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Edición Nº 1704 |
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LIMA Ciudad Para Festejar
Una personalidad tan especial como la de la ciudad de Lima sólo puede haberse forjado a través del tiempo. Eso lo demuestra el libro "Diversiones públicas en Lima, 1890-1920. La experiencia de la modernidad", de la socióloga Fanny Muñoz Cabrejo. En él, es posible conocer, por primera vez, los entretelones del intento por construir un campo de referencias culturales que habrían permitido a los limeños de comienzos del siglo XX confrontarse en su condición de individuos y ciudadanos. Así comenzaron los habitantes de esta ciudad a incursionar en los deportes y claro, a divertirse. FANNY Muñoz Cabrejo elige un período fundamental en la historia del Perú republicano para desarrollar el tema de su libro: el que se extiende entre 1890 y 1920, en Lima. Momento de grandes cambios y transformaciones políticas, económicas y sociales. "Trato de reconstruir -afirma ella- la experiencia de la modernidad
a partir de las prácticas culturales que se expresaron en el desarrollo
de las diversiones públicas y los deportes que comenzaron a aparecer
en la capital a fines del siglo XIX". Según la historiadora, ambas
manifestaciones dieron lugar a una nueva forma de sensibilidad estética,
a distintas costumbres y valores que apuntaban a la construcción
del ideal de ciudad moderna y finalmente de nación.
Lo interesante, además, es cómo se contrapone lo anteriormente
dicho a las tradicionales formas de divertirse de distintos sectores de
la población, específicamente los populares, que iban desde
"las salas de juego y los carnavales hasta los toros, los gallos y las
jaranas". El hecho es que uno de los primeros intentos por instaurar una
escuela de "costumbres pero también de progreso" y por consiguiente
acabar con el criollismo, obstáculo de la modernidad fue el teatro.
No cualquier teatro, por cierto, sino el denominado "teatro culto", léase:
ópera italiana y ópera cómica francesa. Pero ¿cómo
lograr imponer el gusto por el teatro en la población? De acuerdo
a Fanny Muñoz, gracias a la subvención que la Municipalidad
ofreció a las compañías de ópera, drama y
conciertos sinfónicos desde 1898. Y aunque los teatros comenzaron a proliferar (en 1891 la capital tenía 4 teatros y, entre 1890 y 1900 más de una decena de compañías líricas y dramáticas extranjeras vinieron a Lima) fue muy difícil para la sociedad de entonces pretender desarraigar costumbres criollas que más se ligaban a la pasión: las corridas de toros y las peleas de gallos. Y mientras el Palacio y Parque de la Exposición se convertía en el lugar destinado al "solaz y al encuentro de los diferentes grupos sociales de la población limeña -a partir de 1899 y a un costo muy bajo, 20 centavos, las familias podían presenciar, todos los domingos, diversas actividades tales como música de bandas, concursos de tiro al blanco, festivales de natación, regatas en la laguna, ascención de globos aerostáticos, carreras y funciones acrobáticas- nuevos deportes ingresaban por la puerta grande de la ciudad, de la mano de la comunidad extranjera.
En primer lugar los "ejercicios físicos" que, como se apunta en el Catecismo de Higiene de Sebastián Lorente permitían "vivir con regularidad, sencillez y moderación, soportar las privaciones y endurecer gradualmente". Nicolás de Piérola, por ejemplo, reglamenta, en 1896, la instrucción física y moral en el colegio con el fin de formar "una generación orgánica y moralmente vigorosa". Para esto, ya en 1894 se habían realizado los primeros juegos atléticos interescolares en la Cancha Meiggs. Otros deportes, como el cricket, tenis y fútbol (introducidos por los ingleses) o el tiro y el billar (por lo alemanes) se comenzaron a jugar en los principales clubes deportivos como el Lawn Tennis de la Exposición o el Verein Germania. Un punto aparte para el ciclismo y las mujeres. Las primeras bicicletas -como informa Fanny Muñoz- llegaron a Lima en 1890. Tuvo que pasar algún tiempo, no obstante, para que las "señoritas" accedieran a este deporte calificado más bien varonil. Desde luego, se desató toda una polémica por parte de la comunidad médica y de cierto público. "Se creía -asegura Muñoz- que esta actividad podía masculinizar a las mujeres y, también se tenía el temor que pudieran perder la virginidad y que esta práctica pudiese producir en ellas una especie de masturbación deportiva". Estos cuestionamientos se prolongaron hasta las primeras décadas del siglo XX. Se relata en el libro que en la revista La mujer peruana, Lastenia Larriva de Llona afirmaba que la bicicleta no era muy conveniente porque deformaba "los pulmones y el corazón". Finalmente, las mujeres triunfaron y la bicicleta, entre otras cosas, les permitió aligerar su vestimenta y su libertad. Fanny Muñoz Cabrejo ofrece pues una nueva manera de releer la historia de la vida en Lima, intercalada con valiosas fotografías de las colecciones privadas de Humberto Currarino y Luis Eduardo Wuffarden. (Teresina Muñoz-Nájar).
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