Edición Nº 1704


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    17 de enero de 2002

    Por LORENA TUDELA LOVEDAY

    Pucha, Mi invitado en la Yapla

    AY, no sabes, se me presenta Maiman sin avisar en la playa, hija, el domingo pasado y me encuentra tomando desayuno con Stephan de la Fressange, que como tú sabes es mi mejor amigo, el mejor arquitecto de Francia y según la estúpida de Maripí, "el mejor pájaro desperdiciado", supongo que lo dice porque Stephan antes que a Maripí, prefiere mil veces a Elejalder Cotito, su chofer, que es un afroamericano regio al que en Playa Blanca todas las viejas ganosas le han echado el ojo.

    Bueno, entra Maiman -con sus modales de kibutz- y sin saludar me dice, "China, te tengo un invitado de lujo pero no le des trago porque cagamos". Te juro que yo no entendía nada pero ese Villa María que llevo en el miocardio me hizo superar la resaca del día anterior en un tris y ponerme radiante como un girasol. Qué crees, se estacionan cerca de quince Cherokee doradas en mi puerta de mi casa de mi playa y de una de ellas bajan cargado algo raro que mi amigo tasó, con ese ojo que tiene para las piezas arqueológicas, y me dijo, "Intermedio tardío, cultura Yungay, le falta el gollete pero no está mal para ser de una cultura que no hacía huacos-retrato. Tres mil dólares puesto en París".

    Hija, convencer a mi querido huésped de que lo que se aposentaba en mi terraza no era un ceramio yungay sino mi Presidente, me costó su tiempo y cuando al fin Stephan entendió perdió interés por el asunto y se fue a su cuarto a inyectarse un rato, que eso le hace regio. Mientras tanto yo me puse a observar a mi invitado tan especial y rogué a Dios porque las estructuras pasen por un nuevo terremoto social a ver si de una buena vez se terminan de acomodar bien. Porque te digo, pucha, te encontrabas primero con un par de zapatos de pasador guindas y si seguías subiendo te dabas con que no había media sino canilla lampiña del tamaño de una cuarta, generosamente. El short de lycra con rayas verticales en cyclame, amarillo, bermellón y azul, me hizo pensar en un panel de la Tinka, no sabes, y el polo (con cuello, of course), a rayas horizontales en verde cacatúa, celeste pomo de leche de magnesia y morado esotérico, me llevó de frente a un clavado dentro de mi primer scotch cuádruple del día, de ésos que te hacen olvidar hasta las patadas que te dio tu último hombre, qué quieres que te diga. Y la gorrita Mike (con logo Nike), marrón caca pero caca y eso sí, bien puesta en la punta de la cabeza, me terminó de ubicar en la realidad. Ahí me acordé de Mariló, que siempre dice, "hay que ser una buena anfitriona aunque el lavadero estalle", y bueno, tiré para adelante.

    Como el invitado dormía como una vizcachita al sol, pude dar órdenes a la Jéssikah´s Jeseeniah´s con toda libertad. Pon acá, saca pacá, échale sal a los salmones, bota esa lata de atún. "Y eso sí, no se te ocurra servirle trago al señor que está en la terraza...". "Ah, ése era un señor, y yo que creía que le habían traído su huarango tallado". En ese instante empezó a sonar el teléfono como un enloquecido. Primero fue Maritú Tudela presidenta de la playa. "China, ¿todo bien?" Al instante, pucha, Pocotón Díaz Ufano, "Chinita, me parece que tenemos que hablar". Al minuto, o sea, la histérica de Maribé Bentín, "ay Lorena, el verano pasado traumaste a mi nieta María Belén con ese Absalón que te vino a visitar y ahora me sales con esto. Te voy a pasar la cuenta de la psicóloga".

    Bueno hija, mi invitado se despertó y se portó regio; con esa forma de hablar que parece una voz debajo de los acueductos de Cantalloc, me alabó la casa, la playa y de paso me miró las chichis como si yo fuera un árbol de capulí a punto de botar la fruta, no sabes. Mientras tanto la Jessi y el Jhon Subway servían a todo el mundo, sabiendo que al invitado había que darle un bitter de hojas de cinabrio israelí, que sabe idéntico al whisky pero no es, ¿ya? Sin embargo, hija, me distraje y zuá, el invitado se agarró el quíntuple que le habían preparado a Stephan (que a estas alturas había salido a recibir vestido de Joan Collins en su décimo matrimonio) y claro, the invitated jaló banquito a la mitad de la arena y se puso a ofrecer. Resulta que ahora en la playa estamos en waiting list para diez comedores populares, otras tantas losas deportivas, un resort playero con ventanas y puertas trapezoidales como las de Písac, un programa de empleo temporal (ya la veo a Maripí recogiendo piedritas) y un colegio donado por Aznar a Eliane, donde van a ir a estudiar todos nuestros nietos, ¿tú te puedes imaginar? Ayer me llamó Stephan de París a decirme solamente: "Chinoise, l´histoire est malade..." Ya te cuento más. Chau, chau. (Rafo León).


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