión no haya sido la más adecuada, que el Presidente se haga cargo de defender a sus ministros. Ese es un cambio relativamente positivo en lo que yo veía durante los 3 ó 4 primeros meses de este gobierno. -¿Sólo ahí nota algún cambio? -No. Está bien que los ministros tengan iniciativa, pero a mí me daba la impresión que la iniciativa que tenían durante los primeros meses no era expresión de una autonomía de gestión con criterio razonable, sino el resultado de las mismas indecisiones que tenía el Ejecutivo. Eso dio la imagen de contradicciones y de marchas y contramarchas que muchos criticamos. -¿Cómo observa la evolución de Toledo en el cargo? -Lo veo más afiatado, pero no entiendo personalmente cómo se puede funcionar con... ¿cuántos consejeros tiene? -Ocho, y uno o dos más que no han sido nombrados. -Parece una cacofonía. Creo que un gobierno debería funcionar con dos o tres consejeros, y respaldarse más a nivel de sus ministros. Cuando se nombran zares anticorrupción y antidrogas, y numerosos consejeros, se ignora que de lo que se trata es de fortalecer las instituciones existentes en sus competencias más que de crear una especie de ente de notables que actúen superponiendo competencias con otros organismos. Con atribuciones mal definidas y sin presupuestos ni equipos. -¿Teme que los consejeros terminen siendo una suerte de corifeos que en vez de asesorar le calienten la oreja al Presidente? -Cuando no hay un partido político se ingresa a la lógica del entorno: hombres de confianza ad hoc para cada tema. Y al no tener referentes estables se busca el consejo de quien conviene. Escuchando lo que a uno le gusta escuchar. Eso provoca incoherencias. El entorno principal deberían ser los ministros. -¿Qué se le debe exigir a Toledo a siete meses de su gobierno? -Lineamientos de política económica y fiscal que tengan un relativo consenso dentro del propio gobierno y que haya sido consultado con algún tipo de detalle con las demás fuerzas políticas. Sólo así podrá ir más allá de esa alianza con el FIM que sabe aprovechar tan bien Fernando Olivera.
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