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Edición Nº 1706 |
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Drogas a la Carta LITERALMENTE, la droga se ha intelectualizado. Lejos de volver brutos a los narcotraficantes, los hace más creativos. No necesita adherirse al cuerpo ni ser introducida en las partes nobles de burriers nerviosos. En su infatigable intento por sacar el codiciado polvo blanco, han encontrado en el correo su más anónimo recurso. Envían el paquete con un nombre y distrito falsos y, con un poco de suerte, llega a manos de quienes la esperan en el extranjero. La Intendencia de la Aduana de Serpost decomisó desde el mes de julio del año pasado 13 encomiendas con clorhidrato de cocaína en las más diversas modalidades. Estas, "para mala suerte -comenta un agente de la aduana- nunca se repiten". Viene en piezas de madera, en tapices incaicos, cirios, libros y marcos. La variante más compleja hasta la fecha ha sido la detectada el 18 de diciembre del año pasado. En el apanelado de las hojas de una caja de cartón se acopiaron 6.360 Kg. de cocaína con un valor de 318,000 dólares. El total de las incautaciones hasta la fecha asciende a dos millones de dólares. Los destinos: Estados Unidos, Canadá, Europa y China. Sólo cocaína, nada de PBC. DROGA DE PERFIL Desde el mes de julio del 2001, no han dejado de detectar estos envíos. El primero, reveló uno de los agentes, fue una encomienda a Nueva York. Cuatro cirios (velas) declarados como regalo. El agente no creyó que a la cosmopolita ciudad de los rascacielos le faltaran velas. Se comunicó con el personal de Serpost y les solicitó revisar la encomienda. Citando el derecho a la privacidad pero sobre todo demostrando flojera, se negaron. El agente fue claro: "si encuentro droga, ustedes son cómplices". El ojo no le falló. Se trataba de 1.320 Kg. de cocaína almacenados al interior de los cirios. Desde ese día, la Intendencia ha desarrollado una estrategia
mediante la aplicación de perfiles. Basta un detalle anormal para
llamar al remitente. "Un perfil es un elemento fuera de lo común",
explica un oficial que también ha participado en la captura de
burriers en el aeropuerto Jorge Chávez. "Si tú ves un sujeto
elegantemente vestido pero despeinado, es sospechoso. En el aeropuerto,
si ves a una persona de contextura delgada pero con una panza extraña,
es porque su sobrepeso es dudoso. A ese, le cae el guante. Lo mismo pasa
con los envíos. Antes de abrirlos, llamamos al remitente. Si este
no se apersona cuando se le indica, se abre el paquete". Una vez abierto,
se aplica teocinato de cobalto para determinar de qué droga ilegal
se trata.
AGREGUE AGUA La Dinandro tiene pistas. Aunque la mayoría de los remitentes registran nombres falsos, nunca falta un cándido. Ya se ha detenido a personas relacionadas con esta variedad de tráfico ilegal. "Son pocos pero son", dice un agente de la Dinandro por aquellos que, debido a falta de cálculo, usan su verdadera identidad. Aunque no quisieron revelar nombres ni cantidades, se está trabajando para llegar al final de la madeja. Generalmente son encomiendas depositadas en los distritos de Comas y la Victoria. Se especula que la droga viene de laboratorios en las afueras de Lima. Los envíos son tan recientes que es difícil hacer un cálculo de cuánta droga sale y cuánta se decomisa. "Son más de 4,000 los paquetes que salen de aquí al mes, imagínese si revisáramos todos", -advierte preocupado el agente. El 17 de enero se halló cocaína enviada a Canadá. Se trataba de 1.230 Kg con un valor de 117,000 dólares oculta en sobres de comida instantánea. Cuando llegamos al día siguiente para recabar más información, fuimos testigos in situ de una incautación. Leyeron el destino: Israel. Revisaron el peso, sospechosos ocho kilos para ser juguetes. Una mirada y las navajas atravesaron el paquete. Dos gruesas velas que podrían contener en su interior dos kilos de cocaína cada una. PIEL DE GALLINA El recorrido de toda encomienda que sale del Perú con dirección al extranjero es vía la agencia principal de Serpost, en Lima. Cualquier paquete que se deposite en las casi 1,250 sucursales del país -la mitad de ellas en Lima- pasa por ahí. A las agencias, los paquetes llegan abiertos para que el personal de Serpost corrobore que el contenido es el mismo que registra el cliente. El oficial de Aduana nos dice que "si los empleados de Serpost estuvieran más capacitados, tendríamos mejores resultados en detectar paquetes con mercadería ilegal, tanto droga como animales en extinción o piezas arqueológicas". Aunque se ha dictado un curso a los empleados de Serpost en el tema de mercadería ilegal "ellos sólo ven cartón" - finaliza el oficial. CARETAS trató de conversar con el gerente de Serpost, Luis Barraza, y con los departamentos encargados de encomiendas internacionales, pero fueron más que evasivos. Al enterarse de la presencia de un periodista rondando sus oficinas, levantaron un teléfono y al mejor estilo de una película gringa llamaron: "seguridad". Logramos escaparnos y conversamos con el jefe de una sección, que pidió no revelar su nombre. "El problema -explica- es que los narcotraficantes han encontrado en Serpost un camino y eso nos perjudica como institución. Cuando se habla de drogas se nos escarapela el cuerpo. Nos basamos en el principio de buena fe, no es nuestra culpa que pasen droga. Sólo brindamos un servicio". El asuntó está calientito. La Dinandro tendrá que hacer fogata para que no se enfríe. (Luis Felipe Gamarra)
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