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Edición Nº 1706 |
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Bienvenida la INFLACION
LA inflación el presente año será de 2.5 % -punto más, punto menos- según las proyecciones del Banco Central de Reserva, anunció el martes último el presidente del BCR, Richard Webb. Ello implica un crecimiento en el Indice de Precios al Consumidor (IPC) que el año pasado fue casi nulo. ¿Significa ello el inicio de una nueva escalada inflacionaria? Pues, no. El martes los ejecutivos del BCR expusieron ante el Congreso la implementación de un nuevo esquema de manejo monetario basado en metas explícitas de inflación o inflation targeting . El esquema fue aprobado por unanimidad en el directorio del BCR el jueves 24, e implica un cambio técnico sustancial en la manera de analizar el mercado monetario por parte del Ente Emisor. En base a la nueva mecánica la inflación anual no sólo se proyecta, sino que se la desea. "La meta de 2.5 % de inflación es cercana a la inflación internacional", sostiene Webb. "Básicamente se trata de seguir a la par con la depreciación del dólar". En efecto, la inflación anual de EE.UU. el año pasado fue de 2.9 %, la de la Unión Europea (U.E.) de 2.5 %, mientras que en el Perú los precios se mantuvieron estáticos como un cubo de hielo. La profunda recesión económica peruana a la que se ingresó en 1998 contribuyó a bajar la inflación. Así, en los últimos tres años, la inflación no sólo fue baja, sino que menor a la proyectada. Y el año pasado -estimada entre 1 % y 3 %- tocó cero. Al igual que en una fiebre, los síntomas de deflación son igualmente nocivos como los de una inflación descontrolada. RIESGO CALCULADO El novedoso esquema de meta de inflación adoptado por el BCR esta semana establece un techo máximo de inflación, también un piso mínimo. El incumplimiento del programa se evalúa si los precios se disparan por encima de los límites, tanto como por debajo de los mismos. Se trata, en efecto, de una estrategia para luchar contra la inflación, así como contra la deflación. "El éxito es dar con la meta de 2.5 % de inflación", sostiene Webb. "No es cero". De acuerdo a las metas establecidas, el BCR inyectará el presente año S/. 1,500 millones de soles más de liquidez en el sistema bancario. Se estima que ello contribuirá a reactivar la economía. Se trata, sin duda, de un riesgo calculado. "El 2.5 % de inflación nos parece una meta de estabilidad", afirma Webb. Cierto es que la proyección inflacionaria de EE.UU. para el 2002 es de 1.5 %, y la de la U.E. de 1.4 %, un punto menos que la peruana. Pero el mundo industrializado está amarrando los machos en respuesta a la recesión mundial profundizada a partir de los atentados terroristas del 11 de septiembre. "Nosotros queremos salir de ella", dice Webb. Un punto más, un punto menos, en el marco de una economía estabilizada, no es para rasgarse las vestiduras. Por el contrario, la expansión de la masa monetaria es necesaria a medida que crece igualmente la actividad económica. Y ésa es una de las responsabilidades centrales del BCR. Al aceptar un 2.5 % de la inflación, tanto los directores del BCR heterodoxos como los ortodoxos habrían encontrado un punto de coincidencia. ANCLANDO LAS EXPECTATIVAS El esquema de metas de inflación son hoy el último grito de la moda en los bancos centrales del mundo. Nueva Zelandia fue el primer país en adoptarlo, en marzo de 1990. Pronto Chile tomó la posta en enero de 1991, y Canadá, en febrero del mismo año. El ataque especulativo sobre la libra inglesa en 1992 empujó al Banco de Inglaterra a adoptar el esquema. El fijar una meta de inflación, en lugar de la tradicional meta de emisión monetaria, permitió al Ente Emisor británico anclar las expectativas inflacionarias de los agentes financieros en un escenario incierto y donde las proyecciones de depreciación eran todas válidas. Funcionó. En 1999, el Ente Emisor de Brasil respondió igualmente ante el colapso de su moneda, el real . También México y Colombia incorporaron el sistema ese año. No es casual que Argentina esté siendo asesorada en las últimas semanas para que también fije un ancla inflacionaria. La fijación de una meta o ancla inflacionaria en el caso peruano es particularmente relevante ante las limitaciones del Ente Emisor de controlar la masa monetaria en una economía fundamentalmente dolarizada. Tradicionalmente los bancos centrales administran la disponibilidad de efectivo en el sistema bancario, afectando las condiciones de liquidez en el mercado interbancario y que a su vez se transmite al resto de la economía. Pero cuando más del 50% de la masa monetaria está en dólares, el impacto de las medidas correctivas del BCR es limitado. La meta inflacionaria fuerza al BCR a tomar decisiones no sólo en base a emisión, sino tomando en cuenta la demanda interna, el gasto público y privado, el tipo de cambio, precios internacionales, las tasas de interés. Implica, sin duda, una cirugía bastante más fina que la tradicional. Es, según definiera Renzo Rossini, gerente de Estudios Económicos del BCR, "el régimen monetario de la flotación".
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