Edición Nº 1704


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    ARTICULO

    17 de enero de 2002

    Candor Con Dolor
    CARETAS insiste en su campaña contra el maltrato y abuso infantil. Una tarea impostergable.

    Carlos Alberto (15) trabajó 4 años en una ladrillera. Ahora se dedica a la jardinería.

    A veces los ladrillos le quemaban las manos a Carlos Alberto. Era una rutina que se iniciaba a las 4 de la mañana. Terminaba una hora después de cuando el cielo se ponía negro. A los ocho años ésa era su rutina en la ladrillera de Huachipa. Su familia integrada por cinco personas ganaba entre 20 y 50 soles a la semana. Todos. Había semanas en que se retrasaban en los pagos. Y su cena habitual de bizcochos y té hervido desaparecía. La arena a veces le rasguñaba la piel. A los doce años cargaba 20 kilos de barro, exactamente la mitad de su peso. Carlos Alberto no fue al colegio por 4 años. Tiene hoy quince. Ya no pasa sus días en la ladrillera. Ahora pasa su jornada como jardinerito. Es delegado nacional del Movimiento de Niños y Adolescentes Trabajadores Organizados del Perú (MNNATSOP). Es flaco y algo jorobado. Se sigue levantando temprano. Sólo porque cree que todo esto debe cambiar. Y que él debe formar parte de la solución.

    Según una encuesta impulsada por Acción por los Niños, realizada en 260 colegios públicos, el 20 % de los niños que estudian primaria en ellos trabajan. Al pasar a secundaria, la mitad de los estudiantes ya realizan una actividad de sobrevivencia. Eso supera la línea que el último informe de la Organización Internacional del Trabajo le da a nuestra región: el 28 % de las adolescentes entre los quince y 19 años no estudia, y el 12 % por ciento se dedica únicamente a tareas domésticas.

    El convenio 138 de la Organización Internacional del trabajo, que el Perú ha firmado, establece que la edad mínima para trabajar son los 15 años. Algunos gobiernos pueden permitir en situaciones especiales una edad mínima de 14 años y para trabajos ligeros hasta los 12 años. Esa ley ha sido transgredida en casos como el de Carlos Alberto. Pero existe una controversia: se cumple con esta norma o se permite que -en una situación como la actual- ellos trabajen.

    El trabajo inapropiado es una de las mayores causas de maltrato infantil. Aleja al infante de la inocencia y los juegos. Lo libera a un entorno cruel, a la desesperanza de recibir innumerables rechazos.

    Jaime Jesús Pérez, director de Acción por los Niños. Der.: Yahaira (8) y María Isabel (12) se dedican a la venta de alimentos con sus padres.

    "Lo primero para resolver el problema ha de ser que el gobierno reconozca la existencia creciente de pequeños que se erigen como parte de la economía de un país. Trabajan y no reciben ningún tipo de protección", afirma Jaime Jesús Pérez director de Acción por los Niños. "Nadie se ha preocupado por ellos, porque se dé una política integral que permita que no pierdan horas de clase, que su educación esté orientada a ser complemento y medio de crecimiento, y no un obstáculo para sobrevivir".

    En medio de su ponencia, en la Primera Convención Nacional de Salud Pública: Perú Siglo XXI, Luis Solari anunció el programa Salvar a los Niños, que estará a cargo de la Dirección Ejecutiva de Promoción de la Salud. El objetivo es proteger de la malnutrición, de los accidentes domésticos y de la violencia familiar y sexual. Una vez más se olvida de una realidad como el trabajo infantil.

    El último Censo Nacional de Población y Vivienda del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) indica que de cada tres niños que trabajan sólo uno va a la escuela. El quiebre de la unidad familiar es una respuesta parcial. El informe anual del Programa Nacional DEMUNA (Defensoría Municipal del Niño y el Adolescente) ha registrado sólo en Lima y Callao un promedio de 100 denuncias diarias de maltratos a niños entre los 0 y los 12 años y la mayor parte causados por los padres.

    Edu repartía volantes durante todo el día. Ganaba de dos a cuatro soles por ocho horas de trabajo. Estuvo parado en una esquina por seis años. Trabajaba de lunes a domingo. Ahora, a los trece años, alejado de las calles y unido a sus papis, sonríe siempre. Aún es un niño. (Martín Mucha).


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