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Edición Nº 1704 |
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Por
FERNANDO VIVAS
PARA el conspirador el camino más corto entre dos puntos es un cable imaginario e infinito, una fibra óptica con varias capas de mentiras y apenas 10 bytes de información veraz. Empieza en la celda de Montesinos en la Base Naval, se embobina en un cassette escondido en el wonderbra de la abogada Estela Valdivia que le hace cosquillas en el oído a Popi y a Rospi, garitas de control de la verdad, sigue su trazo sinuoso por la vía de evitamiento que lleva de la Procuraduría a la Fiscalía y a todos los juzgados de Lima y Carabayllo, se vuelve a enroscar en el Palacio de Justicia y se desenreda en las redacciones fujimontesinistas de Expreso, Correo, gatoencerrado.com, Lúcar, y hasta Canal 2, Caretas y La República según lo defina Madame Karp en su cuagtel de Petropegú. En su ruta combi de alta tensión, el cable pasa muchas veces por Palacio. Pie derecho, bajan los lobbistas a buscar cita para terceros. Si son de la televisión, el Presidente acepta hablar con cuartos, Mr. Rachitoff. Y si el Presidente le dice "Eso no lo voy a permitir" no se haga bolas, esa es la contraseña del trato hecho y deshecho, la clave de que estamos entendiendo que no hay nada que entender. Al final de toda teoría de la conspiración, en el improbable caso que no se haya derrumbado antes como castillo de naipes, queda esta miserable constatación: unos pendejos estaban tramando una pendejada y yo fui el pendejo que me la creí. El razonamiento conspirativo es un arma para sobrevivir en el Perú pero no es la mejor. Supone una crisis valorativa pues apela al cinismo y la hipocresía y se acaba viendo con ojos cómplices la intriga y la estafa. Además, tiene visibles componentes paranoides que hacen que en pleno caos, en lugar de correrse de él, uno arme su podio y diserte "Ciudadanos, yuhu, aquí estoy" en medio de los flashazos. Alvaro Vargas Llosa y recientemente Mario Roggero son dos buenos ejemplos, seguro honorables y bienintencionados, del razonamiento conspirativo pasivo. Nicolás Lúcar es otro ejemplo y llegó a colocar -en buena hora hoy se arrepiente- a Valentín Paniagua a la cabeza de una conspiración. En la calentura de Lúcar, ¡la Transición fue un complot contra la seguridad nacional encarnada por la clase dirigente que veíamos en los vladivideos! Contra los excesos y la crisis valorativa asociada al pensamiento conspirativo, está la confianza en el azar y en las otras fuerzas democráticas, históricas y más vivas que los vivazos que complotan a nuestras espaldas. El problema es que el mismísimo Ejecutivo ha dado muestras de este razonamiento pasivo y, en el caso de Popi Olivera, graciosamente activo. Una sociedad que cree que agotó su confianza en la década pasada y que la historia reciente se reduce a que fuimos víctimas inermes de una mafia que sólo cayó porque Popi presentó un video que la desnudaba (¿y los 4 suyos, la resistencia, la prensa independiente, qué?) atribuirá toda noticia y escándalo a una fábrica imaginaria de cortinas de humo, a los hackers de la política, a los pescadores a río revuelto. Hasta el ampay de Jessica Tapia y Alvaro Maguiña, real, carnal y confirmado, ha sido tipificado de niebla. Las cortinas de humo, al margen de la mala voluntad de sus difusores, sólo existen en los ojos de quienes las ven. El conspirativo no razona, se excita o se perturba por los acontecimientos y no quiere ver más allá de ellos. Busca los cinco pies del gato y como el Perú es tan especial... los encuentra. En ese momento triste y fantástico, cuando la realidad le da la razón al paranoico, cuando Alvarito de veras descubre que un juez lo ha agarrado de punto, cuando las investigaciones parecen confirmar las hipótesis de Mario Roggero sobre la muerte de Gustavo Mohme Llona, la compulsión se retroalimenta. El razonamiento conspirativo impide analizar algo tan evidente como que el gobierno mal haría en distraernos proveyendo de videos a Mil disculpas cuando lo que necesita es precisamente llamar la atención sobre sí mismo y su escalada de 4 puntitos desde el pozo de la desaprobación. Quedan entonces las hipótesis del complot fujimontesinista, del autochuponeo aprista, de los serruchos de Toledo. Bueno, si es así, queremos de una buena vez nombres, apellidos, descripción de los objetivos tácticos y estratégicos de la conspiración. Por supuesto que hay complots, tan mezquinos como sus autores, pero ninguno más grande que los actos legítimos del gobierno y la oposición. Chuponeos, ampayes, dimes y diretes están por debajo de la concertación, pero lamentablemente por encima de quienes se los creen a pie juntillas, haciéndonos volver a la primera línea de esta parrafada.
Escribe DANIEL ESTRADA PEREZ
Mi problema, como el de muchos otros, es la falta de tiempo. No estoy frente al televisor largo rato, excepto cuando juega la selección de fútbol o el Cienciano, a los que sigo con lealtad que muchas veces duele en el alma. De los canales peruanos, básicamente son dos los que prefiero, el 7 y el N. Veo con satisfacción la evolución del 7 y la calidad siempre actual del N. Cuando puedo, muy difícil, a partir de las 10 de la noche estoy entre "24 horas" y América TV. Podría decir que no tengo interés por otros programas, que vistos al paso muestran, muchos de ellos, el extremo degradante en el que nos hemos hundido en nombre de la libertad de prensa o de pensamiento. Avanzando, me detengo en el Discovery y salto al 36. Qué bueno encontrar a Josefina Townsend. Ojalá apareciera menos rubia. Me encantan, me cautivan las imágenes del Perú. Sí, me detengo al cierre de los canales que anuncian el fin de su programación. Me colocan al pie del Cristo Blanco para recordar el paisaje sublime que no cambiaré jamás: mi vieja ciudad y sus techos rojos, el Cusco, acompañándome en cada sueño. Música maestro, del 7 ó del 6.
Jales y fricciones Tras acudir el sábado pasado a la Teletón de Canal 2 en solidaridad con las víctimas de Mesa Redonda, el vicepresidente Raúl Diez Canseco y el secretario general de Perú Posible Luis Solari, fueron escoltados por Fernando Yovera, director de "Contrapunto" y ex jefe de prensa de Alejandro Toledo para ver un reportaje de Miguel Zegarra que denunciaba una mafia de carnets. La nota narraba la sinvergüencería clientelista de personajes subalternos que no compromete directamente a las cúpulas, a lo sumo da una idea del pésimo casting de colaboradores en los grupos de gobierno. Lo grave ha sido que Yovera, más leal a sus amigos de campaña que al frente periodístico de Ivcher, expusiera peligrosamente a dos ministros en un lugar donde no debieran ser ponchados nunca y a sus reporteros y a la conductora Claudia Cisneros a una atmósfera de presión gratuita. Afortunadamente el reportaje fue aireado y se capeó la crisis de un programa que no debiera tener estos sobresaltos pues no tiene los lastres éticos que aquejan a la competencia. En otro frente, el de Red Global, acaba de ser jalada Zenaida Solís. Una voz que se despide pronto de CPN pero que regresa a la pantalla con programa propio por definir, aunque a nadie escapa que si Genaro Delgado Parker llegara al 5 podría cambiar el "Panorama".
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