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Edición Nº 1706 |
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Un Chileno en Palacio
Escribe PEDRO TENORIO ESTA semana la polémica envolvió a uno de los personajes más enigmáticos del régimen. Bastó que el martes 22 Esteban Silva, asesor presidencial y ciudadano chileno, fuera incluido en la comitiva oficial que acompañaría al Presidente Toledo en su primera visita de Estado a Bolivia, para que eso lo colocara en el centro del disparadero. Aunque horas más tarde se supo que finalmente no viajaría, un sector de la opinión pública -y política- reaccionó escandalizada ante la eventualidad de que Silva, por parte del Perú, participara en reuniones que concernían estrictamente a los intereses peruano-bolivianos. La reacción era comprensible dado el significado económico y estratégico de los temas que serían abordados en la cita bilateral. Estos se centraron, principalmente, en el desarrollo gasífero de la región (ver nota previa). Y dado que Chile tiene un obvio interés en el asunto, a más de uno alarmó la posibilidad de que un ciudadano de ese país integrara la delegación peruana, aun cuando éste fuera un funcionario de la absoluta confianza del jefe de Estado. Además, a esto se suma la presencia itinerante de dos asesores chilenos más -José Joaquín Brunner y Pablo Halpern (CARETAS 1704)-, contratados por el Gobierno para diseñar estrategias de comunicación con el fin de levantar la alicaída imagen presidencial. Aquí no hay ánimo chauvinista ni debilidad xenófoba, pero nos resulta muy difícil imaginar que un peruano pueda llegar a brindar asesorías en el Palacio de la Moneda -sede del gobierno mapocho-, y de ahí la sorpresa. Más allá del incidente de la semana pasada, lo cierto es que hasta hoy la prensa peruana no ha trazado un retrato cabal de quien, se afirma en el Ejecutivo, es una de las voces más influyentes sobre Alejandro Toledo. Incluso la prensa chilena se ha referido a él como médico, cuando en realidad es un sociólogo que llegó al Perú en 1997. Silva, quien es Consejero presidencial para asuntos de cooperación
internacional y políticas de lucha contra la pobreza, ocupa, de
entre todos los asesores de Toledo, la oficina más próxima
al despacho del jefe de Estado. Esa cercanía lo convierte en objeto
de recelo para quienes ven en Chile a un vecino con quien nos unen lazos
de hermandad, pero también intereses nacionales contrapuestos,
como la salida del gas boliviano por el Pacífico.
EL CONSEJERO CARETAS está en la posibilidad de echar luces sobre Esteban Silva, un colaborador de Toledo que empezó a trabajar estrechamente con él a mediados de la campaña electoral del 2000. Próximo a cumplir 39 años en febrero, Silva nació en Santiago y estudió sociología en la Universidad Católica de Chile, de la que egresó a mediados de los años '80. De esa época data su vinculación a la Izquierda Cristiana de su país, movimiento del que llegaría a ser dirigente nacional y que fue opositor a la dictadura pinochetista. En 1990 su agrupación se integraría al Partido Socialista chileno y, así, a la Concertación que gobierna desde ese año. Habría que precisar que, tras participar en la campaña del No contra Pinochet, Silva viajó a Francia para seguir un posgrado entre 1989 y 1992 en el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Católica de Lyon. A su regreso en 1993, hizo trabajos de consultoría para varios ministerios chilenos. Ya en esa época se especializa en temas de cooperación internacional y es en el Ministerio de Salud donde se familiariza con el diseño de políticas nacionales de atención sanitaria y otros programas afines. Su amistad con el médico Juan Luis Gonzales, un conspicuo militante de la Democracia Cristiana chilena, ex presidente de la Asamblea de la Civilidad durante la dictadura y candidato a la Secretaría Ejecutiva del Convenio Hipólito Unanue (un programa de cooperación auspiciado por los países andinos y Chile) fue determinante para que viniera al Perú. LOS PRIMEROS CONTACTOS Cuando Gonzales obtiene la Secretaría Ejecutiva del convenio con sede en Lima, trae consigo a Silva para que asuma la Secretaría ejecutiva adjunta. Es así como en 1997, llega al Perú. Desde entonces Silva, animal político al fin, se vinculó al Foro Democrático para participar de la resistencia cívica al régimen de Fujimori. Quienes lo conocen afirman que él y Gonzales creyeron que era posible importar el concepto de la concertación chilena para hacer frente al fujimorato. De esa época datan sus primeros contactos, bastante esporádicos, con Alejandro Toledo. Pero es en los meses previos a la campaña del 2000 donde Silva y Toledo congenian. Una fuente en PP recuerda que es a través del ex decano del Colegio Médico y militante del partido, Francisco Sánchez Moreno, que entablan una relación más fluida. La lectura política del chileno es lo que hace que el líder decida tenerlo cerca. Así, luego de la primera vuelta electoral de ese año, se integra a la estructura íntima del candidato. Cuando Toledo vuelve de Miami -luego de Semana Santa- y abandona la segunda vuelta, opta por la resistencia cívica. Es en ese clima previo a la Marcha de los Cuatro Suyos que Silva comienza a afiatar sus contactos con algunos partidos políticos de la Concertación chilena en busca de apoyo internacional para el hoy Presidente. Más adelante, juega un papel importante en la visita que Toledo realizó en noviembre del 2000 a Santiago, ocasión en la que fue recibido por el presidente Ricardo Lagos en La Moneda. Lo logrado por Silva para Perú Posible no era moco de pavo. Guido Girardi, senador y presidente del PPD (Partido por la Democracia), Sergio Bitar (PPD) y otras figuras del socialismo chileno acordaron apoyar a Toledo. En esa visita Silva le presenta a su amigo Juan Forch (también militante socialista), quien luego sería contratado como director de la estrategia comunicacional del candidato para las elecciones del 2001. Ya entonces, Silva sería parte de lo que en el entorno de Toledo se llamó el "Gabinete de crisis". Es decir, el grupo que se reunía a diario con el líder para analizar la campaña, decidir los pasos a seguir y responder a los ataques. En ese grupo estuvieron Gustavo Gorriti, Fernando Rospigliosi, Carlos Bruce, Rómulo Pizarro, Alvaro Vargas Llosa -quien luego renunció-, Juan Forch y el analista cubano-norteamericano Mario Elgarresta. Mientras esto sucedía, Silva continuó desempeñándose como funcionario internacional.
DIRECTO A PALACIO Luego del triunfo el chileno pasó a ocupar una oficina en el edificio de Petroperú. Toledo le pidió que continuara a su lado y pronto encontró el membrete adecuado: Consejero para temas de cooperación internacional y políticas de lucha contra la pobreza. Dada su experiencia profesional, Silva estaba calificado para el cargo. En julio pasado, cuando Toledo aún era Presidente electo, lo acompañó en su gira por Francia, la Unión Europea y Alemania, de la que surgió la Mesa de Donantes. Igualmente, tuvo que ver en el diseño inicial del programa de empleo productivo "A trabajar" junto al titular de Foncodes, Pedro Franke. Y en tiempos recientes le tocó apuntalar al consejero Juan de la Puente durante la segunda etapa del proceso concertador que culminó hace unos días. Pero sus aportes son hoy por hoy más políticos. Fuentes en el Gobierno aseguran que el análisis de la coyuntura es una de las funciones que realiza. Silva es un cuadro político forjado en el socialismo chileno, culto y lo suficientemente simpático como para haber desarrollado una amistad con gran parte de los colaboradores del Presidente desde los días de la campaña electoral. Sin ir muy lejos, el martes 29 se lo vio almorzando animadamente, a pocos metros de Palacio, con el ministro del Interior Fernando Rospigliosi. Si su nacionalidad es un aspecto que genera suspicacias, debido a su probable acceso a información privilegiada sobre el manejo del Estado, su extracción socialista también molesta a un sector del Ejecutivo más inclinado a los postulados del libre mercado. Algunos testigos afirman que Silva le pide a Toledo "mantener el centro" y no dejarse llevar a la derecha en el manejo de la economía y la legislación laboral. Es decir, hasta ejerce un contrapeso para nada nocivo. Los militares, sin embargo, no dicen nada respecto a su presencia en Palacio. Sus relaciones con el consejero en temas de seguridad, general (r) Luis Arias Grazziani son óptimas, aunque se dice que los edecanes no se muestran tan atentos con él como lo son con otros colaboradores del mandatario. Sobre Juan Forch, el ex asesor de campaña hoy a la cabeza del lobby de Lucchetti ante el gobierno peruano, se dice que Silva ha tomado sus distancias. A más de uno ha manifestado que se siente dolido por la opción que Forch ha tomado. De su esposa, también chilena, se ha escrito que asesora a Eliane Karp. Hasta donde se sabe, la mujer de Silva es abogada y funcionaria del Convenio Andrés Bello, otro programa de cooperación andino. Y que está a punto de dar a luz en el Perú. A diferencia de la dupla Brunner-Halper contratada para mejorar la imagen presidencial (y que tendrá un presupuesto aprobado por la Presidencia del Consejo de Ministros que opera Roberto Dañino), el trabajo de Silva le reditúa 17,500 soles mensuales que percibe a través del PNUD en calidad de funcionario del convenio Hipólito Unanue destacado en Palacio. No ha sido nombrado por Resolución Suprema como otros de sus colegas, pero eso no lo hace menos. Ahora, la exposición pública de su nombre -a partir del impasse que significó su frustrado viaje a Bolivia- lo ha colocado en el ojo de la tormenta. Para algunos, Silva tendría los días contados como colaborador estrecho del Primer Mandatario. Esta semana, él mismo habría manifestado a sus íntimos la conveniencia de dejar el cargo para no alimentar más protestas. Otros, en cambio, confían en que las aguas pronto volverán a su nivel, pues se le necesita para encarar la próxima campaña electoral municipal. El tiempo dirá quién tiene la razón.
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