Edición Nº 1704


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    17 de enero de 2002
    Por AUGUSTO ELMORE

    POR tercera y última vez me voy a referir al tema de los carteles que, por breve tiempo, fueron colocados en la berma central de la Av. Coronel Portillo en San Isidro. He sido informado que esa fue una transgresión, grave sin duda, de la empresa publicitaria, que los colocó allí sin tener autorización municipal. Es la misma empresa que ha venido llenando las bermas centrales de las principales avenidas de los principales distritos con esa modalidad de anuncios, denominadas, creo, paletas, que afean el ornato citadino e interrumpen la continuidad visual de las bermas, que son espacios públicos que deberían ser intangibles. Y, según he sido informado -esta vez correctamente-, los de Coronel Portillo fueron retirados por decisión de los regidores de San Isidro, en ausencia del alcalde, que se encontraba de viaje. Honor al mérito.

    A mis lectoras(es) les consta que siempre he criticado esa publicidad que hacen algunas empresas en las que, para anunciar cualquier cosa, se utilizan modelos de niños o adultos que parecen recién importados de Escandinavia: rubicundos y rubilindos, discriminando en forma por demás abusiva a las demás razas, en particular las autóctonas, que conforman nuestro prodigioso conglomerado social. Por eso hoy voy a hacer una excepción a mi regla de no mencionar nombres de empresas para referirme al aviso que a fines del año pasado publicó el Banco de Crédito en los principales medios de comunicación. Es ese en el que aparecen en primer plano dos manos cobrizas, de trabajadora típicamente peruana (el sexo lo he tenido que adivinar por los anillos de la mano derecha) tejiendo en un telar de mano campesino. Es un aviso que es un elogio a la mano de obra peruana y que dice en su texto principal: "Contigo en el trabajo". Así como abomino de los rubiavisos, felicito al Banco mencionado por su acierto. Ya es hora de peruanizar la publicidad.

    La desocupación en la que se encuentra sumido el marido de Martha Chávez, desde que su mujer ya no lo lleva más de viaje al extranjero, lo ha conducido a escribir en Expreso -claro, dónde si no- sobre asuntos y personas que no conoce y de los que está, como siempre, muy mal informado. ¡Pobre diablo!, sus ladridos de faldero no serán contestados.

    Lince no tendrá Misti, como Arequipa, pero sí tiene cráteres más grandes que los de ese volcán. Como el que existe, en continuo crecimiento desde hace años, a todo lo ancho de la pista a la altura del N°ree; 542 del jirón Manuel Segura, en donde todos los días multitud de vehículos corren el riesgo de desaparecer para no ser vueltos a ver jamás, tan grande es el cráter ese. ¡Qué buena municipalidad! ¿Qué harán con los arbitrios que pagan los vecinos? ¡No paguen, muchachos!

    Todos saben que para hacer tortillas hace falta romper huevos, pero ¡no todos los huevos, caramba! Me refiero a las obras que Sedapal ha emprendido simultáneamente en todo Lima, rompiendo pistas por doquier en todos y cada uno de los distritos, con el propósito -saludable y previsor- de mejorar el servicio de agua en la capital, que estoy seguro en algunos lugares estaba a punto de colapsar. Ya sé que ello es necesario y que cabe elogiar la labor de Sedapal, pero lo que sucede es que a los que nos trasladamos de un sitio a otro de la ciudad nos da la impresión de que la empresa la hubiera emprendido más contra la paciencia de los ciudadanos que en beneficio de éstos. Es como si Sedapal tuviese apuro en hacer su labor y la hace cueste lo que cueste. Y quizá razones no le faltan.

    "Países hermanos": pongo entre comillas la frase porque ese es uno de los lugares comunes más comunes que se conocen cuando alguien tiene que referirse a las relaciones que tenemos con los países vecinos. Eso de países hermanos, en verdad, no suele compadecerse con la realidad. Tal es el caso de lo que ha sucedido con el ex embajador peruano en La Paz, Bolivia, Harry Belevan McBride, quien, por su tenaz defensa de los ciudadanos peruanos en ese país, que sufren la xenofobia de ciertas autoridades bolivianas, no fue condecorado al término de su misión, tal como lo mandan las normas de estilo, acto por demás mezquino y arbitrario. Pero claro que Belevan, como Nabor García y Fernando Leite Ribeiro, los embajadores de España y de Brasil que sufrieron idéntico maltrato del gobierno de Fujimori, terminará, como éstos, siendo desagraviado en su oportunidad. Por de pronto la Policía Nacional del Perú condecoró a Belevan a su llegada al país con la Gran Cruz de la Orden al Mérito, a la que se hizo merecedor por su activa defensa de los intereses de los ciudadanos peruanos residentes en Bolivia. No todo en la diplomacia, pues, son días de vino y de rosas.

    Desde esta página, cuando estaba en actividad en la política y el parlamento lo combatí, porque consideré erradas sus ideas, pero jamás consideré a Yehudi Simon otra cosa que un intelectual comprometido, jamás un activista de la violencia. Por eso su prisión y condena, aparte de injustas, me parecieron desproporcionadas, en el caso de que se le hubieran probado vínculos con algunos subversivos. Por eso me alegro de saber que ha recobrado la libertad, que espero disfrute merecidamente con su familia. Me alegro por él, y también por el Perú.


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