Edición Nº 1705


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    MAL MENOR
    24 de enero de 2002

    Por JAIME BEDOYA
    Chin Chin

    CON apenas dos sílabas cantarinas, el sonoro epíteto onomatopéyico italiano cin cin reproduce fielmente la tenue reverberación del gentil encuentro del vidrio contra vidrio, señal universal del prolegómeno a un feliz departir líquido. Este promisorio anticipo fue llevado al registro musical a principios de los años sesentas por la dupla de compositores Blackwell y Pallavicini. Deslizándose con holgura sobre la ola melódica de la balada italiana que se levantaba vigorosa desde la rompiente del Festival de San Remo, dicho binomio le dio vida a una tonada ya clásica que prolifera a manera de un himno menor del vitalismo1. La canción en mención fue grabada por el ítalo-francés Richard Anthony en brillante interpretación que le valió llegar al puesto número 2 del ranking italiano en el año 1964. Nos referimos a la canción Cin Cin... Salute a Te, conocida en la región andina como simplemente Chin Chin e indesligable a la personificación integral de la misma que a lo largo de más de tres décadas en este país ha hecho de ella Santiago Rogelio Farfán Holguín. Con este nombre sólo se le reconocerá en su ojalá muy lejano certificado de defunción. Santiago Rogelio Farfán Holguín es Jimmy Santi. Y Jimmy Santi, flaubertianamente hablando2, es el Chin Chin.

    ¿Cúal es tu gracia?, cuestionamiento existencial que habría de ser aplicado perentoriamente a los protagonistas de la vida pública, fue la interrogante que desencadenó esta melodiosa saga. Farfán Holguín, entonces lo de Santi era ilegible marca en su destino, la escuchó de boca del conductor del programa concurso de la tv Quien Estudia Triunfa. Farfán, con 16 años cumplidos según declara y hay que creerle hasta confirmación poligráfica 3, ya había remontado con éxito las preguntas propias del espacio y debía demostrar ahora un renacentismo barrial a través de alguna cualidad anexa. Recurriendo al italiano bien aprovechado de la enseñanza salesiana cantó el infalible Volare de Doménico Modugno. A los pocos minutos el teléfono del canal recibía una llamada telefónica del maestro Enrique Lynch, hombre fuerte de Sono Radio y argentino para mayor abundamiento.

    Lynch tenía un equipo radial de onda corta y con él escuchaba en vivo el Festival de San Remo. Eran tiempos mejores cuando todo era de todos, y en una versión inocente del apropiamiento ilícito de propiedad intelectual, Lynch había copiado y traducido ad libitum los temas. Uno de ellos era el ya trajinado hit de Blackwell/Pallavicini, que con un olfato pocas veces repetido en el espectáculo local le entregó a Farfán diciéndole esta canción es tu canción. De paso le comunicó que su nuevo nombre sería Jimmy Santi.

    Santi, ya podemos llamarle así con propiedad, nativo del signo Tauro y abuelo de cuatro nietos, tiene como lema ríete de ti mismo antes que se rían de ti. Este leit motiv hace redundante la necesidad de referirse a las mofas recurrentes de las que es víctima su vestimenta rimbombante y su sacrificado sometimiento a las exigencias que la cirugía estética impone a quienes han prometido juventud eterna a sus seguidores, sumatoria que produce una provocadora polisemia de género. La intolerancia, reacción primitiva, lamentablemente ha llegado a la agresión física poniendo a prueba su cinturón negro en artes marciales 4. Valor tampoco le faltó cuando en 1997 se enfrentó frontalmente a la dictadura fujimontesinista desde la plataforma del Partido Chin Chin, agrupación de raigambre académica que naciera de las raíces mismas del holding constituido por el Instituto Tecnológico Jimmy Santi y la Fundación Jimmy Santi5 . Las encuestas lo perfilaban como el favorito a ocupar la alcaldía de Jesús María, detrás suyo venía el oficialista Vamos Vecino, por lo que se inició lo que Santi se permite llamar, ahora que hay verdadera libertad de prensa, la demolición del Partido Chin Chin.

    Pero no son por estos nada despreciables logros y méritos ciudadanos por los que Santi destaca. La noticia, si es que la licencia del oficio del que Bausate y Mesa fuera pionero permite considerarla así en medio de la acumulación de tragedias y descalabros que marcan la agenda diaria, es que se celebran 35 años del Chin Chin. Preguntarse ¿y a mi qué me importa? es una opción válida y hasta sensata en estas circunstancias, pero la labor incomprendida del periodismo es la de informar ante todo. A fin de no generar falsas expectativas debe precisarse que la efeméride no es la del Cin Cin italiano, como ya debe haber quedado claro tras simple aritmética mental. Se trata del aniversario del Chin Chin Peruano, gentilicio que como es de conocimiento público suele aplicársele a todo aquel personaje, evento o creación ajena que al tener contacto con lo nacional sufre su inmediata recreación en una naturaleza propia y distinta al original, singularizada por una cualidad de remedo incipiente y originalidad carenciada que a su vez lleva en sí el carácter único de lo entrañable6.

    Es cierto que queda pendiente la enajenación de derechos de autor durante más de tres décadas. Pero la ley humana poco significa ante los irremplazables paréntesis de felicidad que la reverberación del Chin Chin desde la garganta santiana ha brindado a una audiencia nacida para toda índole de desasosiegos. He ahí la virtud de la música, taladrar el cielo hasta trasladarnos a aquél lugar donde debiéramos vivir. Tal como dijo Emil Cioran en sentencia idónea para el Chin Chin, la música debe hacer perder la razón, si no no es nada. O, para decirlo en dos palabras, la virtud de esta canción es que marca la diferencia fundamental entre un par de traguitos bien puestos y una borrachera de mierda. Dicho con música, es poesía.

    _____________
    1 La Novena Sinfonía de Beethoven califica como número uno en este rubro, a pesar de las pasmosas interpretaciones del rockero adulto mayor Miguel Ríos, y de ese sujeto que firma sus discos como Zamfir y que respira a través de una odiosa flauta de Pan que habría de colocarse en algún otro orificio más intimo.

    2 Cuestionado sobre quién había inspirado su personaje ficticio, le preguntaron a Flaubert ¿quién era Madame Bovary? El respondió: Madame Bovary c'est moi.

    3 Santi ha sido llamado "El Dorian Gray de la Balada"

    4 Ver nota "Chin Chon" de G. Agurto (CARETAS # 1595)

    5 Los tres tenían como base de operaciones la av. Arequipa 852. 6 ie: "La Suiza Peruana", "El Raphael Peruano", "La Hora Peruana", " El Rasputín Peruano", etc.

     


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