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Edición Nº 1705 |
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Por LORENA TUDELA LOVEDAY Civil
War Como ya me he vuelto zen hasta para tratar a las muchachas insurrectas, o sea, dejé que pasaran veinticuatro horas y ya calmadísima la agarré al día siguiente cuando me estaba lavando un sostén y le dije, súper cool: "Oye carajo, ¿qué bicho te picó ayer, ah?" Pucha, empezó a restregar mi sostén que te lo juro, o sea, le borró los lirios que sólo Victoria Secret saber estampar, y me contesta: "ya va a ver usted, muy pronto le daremos vuelta a la tortilla y me vendrá de rodillas a rogar porque le dé un cachuelo ahí en la posta donde voy a trabajar de jefa". Pucha, me sentí como se debe haber sentido la zarina Alejandra en el techo del Palacio de Invierno, o sea, minutos antes del fusilamiento, hasta me salieron una canas en la nuca que te lo juro, o sea, han demostrado ser tan psicosociales que no se van ni con Loreal. Pucha, respiré hondo, hice OOOOOOMMMM en francés (que es más efectivo), me senté en el banquito de la tabla de planchar y a la carga: "Pucha, Jessie, vamos a conversar pero eso sí, nadie invade el terreno de nadie y cada una en su lugar, ¿de acuerdo? O sea, ¿en qué pollada has estado el sábado? ¿no estarás embarazada? Yo conozco un doctor..." No sabes, la chica se puso como gata a la que el gato deja tirando cintura. Aventó el sostén (dentro de la trituradora de desperdicios, mi Victoria Secret de ciento veinte dólares) y con los brazos en jarra, pucha, me la soltó: "¿Qué, no me vio cuando usted salía de saludar a su amigo Loret de Mola en su juramentación? Por si no se dio cuenta, yo estaba con las compañeras en la Plaza Mayor gritando para que al gordo cara de papa del Dañino y a la yuca pelada esa del Chuchinki, o como se llame, los devuelvan con sus millones a su Miami y nos dejen hacer gobierno a los que luchamos para recuperar la democracia". Hija, ahí entendí todo o mejor dicho, no entendí nada. Para dejar el tema Jessie de lado, o sea, le dí su Prozac y a los diez minutos ya era otra vez la buena de siempre pero yo me quedé con la licuadora en high, cómo te explico. Porque mira, o sea, una cosa es que al chino jijuna le hayamos dado una chance alguna vez pero otra muy distinta es que nosotros, o sea, nosotros, estemos ahora del lado de un Toledo que les ofrece a ellos (o sea, a ellos) comedores, postas, losas deportivas y la cacha de la espada, como si fuéramos una beneficencia y sean ellos los que nos quieran sacar de donde nos toca. Ay no, es como las tortas que quería darles madame Pompadour a los revolucionarios franceses y los muy cholos devolvían el cumplido a punta de guillotinazos. Te juro que me confundí tanto pero tanto, que lo llamé al FOZ, que para esas cosas es regio. "Oye", le dije, "no me importa si estás con el fantasma de Milton Freedman en persona, tienes que ayudarme", y le lancé el dramón. Pucha, FOZ, que cuando se quiere hacer el cojudo se hace el sordo, empezó en el teléfono a mecerme, no lo conoceré, "este, China, ¿no? Oye China, fíjate, acabo de volver de mis clases sobre los escorzos de Leonardo da Vinci. No sabes lo bien que están las escuelas de arte en Washington..." Pucha, casi lo mando donde se merecía al muy pendex, pero como mi tragedia podía más, pucha, llamé a Max Hernández y lo mismo, se me salió por la tangente: "Garcilaso expresaba su mestizaje traumático con comportamientos equivalentes a los que me cuentas". Pucha, el ruido de la tirada del fono se debe haber escuchado hasta en Viena, no sabes. Al final sólo me quedó la tarúpida de la Maripí, que después de haberme escuchado por más de hora y media, hizo un globo con el chicle, lo reventó y me dijo a secas: "Bota a la chola". Chau, chau. (Rafo León).
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